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II Paralipómenos ó II Crónicas

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II Paralipómenos ó II Crónicas




SUMARIO


PRIMERA PARTE


HISTORIA DEL REINADO DE SALOMÓN
(1 - 9)

Salomón pide y obtiene la sabiduría

1 1Salomón, hijo de David, se afirmó en su reino; Yavé, su Dios, estaba con él y le engrandeció sobre manera.
2Salomón convocó a todo Israel, a los jefes de millares y de centenas, a los jueces, a los príncipes de todo Israel, a los jefes de las casas paternas; 3y fué Salomón con toda la asamblea al alto de Gabaón, donde estaba el tabernáculo del testimonio de Dios, que Moisés, siervo de Yavé, había hecho en el desierto. 4 El arca de Dios había sido ya trasladada por David, de Cariatiarim al lugar que él la había preparado, pues había alzado para ella una tienda en Jerusalén. 5Allí estaba también ante el tabernáculo de Yavé el altar de bronce, que había hecho Besalel, hijo de Uri, hijo de Jur. 6Salomón y la asamblea adoraron a Yavé y Salomón ofreció allí en el altar de bronce, que estaba ante el tabernáculo del testimonio, mil holocaustos a Yavé.
7Durante la noche aparecióse Dios a Salomón, y le dijo: «Pide lo que quieres que te dé»; 8y Salomón respondió a Dios: «Tú hiciste con David, mi padre, gran misericordia, y a mí me has hecho reinar en su lugar. 9Ahora, pues, ¡oh Yavé!, cumple tu palabra a David, mi padre, ya que me has hecho rey de un pueblo numeroso como el polvo de la tierra. 10Dame la sabiduría y el entendimiento, para que yo pueda conducir a este pueblo; porque ¿quién podrá gobernar a éste tu gran pueblo?»

11Dios dijo a Salomón: «Pues que esto es lo que más deseas, y no me has pedido riquezas, hacienda o gloria, ni la vida de tus enemigos, ni muchedumbre de días, sino que me has pedido la sabiduría y el entendimiento para gobernar a mi pueblo, cuyo rey te he hecho, 12la sabiduría y el entendimiento te doy; pero te daré también, además, riquezas, hacienda y gloria, tales como no las tuvieron nunca los reyes que te han precedido, ni las tendrán los que te sucedan».
13Tornóse Salomón a Jerusalén del alto de Gabaón, delante el tabernáculo del testimonio, y reinó sobre Israel.


Carros y caballos de Salomón

14Salomón juntó carros y caballería; tuvo mil cuatrocientos carros y doce mil jinetes, que distribuyó entre las ciudades donde tenía los carros, y Jerusalén, cerca del rey. 15Hizo la plata y el oro en Jerusalén tan común como las piedras, y los cedros tan numerosos como los sicómoros, que se dan con abundancia en los campos. 16De Egipto traía Salomón los caballos. Iban a buscarlos a Egipto, a Coa, mercaderes del rey, que los compraban allí a un precio determinado. 17Un tiro de cuatro caballos costaba seiscientos siclos de plata, y un caballo ciento cincuenta, y los compraba también para todos los reyes de los geteos y para los de Siria.


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  • 1 La idea de este versículo se halla en 1 Re 2,12.46b. Nuestro autor omite los conatos de Adonías, como había omitido la rebelión de Absalón, que podían rebajar la gloria de David y de Salomón.(Volver a Lectura).

  • 2 La ida de Salomón al santuario de Gabaón, donde David había establecido el culto (1 Par 16,39 s.), se halla en 1 Re 3,4-15: pero aquí el rey va acompañado de toda la asamblea de Israel. Este acto solemne de culto viene a ser la inauguración religiosa del reinado y la invocación de las bendiciones de Yavé sobre el rey y el pueblo.(Volver a Lectura).

  • 14 El cuadro que aquí se nos ofrece del poder de Salomón es un pequeño resumen de lo que se cuenta en 1 Re 10,23-29.(Volver a Lectura).




Concierto de Salomón con Hiram

2 1Resolvió, pues, Salomón edificar una casa al nombre de Yavé, y un palacio real para sí. 2Destinó setenta mil hombres para transportar las cargas, ochenta mil para los trabajos de las canteras en los montes, y tres mil seiscientos capataces para ellos.
3Mandó también a decir a Hiram, rey de Tiro: «Lo que hiciste con David, mi padre, mandándole madera de cedro para edificar el palacio en que habitara, 4hazlo también conmigo, para que pueda yo edificar un templo al nombre de Yavé, mi Dios, y consagrarlo, para quemar incienso y aromas delante de él, tener siempre ante él los panes de la proposición, y ofrecerle holocaustos mañana y tarde, así como también los sábados, los novilunios y las otras solemnidades de Yavé, nuestro Dios, por siempre, como él se lo ha mandado a Israel; 5pues el templo que quiero edificar ha de ser grande, ya que grande es nuestro Dios, mas que todos los dioses; 6¿y quién se creerá capaz de edificar una casa digna de él? Si el cielo, y los cielos de los cielos no bastan a contenerle, ¿quién soy yo para la empresa de edificarle una casa? Gracias que sólo es para quemar el incienso en su presencia. 7Envíame, pues, un hombre hábil, que sepa trabajar el oro, la plata, el bronce, el hierro, la púrpura, la escarlata y el jacinto, que sepa hacer toda suerte de cincelados, para que dirija a los maestros que tengo yo en Judá y en Jerusalén, los cuales previno ya mi padre. 8Envíame también maderas de cedro, de ciprés y de sándalo; pues yo sé que tus siervos entienden de cortar los árboles del Líbano;

y los míos trabajarán con los tuyos, 9para preparar gran cantidad de madera, pues la casa que yo deseo construir ha de ser grande y magnífica. 10Yo daré a los siervos tuyos, que se ocupen en cortar y derribar los árboles, veinte mil coros de trigo, y otros tantos de cebada, veinte mil bats de vino y veinte mil de aceite».
11Hiram rey de Tiro, respondió en un escrito que dirigió a Salomón: «Porque amó Yavé a su pueblo, te ha hecho rey de él». 12Y decía también: «Bendito Yavé, Dios de Israel, que ha hecho los cielos y la tierra, y ha dado al rey David un hijo sabio, entendido, cuerdo y prudente, que edifique casa a Yavé y casa real. 13Yo, pues, te envió un hombre hábil y entendido, a Hiram, 14hijo de una mujer de las hijas de Dan, pero cuyo padre era de Tiro, que sabe trabajar el oro, la plata, el bronce, el hierro, la piedra, la madera, la púrpura, el jacinto, el lino y la escarlata, y grabar toda suerte de figuras; y es ingenioso en inventar cuanto se necesita para toda clase de obras. El trabajará con tus obreros y con los de David, mi señor, tu padre. 15Manda tú, pues, mi señor, a tus siervos el trigo y la cebada, el aceite y el vino que has ofrecido. 16Nosotros cortaremos en el Líbano toda la madera que necesites, y la pondremos en balsas, para llevarla por mar hasta Jope, y tú la harás llevar de allí a Jerusalén».
17Salomón hizo el censo de todos los extranjeros que había en la tierra de Israel, después del hecho por David, su padre, y fueron hallados ciento cincuenta y tres mil seiscientos. 18Destinó de ellos setenta mil para los transportes, y ochenta mil para las canteras en los montes, y tres mil seiscientos capataces para vigilar a los obreros.


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  • 1 Dispuesto a cumplir la voluntad de su padre, Salomón acude también a Hiram, rey de Tiro. El contenido de este capítulo concuerda con 1 Re 5. Sólo notamos la confesión religiosa de Salomón (4-6), a la que por cortesía responde el adorador de Melcart (v.12). A la relación de obreros de 2,2, que concuerdan con la de 1 Re 5,15, se añaden ahora los cananeos, obligados a la prestación personal y cuya cifra se eleva a 153.000.(Volver a Lectura).




Construcción del templo

3 1Comenzó, pues, Salomón a edificar la casa en Jerusalén, en el monte Moria, que había sido mostrado a su padre; en el lugar que David había dispuesto en la era de Ornán, jebuseo. 2Comenzó la edificación a dos días del mes segundo del año cuarto de su reinado. 3He aquí el plano seguido por Salomón para la construcción de la casa de Yavé: el largo era de sesenta codos según la medida antigua, el ancho de veinte codos. 4El vestíbulo, que iba delante, tenía un largo correspondiente al ancho de la casa, de veinte codos, y su anchura era de diez codos; lo recubrió interiormente de oro puro. 5Revistió la parte mayor de la casa de madera de ciprés, y la recubrió de láminas de oro puro, haciendo grabar en ellas palmas y cadenetas que se enlazaban unas con otras. 6Hizo el pavimento del templo de mármoles preciosos y de gran belleza. Las láminas de oro de que recubrió los artesonados, las vigas, las pilastras, los muros y las puertas, eran de lo más fino. 7Hizo también cincelar querubines sobre los muros. 8Hizo también la parte menor, el santísimo, cuyo largo, que correspondía a la anchura de la casa, era de veinte codos, y su ancho igualmente de veinte codos; y lo recubrió todo de láminas de oro, que venían a pesar seiscientos talentos.

9Hizo también de oro los clavos, cada uno de los cuales pesaba cincuenta siclos de oro. También los techos estaban revestidos de oro. 10Hizo también para la casa del santísimo dos querubines, en figura de jóvenes, cubiertos de oro. 11El largo de las alas de los querubines era de veinte codos, pues era cada una de cinco codos, y la una tocaba al muro de la casa y la otra llegaba hasta el ala del otro querubín; 12y de igual modo las del otro querubín, de cinco codos de largo, tocaba la una al muro y la otra a la del otro querubín. 13Las alas de ambos querubines estaban desplegadas, y tenían en todo veinte codos de largo. Estaban en pie y con los rostros vueltos a la parte exterior del templo. 14Hizo también el velo, de jacinto, de púrpura, de escarlata y de lino, en el cual hizo dibujar querubines. 15Hizo además, ante la puerta del templo, dos columnas de treinta y cinco codos de altura, con sus capiteles, cada uno de los cuales tenía cinco codos de alto. 16Hizo también en ellos cadenetas, como las del santuario, y las puso en los capiteles, y con ellas se enlazaron cien granadas. 17Alzó las columnas en el vestíbulo del templo, la una a la derecha y la otra a la izquierda. A la que estaba a la derecha la llamó Jaquín, y a la de la izquierda Boaz.


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  • 1 Este capitulo, que describe compendiosamente el templo y la riqueza de su construcción, corresponde a 1 Re 6, y empieza consignando el señalamiento del sitio. En la narración se echa bien de ver la insistencia en ponderar la riqueza de los materiales, sobre todo la abundancia del oro. La altura del ulam, de que antes no se hablaba, es de 120 codos.(Volver a Lectura).




El altar de bronce, el mar de bronce y otros utensilios

4 1Hizo además el altar de bronce, de veinte codos de largo y veinte de ancho y diez de alto. 2También hizo un mar de fundición, que tenía diez codos del una al otro borde, enteramente redondo; su altura era de cinco codos, y un cordón de treinta codos lo ceñía en derredor. 3Había debajo de él figuras de toros, y estaba todo en derredor adornado de dos filas de figuras de toros, diez por cada codo, todo en torno, y todo de la misma fundición. 4El mar descansaba sobre doce toros, de los cuales tres miraban al norte, tres al occidente, tres al mediodía y tres al oriente, todos soportando el mar, y la parte posterior de los toros estaba oculta debajo del mar. 5El grueso de este vaso era de un palmo y su borde era como el de una copa o como el de un libro abierto; hacía tres mil bats. 6Hizo igualmente diez fuentes y puso cinco de ellas a la derecha y cinco a la izquierda, para lavar allí lo que había de ser ofrecido en holocausto. Los sacerdotes se lavaban en el mar.
7Hizo diez candeleros de oro, de la forma que se le había ordenado, y los puso en el templo, cinco a un lado y cinco al otro. 8Igualmente diez mesas, y las puso en el templo, cinco a la derecha y cinco a la izquierda, y cien tazas de oro. 9Hizo a más el atrio de los sacerdotes y el gran atrio, y las puertas del mismo, que cubrió de bronce.

10Asentó el mar al lado derecho del templo, al sudeste. 11Hizo también Hiram las calderas, las palas y las tazas, y acabó toda la obra que el rey había emprendido hacer en el templo de Dios, es decir: 12las dos columnas, los entrelazados, los dos capiteles que las coronaban y entrelazados con las granadas que los cubrían. 13Hizo cuatrocientas granadas y dos retículas, de modo que había dos filas de granadas unidas a cada una de estas retículas, que cubrían los capiteles de las columnas. 14Hizo también basas, sobre las que asentó las fuentes, 15y el mar; los doce toros sobre los que se asentaban, 16las calderas, las palas, los tenedores; todos los enseres se los hizo Hiram al rey Salomón para la casa de Yavé, del bronce mejor. 17Hízolos fundir el rey en los llanos del Jordán, en tierra arcillosa, entre Sucot y Seredat. 18La muchedumbre de estos utensilios era grande, y no pudo saberse su peso de bronce.
19Hizo, pues, Salomón de oro todos los utensilios del templo de Yavé, con el altar y las mesas de los panes de la proposición. 20Hizo también de un oro purísimo los candeleros con sus lámparas, para que ardieran delante del oráculo según costumbre; 21las flores, las lamparillas y las despabiladeras, todo de oro purísimo. 22Igualmente las jofainas, las cucharillas y los incensarios, de oro puro. Las puertas del templo interior, del santísimo, estaban cinceladas, y como las del templo exterior, eran de oro. Así terminó Salomón todo lo que había determinado hacer para la casa de Yavé.


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  • 1 Después de la construcción del edificio se cuenta la fabricación del mueblaje y de los utensilios del templo, resumiendo 1 Re 7,13-51 correspondientes a los diez candeleros (v.8).(Volver a Lectura).




Traslado del arca al santuario

5 1Salomón hizo traer al templo todo cuanto su padre había consagrado, y puso el oro, la plata y todos los vasos en el tesoro de la casa de Dios. 2Después convocó a Jerusalén a todos los ancianos de Israel, a todos los príncipes de las tribus y a los jefes de familias de los hijos de Israel, para trasladar el arca de la alianza de Yavé, de la ciudad de David, que es Sión. 3Así se reunió todo Israel en torno del rey el día de la solemnidad del séptimo mes; 4y cuando hubieron venido todos los ancianos de Israel, tomaron los levitas el arca 5y la llevaron al templo, con el tabernáculo de la reunión y todos los utensilios del tabernáculo. Los sacerdotes y los levitas llevaron todos los vasos del santuario que había en el tabernáculo. 6El rey Salomón y todo el pueblo, cuantos se habían reunido, iban delante del arca, e Inmolaron carneros y bueyes sin número, tanta fué la muchedumbre de las víctimas. 7Los sacerdotes pusieron el arca de la alianza de Yavé en el lugar para ella destinado, es decir, en el oráculo del templo, en el santísimo, bajo las alas de los querubines; 8de modo que los querubines cubrían con sus alas el lugar en que había sido puesta, así como las barras;

9y como las barras con que había sido trasladada eran un poco largas, salían las cabezas de ellas un poco fuera del santuario, pero no se veían en cuanto uno se alejaba un poco de él. Allí ha estado siempre el arca, hasta hoy.
10No había en el arca más que las dos tablas que en ella fueron puestas por Moisés, en Horeb, cuando Yavé dió su ley a los hijos de Israel, a su salida de Egipto. 11Cuando los sacerdotes salieron del santuario, pues todos los sacerdotes que allí se encontraban fueron santificados, por no haberse hecho todavía entonces entre ellos la distribución de los servicios, 12los levitas cantores, los de Asaf, de Hernán y Jedetún, con sus hijos y hermanos, vestidos de lino fino, 13hacían resonar los címbalos, los salterios y las cítaras, puestos al oriente del altar, con ciento veinte sacerdotes que tocaban las trompetas. Todos al mismo tiempo cantaban a una, entre el sonar de las trompetas, los címbalos y los otros instrumentos músicos, y alababan y confesaban a Yavé: «¡Alabad a Yavé! Porque es bueno, porque su misericordia es eterna».
La casa de Yavé se llenó de una nube; 14y no pudieron ya estar allí los sacerdotes, para ministrar, por causa de la nube, porque la gloria de Yavé llenaba la casa de Dios.


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  • 1 Ante todo, Salomón hace depositar en el templo el tesoro de Yavé y los vasos del culto. Luego, reunida toda la nación con el rey, trasladan el arca con gran solemnidad, y la colocan en lo más interior del templo, en el santísimo. Dios manifestó su complacencia llenando con la nube de su gloria la casa y tomando con esto posesión de ella. El autor insiste en la cantidad de los instrumentos músicos (cf. 1 Re 8,1-11).(Volver a Lectura).




Plegaria de Salomón en la dedicación del templo

6 1Entonces dijo Salomón: «Yavé ha dicho que habitaría en la oscuridad, 2y yo he edificado una casa de morada para que él la habite para siempre». 3Luego el rey, volviéndose a toda la asamblea, la bendijo, estando toda en pie; 4y prosiguió:
«Bendito Yavé, Dios de Israel, que ha cumplido lo que por su boca prometió a David, mi padre, diciendo: 5Desde que saqué de Egipto a mi pueblo, ninguna ciudad elegí de las tribus de Israel para edificar casa donde estuviese mi nombre, ni elegí varón que fuese príncipe de mi pueblo Israel; 6pero elijo a Jerusalén, para que en ella esté mi nombre, y elijo a David, para que esté a la cabeza de mi pueblo, Israel. 7David, mi padre, tuvo el propósito de edificar casa al nombre de Yavé, Dios de Israel; 8pero Yavé dijo a David, mi padre: Bien has hecho en querer edificar casa a mi nombre; bueno ha sido este propósito, 9pero no serás tú quien edifique la casa, sino tu hijo, salido de tus entrañas; ése será quien edificará casa a mi nombre. 10Yavé ha cumplido lo que dijo, pues me levanté yo en lugar de David, mi padre, y me he sentado en el trono de Israel, como Yavé había dicho, y he edificado, casa al nombre de Yavé, Dios de Israel, 11y he puesto en ella el arca, en la cual está el pacto de Yavé, concertado con los hijos de Israel».
12Púsose luego Salomón delante del altar de Yavé, en presencia de toda la asamblea de Israel; y tendiendo sus manos— 13pues había hecho un estrado de bronce de cinco codos de largo, otro tanto de ancho y tres de alto, que había mandado poner en medio del templo— y puesto en pie, arrodillóse luego, vuelto a toda la muchedumbre; y alzando las manos al cielo, dijo:
14«Yavé, Dios de Israel: no hay Dios semejante a ti, ni en el cielo ni en la tierra; tú guardas la alianza y la misericordia a tus siervos que andan delante de ti con todo su corazón: 15otorgaste a David, mi padre, todo cuanto le prometiste, y has puesto por obra cuanto de palabra le dijiste, como lo vemos hoy. 16Cumple, pues, ahora, Yavé, Dios de Israel, todo cuanto a David, mi padre, tu siervo, prometiste, diciendo: No faltará de ti varón delante de mí, que se siente en el trono de Israel, siempre que tus hijos guarden sus caminos, andando en mi ley, como has andado tú delante de mí. 17Ahora, pues, ¡oh Yavé, Dios de Israel!, que se cumpla la palabra dada a tu siervo David.
18¿Pero en verdad habitará Dios con el hombre en la tierra? Los cielos, y los cielos de los cielos, no pueden contenerte; ¡cuánto menos esta casa que yo he edificadol 19Pero atiende, ¡oh Yavé, mi Dios!, a la oración de tu siervo y a su súplica; oye el clamor y la oración con que tu siervo ora delante de ti, 20y que tus ojos estén siempre abiertos sobre esta casa día y noche, sobre este lugar de que has dicho: allí estará mi nombre; 21y que oigas la oración que en este lugar ora tu siervo. Oye asimismo el ruego de tu siervo y de tu pueblo Israel, cuando oren en este lugar; oye tú desde lo alto de los cielos, desde el lugar de tu morada; oye y perdona».

22«Si alguno pecare contra su prójimo, y él le pidiere que jure con juramento, y vinieren a jurar ante tu altar en esta casa, 23óyele desde los cielos, y obra y juzga a tu siervo, dando su merecido al impío, haciendo recaer su impiedad sobre su cabeza, y justifica al justo, retribuyéndole según su justicia».
24«Cuando tu pueblo Israel cayere delante de sus enemigos, por haber prevaricado contra ti, y convirtiéndose, confesaren tu nombre y rogaren delante de ti en esta casa, 25óyelos desde los cielos, y perdona el pecado de tu pueblo Israel, y vuélvelos a la tierra que a ellos y a sus padres les diste».
26«Si se cerraren los cielos y no hubiere lluvias, por haber pecado contra ti, y oraren a ti en este lugar, y confesaren tu nombre, convirtiéndose de sus pecados al afligirlos tú; 27oye en los cielos, y perdona el pecado de tus siervos y de tu pueblo Israel, y enséñales el buen camino, para que anden por él, y dales la lluvia sobre tu tierra, la que por heredad diste a tu pueblo».
28«Si hubiere hambre en la tierra, o pestilencia o tizón, o añublo, o langosta, o pulgón, o el enemigo los cercare en su tierra, en sus ciudades, o hubiere otra cualquiera plaga o enfermedad; 29si un hombre, o todo Israel, hace oraciones y súplicas, y reconociendo su llaga y su dolor, tendiere sus manos hacia esta casa; 30óyele desde los cielos, desde el lugar de tu morada, y perdona y da a cada uno conforme a sus caminos, según su corazón; pues sólo tú conoces el corazón de los hijos de los hombres; 31para que te teman, y anden por tus caminos todos los días de su vida, en la tierra que diste a nuestros padres».
32«Cuando el extranjero, que no es de tu pueblo Israel, venido de lejanas tierras por la fama de tu nombre y de tu fuerte mano y tu tendido brazo, viniere a orar en esta casa; 33óyelo tú desde los cielos, desde el lugar de tu morada, y haz lo que con clamores te pida el extranjero, para que todos los pueblos de la tierra conozcan tu nombre y te teman, como tu pueblo Israel, y sepan que tu nombre es invocado sobre esta casa que yo te he edificado».
34«Si saliere tu pueblo a la guerra contra sus enemigos, por el camino que les señales, y oraren a ti, hacia esta ciudad que tú has elegido, hacia la casa que a tu nombre he edificado; 35oye tú desde los cielos su oración, su ruego, y ampara su derecho».
36 »Si pecaren contra ti —pues no hay hombre que no peque—, y airado contra ellos los entregares a sus enemigos, que los lleven cautivos a tierra enemiga, lejana o cercana, 37y ellos volviendo en sí en la tierra a donde fueren llevados cautivos se convirtieren y oraren a ti en la tierra de su cautividad, y dijeren: Hemos pecado, hemos obrado inicua e impíamente; 38si se convirtieren a ti de todo corazón y con toda su alma en la tierra de su cautividad, donde los hubieren llevado cautivos, y oraren hacia su tierra, la que diste a sus padres, hacia la ciudad que tú has elegido, y hacia esta casa que yo he edificado a tu nombre; 39oye tú desde los cielos, desde el lugar de tu morada, su oración y su ruego, y perdona a tu pueblo que pecó contra ti. 40Ten, pues, ¡Oh Dios mío!, abiertos tus ojos y atentos tus oídos a la oración hecha en este lugar».
41«¡Oh Yavé, Dios! Levántate, y ven a tu lugar de reposo, tú y el arca de tu majestad. Que tus sacerdotes, Yavé Dios, se revistan de salud, y tus santos gocen de tus bienes».
42«¡Yavé, Dios, no rechaces a tu ungido; acuérdate de tus misericordias a David, tu siervo!».


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  • 1 Contiene este capítulo la oración consecratroria de Salomón, que nos cuenta I Re 8,12-53. Los dos últimos vv. 41 s. están tomados, con ligeras variantes, del salmo 132,8-10.(Volver a Lectura).

  • 4 La plegaria de Salomón (véase I Rey. 8) pone bien de relieve el concepto de la inmensidad de Dios, a quien no puede contener un templo, que no es mas que un lugar donde se invoca su nombre y se da una especial manifestación de su omnipresencia. Al mismo tiempo se halla en la oración la nota de la universalidad en potencia de la religión de Israel.(Volver a Lectura).




7 1Cuando Salomón acabó de orar, descendió del cielo fuego que consumió los holocaustos y las víctimas, y la gloria de Yavé llenó la casa. 2No podían los sacerdotes estar en la casa de Yavé, porque la gloria de Yavé llenaba la casa de Yavé. 3Y al ver los hijos de Israel descender el fuego y la gloria de Yavé sobre la casa, cayeron a tierra sobre sus rostros en el pavimento, y adoraron y confesaron a Yavé: «Porque es bueno, porque es eterna su misericordia».
4Entonces el rey y todo el pueblo sacrificaron víctimas delante de Yavé, 5y ofreció el rey Salomón en sacrificio veintidós mil bueyes y ciento veinte mil ovejas, y así fué dedicada la casa de Dios por el rey y todo el pueblo. 6Los sacerdotes asistían en su ministerio, y los levitas con los instrumentos de música de Yavé, que había hecho el rey David, para alabar a Yavé, «cuya misericordia es eterna» y con los que le alababa también David. Asimismo los sacerdotes tocaban trompetas delante de ellos, y todo el pueblo estaba en pie.
7También santificó Salomón el atrio, que está delante de la casa de Yavé, ofreciendo allí los holocaustos y el sebo de las víctimas, por ser el altar de bronce que Salomón había hecho insuficiente para tantos holocaustos, la ofrenda y el sebo. 8Hizo Salomón fiesta con todo Israel por siete días, reuniéndose una gran muchedumbre, desdela entrada de Hamat hasta el torrente de Egipto. 9Al octavo día celebraron asamblea santa, pues habían hecho la dedicación del altar durante siete días y celebrado por siete días la solemnidad. 10A veintitrés del séptimo mes, envió al pueblo a sus estancias, alegres y gozosos en su corazón, por los beneficios que Yavé había hecho a David, a Salomón y a su pueblo, Israel.

Respuesta de Yavé a la plegaria de Salomón

11Acabó, pues, Salomón la casa de Yavé y la casa del rey; y todo cuanto se había propuesto hacer en la casa de Yavé y en su casa, lo consiguió. 12Entonces se le apareció Yavé durante la noche, y le dijo: «He oído tu plegaria, y he elegido este lugar como la casa en que se me habrán de ofrecer sacrificios. 13Cuando yo cierre el cielo y no haya lluvia, cuando mande yo a la langosta devorar la tierra, cuando mande la peste entre mi pueblo, 14si mi pueblo, sobre el que se invoca mi nombre, se humilla, ruega y me busca la cara, si se aparta de sus malos caminos, yo oiré desde los cielos y le perdonaré su pecado y curaré a la tierra. 15Mis ojos estarán siempre abiertos y atentos mis oídos a la plegaria hecha en este lugar. 16Yo elijo y santifico esta casa, para que en ella sea invocado mi nombre, y para morar en ella por siempre, y la tendré siempre ante mis ojos y en mi corazón. 17Y tú, si andas en mi presencia como anduvo David, tu padre, haciendo todo cuanto yo he mandado, y guardas mis leyes y mis preceptos, 18yo afirmaré el trono de tu reino, como se lo prometí a David, tu padre, diciendo: No faltará jamás un hijo tuyo que reine en Israel. 19Pero, si os volvéis y dejáis los mandamientos y preceptos que yo os he prescrito, y os vais a servir a dioses ajenos, adorándolos, 20yo os arrancaré de mi tierra, que os he dado; y esta casa, que a mi nombre he santificado, la rechazaré de ante mí, y será la burla y el escarnio de todas las gentes; 21y por ilustre que haya sido, será el espanto de cuantos cerca de ella pasen, que dirán: ¿Por qué ha hecho Yavé así con esta tierra y esta casa? 22Y se responderá: Porque dejaron a Yavé, Dios de sus padres, que los había sacado de la tierra de Egipto, y se adhirieron a dioses ajenos, y los adoraron y los sirvieron; por eso ha traído él sobre ellos todos estos males».


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  • 1 La primera porción de este capítulo (1-10), que corresponde a I Re 8,54-66, cuenta la conclusión de las fiestas, de las que el pueblo volvió contentísimo a sus casas. La otra parte, que corresponde a I Re 9,1-9, es la respuesta de Dios a la plegaria de Salomón.(Volver a Lectura).




Otras construcciones de Salomón

8 1Al cabo de veinte años, en los que edificó Salomón la casa de Yavé y su propia casa, 2reconstruyó las ciudades que le había dado Hiram, y estableció en ellas a los hijos de Israel.
3Después marchó Salomón contra Hamat de Soba y la tomó. 4Edificó a Tadmor, en el desierto, y todas las ciudades de municiones en Hamat. 5Edificó Bethorón, el alto y el bajo, ciudades fuertes, amuralladas, con puertas y barras; 6Balat y todas las ciudades de munición que le pertenecían, y las ciudades de los carros y de la caballería, y todo lo que quiso edificar en Jerusalén, en el Líbano y en toda la tierra de su dominio. 7Todo el pueblo que había quedado de los geteos, amorreos, fereceos, jeveos y jebuseos, que no era parte de Israel; 8sus descendientes que habían quedado con ellos en la tierra y no habían exterminado los hijos de Israel, los hizo servir en los trabajos, y así se sigue haciendo hasta hoy. 9No empleó Salomón como esclavos para sus trabajos a ningún hijo de Israel, pues éstos eran hombres de guerra, jefes, oficiales, comandantes de los carros y de la caballería.
10Los jefes puestos por Salomón a la cabeza del pueblo y encargados de la vigilancia eran doscientos cincuenta.

11Salomón subió a la hija del Faraón, de la ciudad de David, a la casa que para ella había edificado, pues dijo: «Mi mujer no ha de habitar en la casa de David, rey de Israel, porque los lugares en que ha estado el arca de Yavé son sagrados».
12Entonces ofreció Salomón a Yavé holocaustos en el altar de Yavé, que había alzado delante del pórtico, 13ofreciendo lo que para cada día prescribió Moisés, para los sábados, los novilunios y las tres solemnidades del año; la de los ácimos, la de las semanas y la de los tabernáculos. 14Estableció en sus funciones, como las había determinado David, su padre, a los sacerdotes según su oficio, a los levitas según su cargo de alabar a Yavé, y servir cada día a los sacerdotes en el ministerio, e igualmente a los porteros asignados a cada puerta, según sus clases, como lo había ordenado David, hombre de Dios. 15Nada escapó a la ordenación del rey en cuanto a los sacerdotes y levitas, ni en cuanto a cosa alguna tocante a los tesoros. 16 Así fué dirigida toda la obra de Salomón, desde el día en que se pusieron los cimientos de la casa de Yavé, hasta el día en que fué terminada. Acabóse, pues, la casa de Yavé.
17Entonces partió Salomón para Asion-Gueber, y Elat, a orillas del mar, en tierra de Edom; 18pues Hiram, por medio de sus siervos, le había enviado navíos y marineros diestros, conocedores del mar. Fueron éstos con los siervos de Salomón a Ofir, y trajeron de allí cuatrocientos cincuenta talentos de oro, que entregaron a Salomón.


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  • 1 El templo era la obra magna de Salomón, pero no la única. El c.8 nos refiere las diversas obras llevadas a cabo por el rey para la buena organización del reino (cf. 1 Re 9). Entre las ciudades edificadas pone el texto Tadmor, Palmira, que debe ser Tamor, según 1 Re 9,18, al sur del mar Muerto.(Volver a Lectura).




La reina de Saba, en Jerusalén

9 1Llegó a la reina de Saba la fama de Salomón; y vino a Jerusalén para probarle con enigmas, acompañada de muy gran séquito de camellos, cargados de aromas y oro en abundancia y piedras preciosas. Vino a Salomón y le dijo cuanto se le ocurrió, 2y Salomón respondió a todas sus preguntas, sin que hubiera nada que él no pudiera explicarle.
3La reina de Saba, viendo la sabiduría de Salomón, la casa que había construido, 4los manjares de su mesa, el asiento de sus servidores, el porte y los vestidos de la servidumbre, y la subida a la casa de Yavé, 5fuera de sí dijo al rey: «Verdad es cuanto de tu estado y tu sabiduría había oído en mi tierra. 6No lo creía hasta que he venido y lo he visto con mis ojos; y hallo ahora que no me habían dicho ni la mitad de tu grandeza, de tu sabiduría, pues sobrepujas la fama que a mí había llegado. 7Dichosas tus gentes, dichosos tus servidores, que continuamente están delante de ti y oyen tu sabiduría. 8Bendito Yavé, tu Dios, que te ha hecho la gracia de ponerte sobre su trono, por rey para Yavé, tu Dios. Por amor de Yavé a su pueblo, y por querer que por siempre subsista, te ha hecho rey de él, para que le hagas derecho y justicia».
9Dió al rey ciento veinte talentos de oro, gran cantidad de aromas y de piedras preciosas, y no hubo nunca aromas como los que la reina de Saba dió a Salomón.
10También los siervos de Hiram y los de Salomón, que habían traído él oro de Ofir, trajeron madera de sándalo y piedras preciosas. 11Con la madera de sándalo hizo el rey las gradas de la casa de Yavé y de la casa del rey, e hizo también de ella arpas y salterios para los cantores. Nunca en Judá se había visto semejante.
12El rey Salomón dió a la reina de Saba cuanto ella quiso y pidió, más que lo que ella había traído al rey. Después volvióse ella a su tierra con sus siervos.

Riquezas, magnificencia y gloria de Salomón

13El peso del oro que cada año llegaba a Salomón era de seiscientos sesenta talentos de oro, 14fuera del que recibía de negociantes y comerciantes, de todos los reyes de Arabia y de los gobernadores de la tierra, que recaudaban oro y plata para Salomón.
15Hizo el rey Salomón doscientos grandes escudos de oro batido, para cada uno de los cuales empleó seiscientos siclos de oro; 16y otros tres cientos escudos de oro batido, para cada uno de los cuales empleó tres cientos síclos de oro, y los puso en la casa «Bosque del Líbano». 17Hizo un gran trono de marfil, que recubrió de oro puro. Tenía el trono seis gradas y un dosel de oro. 18Había brazos a uno y otro lado de la silla, y cerca de los brazos dos leones, 19y otros doce leones sobre las seis gradas, de una y otra parte. Para ningún rey se hizo cosa semejante. 20Todos los vasos del rey Salomón eran de oro, y toda la vajilla de la casa «Bosque del Líbano» era de oro puro. Nada de plata. No se hacía de ella estima alguna en tiempo de Salomón, 21pues tenía el rey naves de Tarsis que navegaban con las de los siervos de Hiram; y llegaban cada tres años las naves de Tarsis, trayendo oro, plata, marfil, monos y pavos reales. 22Fué el rey Salomón más grande que todos los reyes de la tierra, por riquezas y por sabiduría. 23Todos los reyes de la tierra buscaban ver a Salomón, para oír la sabiduría que había puesto Dios en su corazón, 24y cada uno le traía su presente, objetos de plata, de oro, vestidos, armas, aromas, caballos y mulos. Y así cada año.
25Tenía Salomón cuatro mil caballerizas, para sus caballos y sus carros, y doce mil jinetes, que puso en las ciudades de los carros y cerca de sí en Jerusalén. 26Se extendió su dominio sobre todos los reyes, desde el río hasta la tierra de los filisteos y hasta las fronteras de Egipto. 27Hizo que la plata fuera tan común como las piedras, y que los cedros fuesen tantos como los sicómoros, que se dan en los campos. 28Traíanle los caballos de Egipto y de todas partes.
29El resto de los hechos de Salomón, los primeros y los postreros, ¿no está escrito en los libros de Natán, profeta, en los de Ajías, silonita, y en las profecías de Ido, vidente, contra Jeroboam, hijo de Nabat? 30Reinó Salomón en Jerusalén, sobre todo Israel, cuarenta años. 31Se durmió con sus padres, y fué sepultado en la ciudad de David, su padre. Le sucedió Roboam, su hijo.


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  • 1 Cf. 1 Re 10,1-10.(Volver a Lectura).

  • 29 Estos versículos pertenecen al esquema del autor sagrado, muy semejante al del libro de los Reyes. Con esto termina la historia de Salomón, sin decir una palabra que pudiera empañar su gloria; antes bien, poniendo muy de relieve su devoción hacia el templo, su riqueza y su sabiduría.(Volver a Lectura).





SEGUNDA PARTE


HISTORIA DE LOS OTROS REYES DE JUDÁ
(10 - 36)

División del reino: Roboam, rey de Judá. Jeroboam, rey de Israel

10 1Fué Roboam a Siquem, donde se había reunido todo Israel para proclamarle rey. 2Súpolo Jeroboam, que estaba en Egipto, a donde había huido por causa del rey Salomón, y volvió de Egipto, 3pues fueron a llamarle. Vino, pues, Jeroboam y todo Israel, y hablaron a Roboam, diciendo: 4«Tu padre hizo grave nuestro yugo. Afloja tú, pues, ahora la dura servidumbre y el pesado yugo con que tu padre nos oprimió, y te serviremos». 5El les respondió: «Volved a mí de aquí a tres días». El pueblo se fué. 6Entonces Roboam pidió consejo a los ancianos que habían servido a Salomón, su padre, mientras vivió, y díjoles: «¿Qué me aconsejáis vosotros que responda a este pueblo?» 7Ellos le hablaron diciendo: «Si tú hoy te conduces humanamente con este pueblo, y le complaces, y le das buenas palabras, ellos te servirán perpetuamente». 8Pero él, dejando el consejo que los ancianos le dieron, lo pidió a los mancebos que se habían criado con él y le asistían, 9diciendo: «¿Qué aconsejáis vosotros que responda a este pueblo, que me ha hablado diciendo: Alivia el yugo que tu padre nos impuso?» 10Los mancebos que se habían criado con él le hablaron así: «Diles a los que te han pedido que aligeres su yugo: Lo más flaco mío es más grueso que los lomos de mi padre.

11Si mi padre os cargó de pesado yugo, yo lo agravaré. Mi padre os castigó con azotes, y yo os azotaré con escorpiones».
12Vino, pues, Jeroboam con todo el pueblo a Roboam el tercer día, según lo que mandara el rey, diciendo: «Volved a mí de aquí a tres días»; 13 y el rey les respondió ásperamente, pues se apartó el rey Roboam del consejo de los ancianos, 14y siguió el consejo de los jóvenes, diciendo: «Mi padre agravó vuestro yugo, y yo lo agravaré más todavía; mi padre os castigó con azotes, y yo os azotaré con escorpiones». 15No escuchó el rey al pueblo, porque era cosa de Dios, para que se cumpliera la palabra que había dicho Yavé por medio de Ajías, silonita, a Jeroboam, hijo de Nabat.
16Viendo todo Israel que no los había escuchado el rey, respondió el pueblo al rey, diciendo: «¿Qué tenemos que ver nosotros con David ni con el hijo de Isaí? ¡A tus tiendas, Israel! Mira tú ahora por tu casa, David». Y todo Israel se fué a sus estancias. 17Reinó Roboam sobre los hijos de Israel, que habitaban en las ciudades de Judá. 18Mandó luego, el rey Roboam a Adoram, prefecto de los tributos, pero los hijos de Israel le lapidaron, y murió. Entonces se apresuró Roboam a subir a su carro, y huyó a Jerusalén. 19Así se apartó Israel de la casa de David, hasta hoy.


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  • 1 Este capítulo y los primeros cuatro versículos del siguiente son lo único que nuestro autor consagra a un hecho tan trascendental de la historia de Israel como fue la escisión de las tribus y la constitución de dos reinos, con frecuencia enemigos entre si, con la consiguiente debilitación de su poder enfrente de los pueblos gentiles que los rodeaban (cf. 1 Re 12,1-24).(Volver a Lectura).




11 1Vino Roboam a Jerusalén, y reunió a la casa de Judá y a la de Benjamín, ciento ochenta mil hombres de guerra escogidos, para combatir contra Israel y reducirle al dominio de Roboam; 2pero dirigió Yavé su palabra a Semeyas, hombre de Dios, diciéndole: 3«Habla a Roboam, hijo de Salomón, rey de Judá, y a todos los de Israel en Judá y Benjamín, y diles: 4Así habla Yavé: No subáis a luchar con vuestros hermanos; vuélvase cada uno a su casa, porque soy yo quien ha hecho esto. Y ellos, escuchando la palabra de Yavé, se tornaron y no fueron contra Jeroboam.


Roboam afirma su reinado

5Habitó Roboam en Jerusalén y edificó y fortificó ciudades en Judá. 6Fortificó Betlejem, Etán, Tecoa, 7Betsur, Socó, Adulam, 8Get, Maresa, Ziv, 9Adoram, Laquis, Azeca, 10Sora, Ayalón y Hebrón, que eran de Judá, y otras en Benjamín. 11Guarneció también las fortalezas, y puso en ella jefes, y las avitualló de aceite y vino, 12las proveyó de armas, escudos y lanzas, fortificándolas en gran manera, y Judá y Benjamín le estuvieron sujetos.

13Los sacerdotes y levitas de todo Israel, venían a él de todos sus términos, 14y dejaban sus heredades y posesiones, para venirse a Judá y a Jerusalén, pues Jeroboam y sus hijos los echaban del ministerio de Yavé. 15El se hizo sacerdote para los altos, para los demonios, y para los becerros que se había fabricado. 16Tras de aquéllos vinieron también, de todas las tribus de Israel, los que tenían puesto su corazón en seguir a Yavé, Dios de Israel, para poder sacrificar en Jerusalén a Yavé, el Dios de sus padres. 17Así se fortaleció el reino de Judá y afirmaron a Roboam en el reino por tres años, pues tres años siguieron por el camino de David y Salomón.
18Tomó Roboam por mujer a Majalat, hija de Jerimot, hijo de David, y a Abigail, hija de Eliab, hijo de Isaí, 19que le parió hijos: Jeus, Samaría y Zaham. 20Tomó después a Maaca, hija de Absalón, que le parió a Abías, Ataí, Zisa y Selomit. 21Amó Roboam a Maaca, hija de Absalón, más que a todas sus mujeres y concubinas, pues tuvo dieciocho mujeres y sesenta concubinas, y engendró veintiocho hijos y sesenta hijas.
22Puso Roboam a Abías, hijo de Maaca, por cabeza y príncipe de sus hermanos, pues quería hacerle rey; 23y le hizo educar y esparció a sus otros hijos por todas las tierras de Judá y Benjamín, y por todas las ciudades fuertes, dándoles víveres en abundancia y pidiendo para ellos muchas mujeres.


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  • 5 Todo lo que rsta de este capitulo (5-23) procede de documentos nuevos y no se lee en el libro de los Reyes.(Volver a Lectura).

  • 14 La parte todavía sana de Israel se acoge en su mayoría al reino de Judá, huyendo del culto ilegítimo e idolátrico del reino de Israel.(Volver a Lectura).




La idolatría de Roboam, castigada

12 1Cuando Roboam se hubo afirmado en el reino y se sintió fuerte, se apartó de la ley de Yavé, y con él todo Israel. 2El año quinto del reinado de Roboam, subió Sesac, rey de Egipto, contra Jerusalén, por haberse rebelado contra Yavé, 3con mil doscientos carros y sesenta mil jinetes; y el pueblo que con él venía de Egipto no tenía número, de lubim, suquiyim y cusim. 4Tomó las ciudades fuertes de Juda y llegó hasta Jerusalén. 5Entonces Semeyas, profeta, se presentó a Roboam y a los príncipes de Judá, que estaban reunidos en Jerusalén por causa de Sesac, y les dijo: «Así dice Yavé: vosotros me habéis dejado a mí, y por eso también yo os he dejado a vosotros en manos de Sesac».
6Los príncipes de Israel y el rey se humillaron, y dijeron: «Justo es Yavé». 7Y viendo Yavé que se habían humillado, dirigió su palabra a Semeyas, diciendo: «Se han humillado; no los destruiré, antes los salvaré pronto, y no se derramará mi ira sobre Jerusalén por medio de Sesac; 8pero habrán de servirle, para que sepan distinguir entre lo que es servirme a mí, y servir a los reyes de las gentes».

9Subió, pues, Sesac, rey de Egipto, a Jerusalén, y pilló los tesoros de la casa de Yavé y los de la casa del rey; todo se lo llevó. Tomó los escudos de oro que había hecho Salomón, 10y en vez de ellos hizo el rey Roboam escudos de bronce, para los jefes de la guardia que custodiaban la entrada de la casa del rey. 11Cuando iba el rey a la casa de Yavé, tomábanlos los de la guardia, y los volvían luego al cuartel de la guardia.
12Como se humilló, apartóse de él la ira de Yavé, por no destruirle del todo, y las cosas mejoraron en Judá. 13Fortalecióse, pues, Roboam, y reinó en Jerusalén. Cuarenta y un años tenía Roboam cuando comenzó a reinar, y reinó diecisiete años en Jerusalén, la ciudad que eligió Yavé entre todas las tribus de Israel, para poner en ella su nombre. El nombre de su madre fué Naama, amonita. 14Hizo el mal, porque no aprestó su corazón para buscar a Yavé. 15Los hechos de Roboam, los primeros y postreros, ¿no están escritos en los libros de Semeyas, profeta, y de Ido, el vidente, en los registros de las genealogías? Hubo perpetuamente guerra entre Roboam y Jeroboam. 16Durmióse Roboam con sus padres, y fué sepultado en la ciudad de David, y le sucedió Abías, su hijo.


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  • 1 Comprende este capítulo la suma de la historia religiosa de Roboam, que se narra en 1 Re 14,21.31; pero el cronista nos cuenta la subida del ejército de Sesac (v.2 s.) contra Jerusalén y la profecía de Semeyas (5-8,12), que explica el motivo de tal venida.(Volver a Lectura).

  • 14 Son de notar las fuentes históricas citadas para Roboam (v.15), lo mismo que para David (1 Par 29,29) y Salomón (9,29).(Volver a Lectura).




Reinado de Abías. Guerra contra Jeroboam

13 1A los dieciocho años del reinado de Jeroboam, comenzó a reinar en Judá Abías, 2y reinó tres años en Jerusalén. Su madre se llamaba Micaya, hija de Uziel, de Gaba. Hubo guerra entre Abías y Jeroboam. 3Reunió Abías un ejército de hombres de guerra escogidos y valientes, de cuatrocientos mil hombres, y Jeroboam se ordenó en batalla contra él con ochocientos mil hombres de guerra escogidos y valerosos. 4Alzóse Abías en el monte de Semarom, de las montañas de Efraím, y gritó: «Oídme, Jeroboam y todo Israel: 5¿No sabéis vosotros que Yavé, Dios de Israel, dió a David el reino sobre Israel para siempre, a él y a sus hijos en pacto de sal? 6Pero Jeroboam, hijo de Nabat, siervo de Salomón, se levantó y rebeló contra su señor; 7y allegándose a él hombres vanos y perversos, se sobrepusieron a Roboam, hijo de Salomón, porque Roboam, mozo e inexperto, no se defendió contra ellos. 8Ahora tratáis vosotros de triunfar contra el reino de Yavé, que está en manos de los hijos de David, porque sois muchos. Pero tenéis con vosotros a los becerros de oro, que Jeroboam os hizo por dioses. 9¿No habéis arrojado de entre vosotros a los sacerdotes de Yavé, a los hijos de Arón, y a los levitas, y os habéis hecho sacerdotes a la manera de las gentes de la tierra, para que cualquiera pueda consagrarse con un becerro y siete carneros, y ser así sacerdote de los que no son dioses? 10Para nosotros, Yavé es nuestro Dios; no le hemos dejado, y los sacerdotes ministros de Yavé son los hijos de Arón, y los levitas cumplen sus funciones.

11Queman a Yavé los holocaustos cada mañana y cada tarde y los perfumes aromáticos; ponen los panes sobre la mesa limpia, y el candelero de oro con sus lámparas cada tarde, para que ardan; porque nosotros guardamos los mandatos de Yavé, nuestro Dios, mientras que vosotros los habéis dejado. 12Dios está, pues, con nosotros a nuestra cabeza, y están con nosotros los sacerdotes con sus trompetas, para hacerlas resonar contra vosotros. Hijos de Israel, no hagáis la guerra a Yavé, el Dios de vuestros padres, porque no os irá bien».
13Jeroboam hizo que rodeara una emboscada, para acometer a los de Judá por la espalda, atacándolos así de frente y por la espalda; 14y cuando Judá se percató, tenía a Israel de frente y a las espaldas. 15Clamaron los de Judá a Yavé, y los sacerdotes tocaron sus trompetas, dieron sus gritos, y así como alzaron sus gritos, Dios desbarató a Jeroboam y a todo Israel delante de Abías, y de Judá. 16Huyeron los hijos de Israel ante Judá, y Dios los entregó en sus manos; 17y Abías y sus gentes hicieron en ellos gran mortandad, cayendo de Israel quinientos mil hombres escogidos. 18Así fueron humillados entonces los hijos de Israel, mientras que los de Judá se fortalecieron, porque se apoyaron en Yavé, el Dios de sus padres. 19Persiguió Abías a Jeroboam, y le tomó ciudades: Betel, con las ciudades de su dependencia, Jesana, con sus dependencias, y Efrón, con sus dependencias. 20No tuvo ya Jeroboam fuerza en tiempo de Abías; le hirió Yavé, y murió.
21Abías fué poderoso, tuvo catorce mujeres y engendró veintidós hijos y dieciséis hijas. 22El resto de los hechos de Abías, lo que hizo y dijo, está escrupulosamente escrito en el libro de Ido, profeta.


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  • 1 La fórmula de introducción, como en 1 Re 15,1 s., 6 y 7. En confirmación del v.2 introduce el relato de 3-20, característico del cronista. La derrota de Jeroboam fue tan decisiva (20) que en ella cayeron muertos 500.000 hombres de Israel (cf. Introducción al Éxodo, n.5).(Volver a Lectura).

  • 2 El estado de guerra entre Israel y Judá es casi constante; son pocos los intervalos de relación pacífica, y éstos no hacen sino contribuir a que las apostasías de Israel inficionen a Judá.(Volver a Lectura).




14 1Durmióse Abías con sus padres, y fué sepultado en la ciudad de David. Le sucedió Asa, su hijo, en cuyo tiempo tuvo paz la tierra durante diez años.


Asa, rey de Judá. Victoria contra Zerac y los etíopes

2Asa hizo lo que es bueno y recto a los ojos de Yavé, su Dios. 3Hizo desaparecer los altares de los cultos extranjeros, y los altos, demolió los cipos y abatió los aseras. 4Mandó a Judá buscar a Yavé, el Dios de sus padres, y practicar la ley y sus mandamientos. 5Hizo desaparecer de todas las ciudades de Judá los altos y los simulacros del sol, y su reinado fué reinado de paz. 6Edificó ciudades fuertes en Judá, pues la tierra estaba tranquila, y no hubo guerra contra él durante aquellos años, pues Yavé le dió paz. 7Dijo a Judá: «Edifiquemos estas ciudades y rodeémoslas de murallas, de fuertes y de torres, con puertas y barras, mientras no estamos en guerra, porque hemos buscado a Yavé, nuestro Dios, y por haberle buscado, nos ha dado el reposo de todas partes». Edificáronlas, pues, sin que nadie lo impidiera.

8Tenía Asa un ejército de trescientos mil hombres de Judá, armados de escudo y lanza, y doscientos ochenta mil de Benjamín, armados de escudo, y arqueros, todos hombres valerosos. 9Subió contra ellos Zerac, etíope, con un ejército de mil millares y trescientos carros, y llegó hasta Maresa. 10Entonces le salió Asa al encuentro, y le presentó batalla en el valle de Sefata, junto a Maresa. 11Clamó Asa a Yavé, su Dios, diciendo: «Yavé, no hay para ti diferencia entre socorrer al que tiene muchas fuerzas o al que tiene pocas. Ven, pues, en ayuda nuestra, Yavé, nuestro Dios, porque en ti nos apoyamos nosotros, y a combatir en tu nombre hemos venido contra toda esta muchedumbre. Yavé, tú eres nuestro Dios, que no sea el hombre quien triunfe de ti». 12Yavé deshizo a los etíopes, ante Asa y ante Judá, y los etíopes se pusieron en fuga. 13Asa y la gente que llevaba los persiguieron hasta Gerar y cayeron los etíopes sin poder salvar su vida, porque fueron destruidos por Yavé y su ejército. 14Asa y su gente cogieron gran botín, y batieron todas las ciudades que había cerca de Gerar, porque el terror de Yavé se había apoderado de ellos, y saquearon todas las ciudades, siendo muchos los despojos. 15Dieron también contra los apriscos y establos de los ganados, llevándose gran cantidad de ovejas y camellos. Después se volvieron a Jerusalén.


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  • 1 La actividad de los cuarenta y un años que reinó Asa la reduce 1 Re 15,9-24 a la reforma religiosa y a la defensa contra Israel mediante la alianza con Damasco, que compró a peso de oro. Pero el cronista tiene más cosas que contarnos. Primeramente su devoción a Yavé, que le indujo a suprimir muchas supersticiones; luego, sus providencias para asegurar la paz del reino.(Volver a Lectura).

  • 3 La reforma religiosa de Asa hace desaparecer los excelsos que durante tanto tiempo persistieron ilegítimamente en Judá, pues aunque en ellos se sacrificaba a Yavé, eran enteramente contra la Ley, que mandaba sacrificar únicamente en el lugar elegido por Dios.(Volver a Lectura).

  • 8 A pesar de la paz que Yavé le había dado, Asa tuvo un ejército de 580.000 hombres, reclutados en solas las dos tribus de Judá y Benjamín. Con estas fuerzas hubo de hacer frente a Zerac, que pretendía invadir la tierra de Judá con un millón de hombres y 300 carros de guerra. Con la ayuda de Dios, Asa los derrotó en el valle de Sefatá, cerca de Maresa.(Volver a Lectura).




Celo del rey Asa para destruir la idolatría

15 1Fué el espíritu de Yavé sobre Azarías, hijo de Obed, 2y se presentó Azarías a Asa, y le dijo: «Óyeme, Asa, y todo Judá y Benjamín: Yavé está con vosotros, cuando vosotros estáis con él; si vosotros le buscáis, le hallaréis; pero si vosotros le abandonáis, él os abandonará a vosotros. 3Durante mucho tiempo ha estado Israel sin verdadero Dios, y sin sacerdote que enseñase su ley; 4pero cuando en medio de la tribulación se volvían a Yavé, Dios de Israel, y le buscaban, siempre le hallaron. 5No había en aquellos tiempos paz, ni para quien entraba, ni para quien salía, sino muchas aflicciones sobre todos los moradores de la tierra; 6y una gente destruía a otra gente, y una ciudad a otra ciudad, porque las conturbaba Dios con toda suerte de calamidades. 7Esforzaos, pues, vosotros y no desfallezcan vuestras manos, porque merced hay para vuestra obra».
8Cuando oyó Asa las palabras y la profecía de Azarías, hijo de Obed, profeta, se sintió fortalecido e hizo desaparecer las abominaciones de toda la tierra de Judá y Benjamín, y de las ciudades que había tomado en la montaña de Efraím, y restauró el altar de Yavé que estaba delante del pórtico de Yavé.

9Convocó a todo Judá y Benjamín, y a los de Efraím. Manasés y Simeón, que habitaban entre ellos, pues gran número de gentes de Israel se unieron a él cuando vieron que con él estaba Yavé, su Dios; 10y se reunieron en Jerusalén el tercer mes del año quince del reinado de Asa.
11Aquel día sacrificaron a Yavé, del botín que había traído, setecientos bueyes y siete mil ovejas, 12y juraron buscar a Yavé, el Dios de sus padres, con todo su corazón y toda su alma; 13y que cualquiera que no buscase a Yavé, Dios de Israel, muriese, fuese grande o pequeño, hombre o mujer. 14Este juramento hicieron a Yavé en medio de voces de júbilo y al son de trompetas y bocinas. 15Alegráronse de este juramento todos los de Judá, porque de todo corazón lo juraron y de todo corazón le buscaban; y así le hallaron, y les dió Yavé reposo de todas partes. 16Aun a Maaca, madre del rey Asa, la depuso él de la dignidad de reina, porque había hecho un ídolo y un asera. Abatió el ídolo, lo redujo a polvo, y lo quemó en el valle de Cedrón. 17Pero los altos no desaparecieron de Israel, a pesar de que el corazón de Asa fué perfecto todos los días de su vida. 18Metió en la casa de Yavé lo que había sido consagrado por su padre y por él mismo, de plata, oro y vasos. 19No hubo guerra hasta los treinta y cinco años del reinado de Asa.


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  • 1 Este capítulo es una amplificación de lo que se narra en 1 Re 15,11-15 acerca de la reforma religiosa, ya contada compendiosamente en el capítulo precedente, 2-5.(Volver a Lectura).




Pecado de Asa. Su muerte

16 1El año treinta y seis del reinado de Asa subió contra Judá Basa, rey de Israel, y edificó Rama, para impedir la entrada y la salida a los de Asa, rey de Judá. 2Asa sacó de los tesoros de la casa de Yavé y de los de la casa del rey la plata y el oro, y se los mandó con una embajada al rey de Siria, Benadad, que habitaba en Damasco. Hizo que le dijeran: 3«Hagamos alianza entre los dos, como la hubo entre mi padre y tu padre. Te mando esta plata y este oro. Rompe tu alianza con Basa, rey de Israel, para que se retire de mí». 4Benadad escuchó a Asa, y mandó a los jefes de su ejército contra las ciudades de Israel, y batieron a Iyan, Dan, Abelmain y las ciudades fuertes de Neftalí. 5Cuando lo supo Basa, cesó en la edificación de Rama, suspendió su obra. 6Entonces el rey Asa mandó a todo Judá a llevarse la piedra y la madera que empleaba Basa en la edificación de Rama, y se sirvió de ellas para edificar a Gueba y Masfa.
7Entonces Janani, el vidente, fué a Asa, rey de Judá y le dijo: «Por haberte apoyado sobre el rey de Siria, y no sobre Yavé, tu Dios, se te ha escapado de las manos el ejército del rey de Siria:

8¿No eran un gran ejército los etíopes y los libios, con carros y una muchedumbre de jinetes? Y con todo, Yavé los puso en tus manos, porque te apoyaste en él. 9Pues tiende Yavé sus ojos por toda la tierra, para sostener a los que tienen para con él corazón perfecto. Has obrado en esto insensatamente, y desde ahora tendrás guerra».
10Irritóse Asa contra el vidente, y le puso en prisión porque se encolerizó mucho contra él, y al mismo tiempo oprimió también Asa a algunos del pueblo. 11Los hechos de Asa, los primeros y los postreros, están escritos en los libros de los reyes de Judá y de Israel.
12El año treinta y nueve de su reinado enfermó Asa de los pies, padeciendo mucho de ello, pero tampoco en su enfermedad buscó a Yavé, sino a los médicos.
13Durmióse Asa con sus padres, muriendo el año cuarenta y uno de su reinado, 14y fué sepultado en el sepulcro que él había hecho para sí, en la ciudad de David. 15Se le puso en un lecho lleno de aromas y perfumes, preparados según el arte de la perfumería, y se quemó además en honor suyo una cantidad muy considerable de ellos.


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  • 1 El texto, en cuanto a las cifras, no debe de estar bien conservado, pues en 1 Re 16, 8 se dice que Basa murió el año 26 de Asa.(Volver a Lectura).




Josafat, rey de Judá

17 1A Asa le sucedió Josafat, su hijo. Se fortificó contra Israel 2y puso guarniciones en todas las ciudades fuertes de Judá, así como en las de Efraím, de que Asa, su padre, se había apoderado. 3Estuvo Yavé con Josafat, porque éste anduvo por los caminos primeros de David, su padre, y no buscó a los baales, 4sino que se acogió al Dios de sus padres y siguió sus mandatos, sin imitar lo que hacía Israel. 5Yavé afirmó el reino en las manos de Josafat, a quien traía presentes todo Judá, y tuvo gran abundancia de riquezas y mucha gloria. 6Su corazón se fortaleció en los caminos de Yavé, e hizo también desaparecer de Judá los excelsos y los aseras.
7El año tercero de su reinado mandó a sus príncipes Benjail, Abdías, Zacarías, Nataniel y Miqueas, por las ciudades de Judá, para que enseñasen, 8y con ellos a los levitas Semeyas, Netanías, Zebadía, Asael, Semiramot, Jonatán, Adonías, Tobías, levitas, y con ellos a los sacerdotes Elisama y Joram, 9que enseñaron por las ciudades de Judá, teniendo consigo el libro de la ley de Yavé, y recorriendo las ciudades de Judá, enseñando al pueblo.

10Cayó el terror de Yavé sobre todos los reinos de las tierras que había en torno de Judá, y no osaron hacer la guerra contra Josafat. 11Los filisteos traían a Josafat presentes y tributos de plata. Traíanle también los árabes ganados, siete mil setecientos carneros y siete mil setecientos machos cabríos. 12Crecía, pues, Josafat grandemente y edificó en Judá fortalezas y ciudades de depósito. 13Tuvo además muchas obras en las ciudades de Judá, y hombres de guerra muy valerosos en Jerusalén. 14Este es el número de ellos, según las casas paternas: En Judá, jefes de millares, cuyo jefe supremo era Adna, y con él trescientos mil hombres muy esforzados; 15después de él, el jefe Jojanán, y con él doscientos ochenta mil; 16tras éste, Amasías, hijo de Zicrí, que se había consagrado voluntariamente a Yavé, y con él doscientos mil hombres valientes; 17de Benjamín: Eliada, hombre muy valeroso, y con él doscientos mil armados de escudo y arco; 18después de éste Josabat, y con él ciento ochenta mil dispuestos para la guerra. 19Estos eran los que hacían el servicio del rey, sin contar los que el rey había puesto de guarnición en todas las ciudades fuertes de Judá.


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  • 1 Estos vv.1-6 son la introducción a la historia de Josafat, que abarca dos puntos: sus providencias para asegurar las ciudades conquistadas por su padre y su fidelidad a Yavé (cf. 1 Re 22,41 ss.).(Volver a Lectura).

  • 7 Desde el año tercero de su reinado, Josafat envía sacerdotes y levitas por todas las ciudades del reino para enseñar al pueblo la Ley del Señor. Estos vv.7-9 parece deben ser seguidos de 19,4-11, en que se trata de la administración de justicia, encomendada también a los sacerdotes y levitas, conocedores de la Ley del Señor. Datos propios del cronista.(Volver a Lectura).

  • 10 Esta sección del capítulo (10-19) nos cuenta la riqueza y el poder de Josafat, señales de las bendiciones de que Dios le colmaba en premio de su piedad. Los hombres de guerra subían a 1.160.000, sin contar las guarniciones de las ciudades fuertes de Judá. Estos datos no constan en la historia de los reyes.(Volver a Lectura).




Expedición de Josafat, rey de Judá, y Ajab, rey de Israel, contra lo sirios

18 1Tuvo Josafat mucha riqueza y poder, y emparentó con Ajab; 2 y al cabo de algunos años bajó a ver a Ajab a Samaría. Ajab mató para él y para su séquito gran número de ovejas y bueyes, y le persuadió que subiese con él contra Ramot Galad. 3Dijo Ajab, rey de Israel, a Josafat, rey de Judá: «¿Quieres marchar conmigo a Ramot Galad?» Y éste respondió: «¡Yo como tú, y mi pueblo como tu pueblo; iremos contigo!» 4Y dijo Josafat al rey de Israel: «Pero consulta, te ruego, la palabra de Yavé». 5Juntó entonces el rey de Israel cuatrocientos profetas, y les preguntó: «¿Iremos contra Ramot Galad, o me estaré quieto?» Ellos le dijeron: «Sube a Ramot Galad, que Dios la entregará en manos del rey». 6Pero Josafat dijo: ¿Queda todavía aquí algún profeta de Yavé, por quien podamos preguntarle?» 7El rey de Israel respondió a Josafat: «Aún hay aquí un hombre, por quien podemos preguntar a Yavé; pero yo le aborrezco, porque nunca me profetiza cosa buena, sino siempre males. Es Miqueas, hijo de Jimla». Y respondió Josafat: «No diga eso el rey». 8Llamó entonces el rey de Israel a un eunuco, y le dijo: «Haz que venga luego Miqueas, hijo de Jimla».
9El rey de Israel y Josafat, rey de Judá, estaban sentados cada uno en su trono y vestidos de sus vestiduras reales, en la plaza que hay a la entrada de la puerta de Samaría, y estaban delante de ellos todos los profetas. 10Sedecías, hijo de Quenana, se había hecho cuernos de hierro, y decía: «Así dice Yavé: Con éstos acornearás a los sirios hasta destruirlos del todo». 11Lo mismo profetizaban también todos los profetas, diciendo: «Sube a Ramot Galad, y triunfarás, porque Yavé la entregará en manos del rey».
12El mensajero que había ido a buscar a Miqueas, le habló diciendo: «Mira que todos los profetas a una profetizan bienes; habla, pues, como ellos, y anuncia bienes». 13Miqueas respondió: «Vive Yavé, que yo anunciaré lo que Yavé me diga». Llegó, pues, a la presencia del rey, 14que le preguntó: «Miqueas, ¿iremos a combatir a Ramot Galad, o he de estarme quieto?» Y él respondió: «Subid, que la lograréis y serán entregados en vuestras manos». 15Entonces le dijo el rey: «¿Hasta cuántas veces tendré que conjurarte, por el nombre de Yavé, que no me digas sino la verdad?»

16Y él le contestó: «He visto a todo Israel disperso por los montes, como ovejas sin pastor»; y dijo Yavé: «Es que no tienen señor, que se vuelva cada uno en paz a su casa».
17Y el rey de Israel dijo a Josafat: «¿No te decía yo que no profetiza bien, sino mal?» 18Y dijo entonces él: «Oíd, pues, la palabra de Yavé: Yo he visto a Yavé sentado en su trono, y a su derecha y a su izquierda estaba todo el ejército de los cielos»; 19y Yavé dijo: «¿Quién inducirá a Ajab, rey de Israel, a que suba, para caer en Ramot Galad?» Y uno decía una cosa, y otro decía otra; 20pero salió un espíritu, que se puso delante de Yavé y dijo: Yo le induciré. Y Yavé le preguntó: ¿Cómo? Y él dijo: 21Saldré y me haré espíritu de mentira en la boca de todos sus profetas. Y Yavé le dijo: Tú le inducirás; tú saldrás con la tuya; ve, y haz así. 22Y ahora ha puesto Yavé el espíritu de mentira en la boca de todos éstos, tus profetas, pues ha decretado Yavé el mal contra ti». 23Entonces Sedecías, hijo de Quenana, se llegó a Miqueas y le dió una bofetada en la mejilla, diciendo: «¿Por qué camino se ha ido de mí el espíritu de Yavé, para hablarte a ti?» 24Y Miqueas le respondió: «Ya lo verás un día, cuando andes de cámara en cámara para esconderte».
25Entonces el rey de Israel dijo: «Coged a Miqueas y llevadlo a Amón, gobernador de la ciudad, y a Joás, hijo del rey, 26 y decid: Ésto dice el rey. Meted a éste en la cárcel, y mantenedle con pan de aflicción y agua de angustia, hasta que yo vuelva en paz». 27Miqueas le dijo: «Si vuelves tú en paz, no ha hablado Yavé por mí». Y añadió: «Oíd, pueblo todo, y sed testigos».
28Subió, pues, el rey de Israel, y con él Josafat, rey de Judá a Ramot Galad; 29y dijo el rey de Israel a Josafat: «Yo me disfrazaré para entrar en la batalla; tú vístete tus vestiduras». Disfrazóse el rey de Israel y entró así en la batalla. 30El rey de Siria había mandado a los jefes de los carros que con él tenía, diciendo: «No ataquéis a ninguno, ni chico ni grande, sino sólo al rey de Israel». 31Y cuando los jefes de los carros vieron a Josafat, dijeron: «Este es el rey de Israel», y le cercaron para combatirle. Entonces clamó Josafat, y Yavé le socorrió apartándolos Dios de él. 32Los jefes de los carros se percataron de que no era el rey de Israel, y se alejaron de él. 33Entonces disparó un hombre su arco al azar, e hirió al rey de Israel por entre las junturas de la armadura. El rey dijo entonces a su áuriga: «Da la vuelta y sácame del campo, que estoy herido». 34El combate fué encarnizado aquel día y el rey de Israel estuvo en su carro hasta la tarde frente a los sirios, muriendo a la puesta del sol.


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  • 1 Josafat, a pesar de su piedad y su celo por continuar la reforma religiosa de su padre,Asa, inicia las relaciones amistosas entre Israel y Judá y se alia con Ajab, siendo por ello reprendido por los profetas Miqueas y Jehú. Es curiosa la forma literaria en que se nos presenta la inducción a Acab para que vaya a atacar a Ramot Galad, donde hallará la muerte.(Volver a Lectura).




19 1Josafat, rey de Judá, se volvió en paz a su casa, a Jerusalén. 2Salióle al encuentro Jehú, el vidente, hijo de Jananí, que dijo a Josafat: «¿Socorres al impío y ayudas a los que aborrecen a Yavé? Por eso Yavé está irritado contra ti. 3Pero hay en ti buenas obras, porque has arrancado de la tierra los aseras, y has puesto tu corazón en buscar a Yavé».


Reformas en la administración de justicia

4Habitaba Josafat en Jerusalén; pero salió a recorrer el reino desde Berseba hasta la montaña de Efraím, para traerlos a todos a Yavé, el Dios de sus padres. 5Puso en la tierra jueces por todas las ciudades fuertes de Judá, por todos los lugares, 6y les dijo: «Mirad lo que hacéis, porque no juzgáis en lugar de hombres, sino en lugar de Yavé, que está cerca de vosotros cuando sentenciáis.

7Sea, pues, sobre vosotros el temor de Yavé, y cuidad de guardarlo; porque no hay en Yavé, nuestro Dios, iniquidad ni acepción de personas, ni recibir cohecho». 8Puso también Josafat en Jerusalén levitas, sacerdotes y jefes de las familias de Israel, para que diesen a los habitantes el juicio de Yavé, y decidiesen las causas. 9Les dió sus órdenes, diciendo: «Haced en todo con temor de Yavé, fielmente y con corazón perfecto. 10En toda causa que venga a vosotros, de vuestros hermanos que habitan en las ciudades, trátese de causas de sangre, de cuestiones de la ley, de los mandamientos, ceremonias y preceptos, instruidlos, para que no pequen contra Yavé y caiga su cólera sobre vosotros y sobre vuestros hermanos, y así no pecaréis. 11Amarías, sacerdote, os presidirá en toda causa tocante a Yavé; y Zebadías, hijo de Ismael, príncipe de la casa de Judá, en las causas tocantes al rey; tenéis entre vosotros a los levitas, que serán vuestros maestros. Esforzaos, pues, y a la obra, y que Yavé sea con quien bien lo haga.


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  • 1 Estos versículos (1-3) expresan el jucio de los profetas sobre la conducta de Josafat, que tan malas consecuencias había de traer para Judá, no obstante las buenas intenciones del rey de cortar de raíz las guerras fratricidas y fortalecer el poderío del pueblo israelita contra los pueblos vecinos. Sobre este profeta, cf. 16,7 y 1 Re 16,1.(Volver a Lectura).




Victoria de Josafat contra moabitas y amonitas

20 1Después de esto, los hijos de Moab y los hijos de Ammón y algunos mineos vinieron en guerra contra Josafat. 2Dieron noticia a Josafat, diciendo: «Viene contra ti,desde el otro lado del mar, una gran muchedumbre de Edom y están ya en Jasasón Tamar, que es Engadi». 3En su temor, se dispuso Josafat a buscar a Yavé y promulgó un ayuno para todo Judá. 4Reuniéronse los de Judá para clamar a Yavé, y vinieron para buscar a Yavé de todas las ciudades de Judá. 5Puesto entonces en pie Josafat, en medio de la asamblea de Judá en Jerusalén, en la casa de Yavé, delante del atrio nuevo, 6dijo: «Yavé, Dios de nuestros padres: ¿No eres tú Dios en los cielos, y no eres tú quien domina a todos los reinos de las gentes? ¿No eres tú quien tiene en su mano la fuerza y la potencia, a que nadie puede resistir? 7¡Dios nuestro! ¿No arrojaste tú delante de tu pueblo Israel a los moradores de esta tierra, y la diste para siempre a la posteridad de Abraham que te amaba? 8Ellos la habitan, y han edificado a tu nombre un santuario, diciendo: 9Si nos sobreviene alguna calamidad, la espada, el castigo, la peste o el hambre, nos presentaremos en esta casa delante de ti, pues tu nombre está en esta casa, y clamaremos a ti en la tribulación, y tú nos oirás y nos salvarás. 10Ahora, pues, he aquí que los hijos de Ammón y los de Moab, y los del monte Seir, a cuyas tierras no dejaste que fuese Israel cuando venía de Egipto, sino que se apartase y no los destruyese, 11nos pagan ahora queriendo echarnos de tu heredad, que tú nos diste en posesión. 12¡Oh Dios nuestro! ¿No los juzgarás tú? Porque nosotros no tenemos fuerza contra tanta muchedumbre como, contra nosotros viene, y no sabemos qué hacer; nuestros ojos se vuelven a ti».
13Todo Judá estaba en pie delante de Yavé, con sus niños, sus mujeres y sus hijos. 14Estaba allí Jajaziel, hijo de Zacarías, hijo de Benaya, hijo de Jeiel, hijo de Matanías, levita, de los hijos de Asaf, sobre quien vino el espíritu de Yavé en medio de la asamblea, 15y dijo: «Oíd, Judá todo, y vosotros los moradores de Jerusalén, y tú, rey Josafat: Así dice Yavé: No temáis, ni os amedrentéis ante tan gran muchedumbre, porque no es vuestra la guerra, sino de Dios. 16Mañana bajaréis contra ellos; ellos van a subir por la cuesta de Abis, y los hallaréis al extremo del valle, frente al desierto de Jeruel. 17No habrá por qué peleéis en esto vosotros; paraos, estaos quedos, y veréis la salvación de Yavé con vosotros. ¡Oh Judá y Jerusalén, no temáis, ni desmayéis; salid mañana contra ellos, que Yavé estará con vosotros!»
18Echóse entonces Josafat rostro a tierra, y todo Judá y todos los moradores de Jerusalén se postraron ante Yavé, adorándole. 19Los levitas de los hijos de Caat y de los hijos de Coré se levantaron, para alabar a Yavé, Dios de Israel, con fuerte y alta voz.

20Levantáronse por la mañana y salieron por el desierto de Tecua; y mientras salían, Josafat, en pie, dijo: «Oídme, Judá y habitantes de Jerusalén. Confiad en Yavé, vuestro Dios, y seréis seguros; creed a sus profetas y prosperaréis». 21Después, habido consejo con el pueblo, puso cantores de Yavé para alabar la hermosura de su santuario delante del ejercito:
«Alabad a Yavé, porque es eterna su misericordia».
22Y en cuanto comenzaron los cantos y alabanzas, arrojó Yavé, discordia sobre Ammón, Moab y los del monte Seir, que habían venido contra Judá, y se mataron unos a otros. 23Echáronse los hijos de Ammón y Moab sobre los moradores del monte Seir, para destruirlos y exterminarlos; y cuando hubieron acabado con los habitantes del monte Seir, unos a otros se destruían. 24Cuando Judá llegó a la altura desde la cual se descubre el desierto, y miraron del lado donde estaba la muchedumbre, no vieron más que cadáveres por tierra; ninguno había escapado. 25Josafat y su gente fueron a apoderarse de los despojos, hallando entre los cadáveres muchas riquezas y objetos preciosos; cogiendo tantos, que no pudieron llevárselo todo de una vez y emplearon tres días en recoger el botín; tan considerable fué. 26Al cuarto día, se reunieron en el valle de Beraca, donde alabaron a Yavé. Por eso llamaron a este valle Beraca, nombre que lleva todavía hoy.
27Los hombres de Judá y de Jerusalén, con Josafat a la cabeza, partieron gozosos para volverse a Jerusalén, pues Yavé los había llenado de alegría, librándolos de sus enemigos. 28Entraron en Jerusalén, en la casa de Yavé, al son de las cítaras, los salterios y las trompetas. 29El terror de Yavé se apoderó de todos los reinos de las otras tierras, cuando supieron que Yavé había combatido contra los enemigos de Israel. 30El reinado de Josafat fué tranquilo y su Dios le dió la paz en todas partes.
31Josafat reinó sobre Judá. Tenía treinta y cinco años cuando comenzó a reinar, y reinó veinticinco años en Jerusalén. Su madre se llamaba Azuba, hija de Silji. 32Anduvo por el camino de Asa, su padre, sin apartarse de él, haciendo lo recto a los ojos de Yavé. 33Pero los altos no desaparecieron y el pueblo no tenía su corazón firmemente apegado al Dios de sus padres.
34El resto de los hechos de Josafat, los primeros y los postreros, están escritos en la historia de Jehú, hijo de Jananí, que fué inserta en el libro de los reyes de Israel. 35Josafat, rey de Judá, se alió con el rey de Israel, Ocozías, que fué un impío, 36y se asoció con él para construir naves que fueron a Tarsis, haciéndose las naves en Asion-Gueber. 37Entonces Eliezer, hijo de Dodava, de Maresa, profetizó contra Josafat, diciendo: «Por haberte asociado con Ocozías, Yavé destruirá tu obra». Las naves se destrozaron y no pudieron ir a Tarsis.


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  • 1 Todo este capítulo es propio del cronista, que nos ofrece esta gran victoria de Josafat, obtenida no con las armas de sus numerosos soldados (17,10), sino con los cánticos de los levitas en alabanza de Yavé. Dios hizo que los amonitas y moabitas se destruyesen unos a otros, no dejando a Josafat y a su pueblo otro trabajo que el de recoger el rico botín que los enemigos les dejaron en el campo (cf. 2 Re 3). Sobre la flota de Asiongaber, cf. 1 Re 22,49.(Volver a Lectura).




21 1Josafat se durmió con sus padres, y fué sepultado en la ciudad de David. Le sucedió Joram, su hijo.

Joram, rey de Judá

2Joram, hijo de Josafat, tuvo por hermanos a Azarías, Jejiel, Zacarías, Azarías, Micael y Sefatías, todos hijos de Josafat, rey de Israel. 3Habíales hecho su padre grandes donaciones de plata, oro y objetos preciosos, con ciudades fuertes en Judá; pero dejó el reino a Joram, por ser el primogénito. 4Cuando Joram se posesionó del reino y se afirmó en él, pasó a cuchillo a todos sus hermanos y a algunos jefes de Israel. 5Tenía Joram treinta y dos años cuando comenzó a reinar, y reinó ocho años en Jerusalén. 6Anduvo por los caminos de los reyes de Israel; como había hecho la casa de Ajab, pues tuvo por mujer a una hija de Ajab, e hizo lo malo a los ojos de Yavé. 7Pero no quiso Yavé destruir la casa de David, por la alianza que había hecho con David y la promesa que le hizo de darle siempre una lámpara a él y a sus hijos.
8En su tiempo se rebeló Edom contra el dominio de Judá, y se dió un rey. 9Marchó Joram con sus jefes y todos sus carros, y levantándose de noche derrotó a los de Edom, que le tenían cercado a él y a los jefes de sus carros. 10Sin embargo, la rebelión de Edom contra el dominio de Judá dura hasta hoy.

También se rebeló contra su dominio Lobna, porque había dejado a Yavé, Dios de sus padres. 11Joram se hizo altos en los montes de Judá, incitó a los habitantes de Jerusalén a la prostitución idolátrica, e impelió a ella a Judá. 12Recibió un escrito del profeta Elías, que decía: «He aquí lo que dice Yavé, Dios de tus padres: «Por no haber andado por los caminos de Josafat, tu padre, ni por los de Asa, rey de Judá, 13antes bien por los de los reyes de Israel; por haber hecho fornicar a Judá y a los moradores de Jerusalén, como fornica la casa de Ajab, y por haber dado muerte a tus hermanos, a la casa de tu padre, que eran mejores que tú, 14Yavé castigará a tu pueblo con una plaga muy grande, y a tus hijos y a tus mujeres y a tu hacienda, 16y a ti con una violenta enfermedad, con enfermedad de tus entrañas, que aumentará de día en día, hasta que las entrañas se te salgan por la fuerza del mal».
16Despertó entonces Yavé contra Joram el espíritu de los filisteos y de los árabes, que habitan cerca de los etíopes; 17los cuales subieron contra Judá, invadieron la tierra y pillaron toda la hacienda que hallaron de la casa del rey, y se llevaron a sus hijos y a sus mujeres, no quedándole otro hijo que Joacaz, el menor de todos. 18Después de esto, le hirió a él Yavé en las entrañas de una enfermedad incurable, 19que fué creciendo de día en día, hasta que al fin del año segundo se le salieron a Joram las entrañas, por la violencia del mal. Murió en medio de los más acerbos dolores, y su pueblo no quemó perfumes en su honor, como lo había hecho con sus padres.
20Treinta y dos años tenía cuando comenzó a reinar, y reinó ocho años en JerusaJén. Se fué sin ser llorado de nadie, y le sepultaron en la ciudad de David, pero no en los sepulcros de los reyes.


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  • 1 Esta introducción a la historia de Joram concuerda en el fondo con la de 2 Re 8,16-19. La matanza de sus hermanos no desdice nada de las costumbres orientales (cf. 2 Re II,I).(Volver a Lectura).

  • 8 La rebelión de Edom se lee con alguna variante en 2 Re 8,20 ss.(Volver a Lectura).

  • 11 Al piadoso Josafat le sucede un hijo impío, Joram, que destruye todo cuanto su padre había hecho por reformar religiosamente a Judá. Lo mismo ocurre luego al suceder a Ezequías su hijo Manasés, siendo esto muestra de que las varias reformas religiosas tuvieron más de externas y políticas que de internas y religiosas. A Joram le envía el profeta Elías una carta reprochándole su impía conducta y anunciándole severos castigos contra él y su casa.(Volver a Lectura).

  • 12 La carta de Elias denuncia la justicia de Yavé contra Joram por todos los crímenes que había cometido. La conocemos sólo por el cronista.(Volver a Lectura).

  • 16 Los filisteos y los árabes no vienen unidos, sino cada uno de su parte. Estos árabes, vecinos de los cusitas, sin duda los de Zerac, vencidos por Asa (14,0 ss.), vienen, según costumbre, de algara, y en un golpe atrevido llegan hasta Jerusalén, llevándose de ella bienes y personas. Nada tiene de extraño que los males del rey se agravasen. Así se cumplía la justicia intimada por el profeta en su carta.(Volver a Lectura).




Ocozías, rey de Judá, muere a manos de Jehú

22 1Los habitantes de Jerusalén proclamaron sucesor de Joram a Ocozías, el menor de sus hijos, porque la tropa que había venido al campo con los árabes había dado muerte a todos los mayores que él. Así, Ocozías, hijo de Joram, fué rey de Judá. 2Tenía Ocozías veintidós años cuando comenzó a reinar, y reinó un año en Jerusalén. Su madre se llamaba Atalía, hija de Omrí.
3Anduvo por los caminos de la casa de Ajab, pues su madre le aconsejaba impíamente. 4Hizo lo malo a los ojos de Yavé, como la casa de Ajab, que después de la muerte de su padre le sirvió de consejero para su perdición. 5Llevado de sus consejos, fué con Joram, hijo de Ajab, rey de Israel, a la guerra contra Jazael, rey de Siria, a Ramot Galad, y los sirios hirieron a Joram. 6Volvióse éste a Jezrael para curar las heridas que los sirios le habían hecho en Rama, cuando luchaba contra Jazael, rey de Siria. Bajó Ocozías a ver a Jorani, hijo de Ajab, a Jezreel, donde estaba herido; 7y por voluntad de Dios, para su ruina, bajó Ocozías a ver a Joram; pues llegado allí, salió con Joram al encuentro de Jehú, hijo de Nimsi, a quien Yavé había ungido para exterminar a la casa de Ajab;

8y mientras Jehú hacía justicia con la casa de Ajab, dió con los jefes de Judá y con los hijos de los hermanos de Ocozías, que estaban al servicio de Ocozías, y los mató; 9buscó a Ocozías, que fué hallado en Samaría, donde se había escondido; y le cogieron y llevaron a Jehú, que le dió muerte; sepultáronle, porque dijeron: «Es hijo de Josafat, que buscó a Yavé de todo corazón».


Atalía, reina de Judá

No quedaba de la casa de Ocozías persona en edad de reinar: 10y Atalía, madre de Ocozías, viendo que era muerto su hijo, se alzó y exterminó a toda la estirpe real de la casa de Judá; 11pero Josebet, hija del rey, cogió a Joás, hijo de Ocozías, y le arrebató de en medio de los hijos del rey cuando los mataban, escondiéndole a él y a su nodriza en el dormitorio. Así Josebet, hija del rey Joram, mujer del sacerdote Joyada y hermana de Ocozías, le escondió de Atalía, que no pudo matarle. 12Seis años estuvo escondido con ellos en la casa de Dios, y era en tanto Atalía la que reinaba en la tierra.


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  • 1 La historia, o mejor la muerte, de Ocozías es un resumen de 2 Re 9.(Volver a Lectura).

  • 12 La impía Atalía, de origen fenicio, está a punto de extinguir la dinastía davídica. pero Dios asegura la sucesión y la transmisión de las promesas mesiánicas hechas a David, salvando al niño Joás.(Volver a Lectura).




Proclamación de Joás. Muerte de Atalía

23 1Al séptimo año revistióse Joyada de valor, y se concertó con los jefes de centenas: Azarías, hijo de Jerojam, Ismael, hijo de Jojanán, Azarías, hijo de Obed, Masaya, hijo de Adaya, y Elisafat, hijo de Zierí. 2Recorrieron Judá y reunieron a los levitas de todas las ciudades de Judá, y a los jefes de las familias de Israel, que vinieron a Jerusalén; 3y toda la asamblea hizo alianza con el rey en la casa de Dios. Joyada les dijo: «Ahí tenéis al hijo del rey, que reinará, como lo ha dicho Yavé, de los hijos de David. 4Mirad lo que habéis de hacer. El tercio de vosotros, que el día del sábado entra de servicio con los sacerdotes y levitas, hará la guardia en los atrios; 6otro tercio estará en el palacio del rey, y el otro en la puerta de Jesod. Todo el pueblo se reunirá en el atrio de la casa de Yavé. 6Que no entre ni salga nadie de la casa de Yavé, fuera de los sacerdotes y levitas que están de servicio; éstos podrán entrar, porque están consagrados. 7Todo el pueblo hará la guardia de Yavé, y los levitas rodearán al rey por todas partes; cada uno tendrá las armas en su mano, y quienquiera que entrare en la casa, morirá. Estaréis con el rey cuando éste entre y salga».
8Los levitas y todo Judá hicieron todo lo que el sacerdote Joyada había mandado; y cada uno tomó a los suyos, los que entraban en servicio y los que salían de servicio el sábado, pues el sacerdote Joyada no exceptuó a ninguna de las divisiones. 9El sacerdote Joyada entregó a los jefes de centenas las lanzas y los escudos, grandes y pequeños, que provenían del rey David y se hallaban en la casa de Dios. 10Hizo que rodeasen al rey, poniendo a todo el pueblo cada uno con las armas en la mano, desde el lado derecho hasta el lado izquierdo de la casa, junto al altar y por toda la casa; 11y adelantando al hijo del rey, pusieron sobre su cabeza la diadema y el testimonio, y le proclamaron rey.

Joyada y sus hijos le ungieron, y gritaron: «¡Viva el rey!»
12Atalía oyó el estrépito del pueblo, que corría y aclamaba al rey; vino a donde estaba el pueblo en la casa de Yavé, 13y miró. Estaba el rey sentado en su estrado, a la entrada, y los jefes y las trompetas estaban junto al rey; y todo el pueblo de la tierra daba muestras de gran alegría, y sonaban las trompetas, y los cantores con los instrumentos de música entonaban cánticos de alabanza. Atalía rasgó sus vestiduras y gritó: «¡Conspiración, conspiración!» 14Entonces el sacerdote Joyada, llamando a los jefes de centena que estaban al frente de las tropas, les dijo: «Sacadla de las filas, y a quienquiera que la siga le matáis». Pues el sacerdote dijo: «No la matéis en la casa de Yavé». 15Hízosele lugar, y se encaminó al palacio real por la entrada de la puerta de los caballos, y allí la mataron. 16Joyada hizo alianza entre Yavé, el pueblo todo y el rey, de ser el pueblo de Yavé. 17Después de esto entró todo el pueblo en el templo de Baal y lo derribaron, echando por tierra sus altares, haciendo pedazos sus imágenes, y mataron delante del altar a Matan, sacerdote de Baal.
18Luego ordenó Joyada los oficios en la casa de Yavé, por mano de los sacerdotes y levitas, según la ordenación hecha por David en la casa de Yavé, para ofrecer a Yavé holocaustos, como está escrito en la ley de Moisés, en medio de cantos de júbilo, conforme a la ordenación de David. 19Puso también los porteros a las puertas de la casa de Yavé, para que por ninguna entrase ningún inmundo. 20Y tomando luego a los jefes de centena, a los jefes del pueblo y al pueblo todo de la tierra, llevaron al rey de la casa de Yavé; y llegados al medio de la puerta principal de la casa del rey, sentaron al rey sobre el trono del reino. 21Todo el pueblo de la tierra estaba lleno de júbilo, y la ciudad se estuvo tranquila. Atalía había sido muerta a espada.


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  • 1 Este capítulo corresponde a 2 Re 11,4-12, donde nos cuenta el golpe de Estado organizado por el sumo sacerdote Joyada para instalar al niño Joás en el trono de David.(Volver a Lectura).

  • 17 El sacerdote Joyada renueva la alianza de Yavé con el pueblo, de ser éste el pueblo de Yavé.(Volver a Lectura).




Joás, rey de Judá

24 1Siete años tenía Joás cuando comenzó a reinar, y reinó cuarenta años en Jerusalén. Su madre se llamaba Sibyá, de Berseba.
2 Hizo Joás lo que es recto a los ojos de Yavé, todo el tiempo de vida del sacerdote Joyada. 3Joyada tomó para Joás dos mujeres, y Joás engendró hijo e hijas.
4Después de esto vino a Joás el pensamiento de reparar la casa de Yavé: 5y reuniendo a los sacerdotes y levitas, les dijo: «Salid por todas las ciudades de Judá, y recoged cada año, de todo Israel, dinero para reparar la casa de vuestro Dios, y poned en esto gran diligencia». Pero los levitas no se dieron prisa; 6y llamando el rey a Joyada, sumo sacerdote, le dijo: «¿Por qué no has cuidado de que los levitas trajesen de Judá y de Jerusalén el tributo impuesto por Moisés, siervo de Dios, a toda la congregación de Israel, para el tabernáculo del testimonio? 7Pues la impía Atalía y sus hijos han saqueado la casa de Dios, empleando para servir a los baales todo lo consagrado a la casa de Yavé».
8Mandó entonces el rey que se hiciera un arca, y la pusieran fuera a la entrada de la casa de Yavé; 9y se pregonó por Judá y Jerusalén que trajesen a Yavé el tributo que Moisés, siervo de Dios, había impuesto a Israel en el desierto. 10Todos los jefes y el pueblo todo se complacieron en ello, y traían y echaban en el arca lo que había de pagarse. 11En el momento oportuno, cuando los levitas veían que en el arca había mucho dinero, que había que entregar a los intendentes del rey, el secretario del rey y el comisario del sumo sacerdote venían a vaciar el arca, y luego volvían a ponerla en su sitio, haciendo así todos los días y recogiendo dinero en abundancia.
12El rey y Joyada se lo entregaban a los encargados de hacer las obras en la casa de Yavé, para pagar a los canteros y carpinteros, para la reparación de la casa de Yavé, así como a los herreros y broncistas para reparar la casa de Yavé.
13Los oficiales trabajaron e hicieron las reparaciones necesarias, restituyendo a su estado la casa de Dios y consolidándola. 14Cuando se terminaron las obras, llevaron al rey y a Joyada el resto del dinero, y de él se hicieron utensilios para la casa de Yavé, los utensilios para el servicio, para los holocaustos, copas y otros utensilios de oro y de plata. Durante toda la vida de Joyada se ofrecieron continuamente holocaustos en la casa de Yavé.

15Murió Joyada viejo y harto de días; tenía al morir ciento treinta años. 16Fué sepultado en la ciudad de David, con los reyes, pues había hecho mucho bien a Israel, y por Yavé y su casa.


Idolatría y castigos

17Después de la muerte de Joyada, comenzaron los príncipes a adular al rey, y éste los escuchó, 18y dejando la casa de Yavé, Dios de sus padres, sirvieron a los aseraa y a los ídolos; y vino la ira de Dios sobre Judá y sobre Jerusalén, porque se habían hecho culpables. 19Yavé les mandó profetas para reducirlos a él, pero no escucharon sus protestaciones. 20El espíritu de Dios descendió sobre Zacarías, hijo del sacerdote Joyada, que presentándose ante el pueblo, dijo: «Así habla Dios: ¿Por qué quebrantáis los mandamientos de Yavé? No os vendrá bien por ello, pues si vosotros dejáis a Yavé, Yavé os dejará a vosotros». 21Conjuráronse contra él, y de orden del rey le lapidaron en el atrio de la casa de Yavé. 22No se acordó el rey Joás del bien que le había hecho Joyada, padre de Zacarías, y dió muerte a su hijo. Zacarías dijo al morir: «Vea Yavé, y él lo requiera».
23A la vuelta del año, subió contra él el ejército de Siria, que vino a Judá y Jerusalén. Mataron de entre el pueblo a todos los príncipes de él, y llevaron todos sus despojos al rey de Damasco. 24El ejército de Siria había venido con poca gente; pero Yavé entregó en sus manos un ejército muy considerable, porque habían abandonado a Yavé, Dios de sus padres. 25Los sirios hicieron justicia en Joás; y una vez que se retiraron, dejándole en gran dolor, conspiraron contra él sus servidores, para vengar la sangre de los hijos de Joyada, sacerdote, y le dieron muerte en su lecho. Murió, y fué sepultado en la ciudad de David, mas no en los sepulcros de los reyes. 26Los que conspiraron contra él fueron Zabud, hijo de Simat, amonita, y Jozabad, hijo de Simrit, moabita.
27Lo que toca a sus hijos, a las grandes cargas que hubo de soportar y a las reparaciones hechas en la casa de Dios, escrito está en las historias de los libros de los reyes. Le sucedió Amasías, su hijo.


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  • 1 El comienzo del reinado de Joás, igual que en 2 Re 12,1 ss.(Volver a Lectura).

  • 4 Joás encarga a los sacerdotes la reparación del templo, que había sufrido mucho en la época de Atalía, como en 1 Re 12,4-6 se cuenta.(Volver a Lectura).

  • 8 Ambos textos están conformes en declarar el poco celo de los sacerdotes y levitas para promover las obras del santuario, por lo cual el rey mandó colocar en el templo un arca en que se recogieran las ofrendas de los fieles (cf. 2 Re 12,7-16).(Volver a Lectura).

  • 9 Puede referirse al rescate impuesto en Ex 30,11-16 y aludido en 38,25.(Volver a Lectura).

  • 20 Zacarías, hijo de Joyada, es el profeta a quien se refiere Cristo Nuestro Señor en Mt. 23,35. Según San Jerónimo, en el Evangelio de los nazarenos se leía hijo de Joyada, en vez de hijo de Baraquías, como se dice en este lugar.(Volver a Lectura).

  • 23 La palabra del profeta se cumplió, y los sirios fueron los instrumentos de ella. En substancia, lo mismo se nos cuenta en 2 Re 12,16-21.(Volver a Lectura).




Amasías, rey de Judá

25 1Veinticinco años tenía Amasías cuando comenzó a reinar, y reinó veintinueve años en Jerusalén. Su madre se llamaba Joadán, de Jerusalén.
2Hizo lo recto a los ojos de Yavé, pero no con un corazón perfecto del todo. 3Luego que se afirmó en el trono, dió muerte a los siervos que habían asesinado a su padre, 4pero no mató a sus hijos; conforme a lo que está escrito en la ley, en el libro de Moisés, donde manda Yavé: «No morirán los padres por los hijos, ni los hijos por los padres, sino que cada uno morirá por su pecado».
5Reunió Amasías a Judá y constituyó según las casas paternas, jefes de millares y de centenas, por todas las ciudades de Judá y Benjamín. Hizo el censo desde los veinte años arriba, y fueron hallados trescientos mil aptos para la guerra, armados de lanza y escudo. 6Tomó de Israel a sueldo cien mil hombres valientes, por cien talentos de plata. 7Vino a él un hombre de Dios y le dijo: «¡Oh rey! Que no vaya contigo el ejército de Israel, pues no está Yavé con Israel, con todos esos hijos de Efraím. 8Si vas con ellos, aunque tú hagas en el combate esfuerzos de valor, Dios te hará caer ante el enemigo, porque tiene Dios poder para levantar y para derribar». 9Amasías dijo entonces al hombre de Dios: «¿Qué será, pues, de los cien talentos que he entregado a las tropas de Israel?» Y el hombre de Dios le respondió: Mucho más que eso puede darte Yavé». 10Entonces Amasías apartó la tropa que había venido de Efraím, para que se volvieran a sus casas; ellos se irritaron fuertemente contra Judá, y se volvieron a sus casas enfurecidos. 11Amasías se esforzó, y a la cabeza de su pueblo vino al valle de la sal, y deshizo a diez mil hombres de los hijos de Seir. 12Los hijos de Judá apresaron vivos a diez mil, y llevándolos a la cresta de una roca los despeñaron, y todos se hicieron pedazos.
13Los de la tropa que Amasías había despedido, para que no fuesen con él a la guerra, se derramaron por las ciudades de Judá, desde Samaría hasta Betorón, y mataron a tres mil personas y tomaron muchos despojos.

14Al regresar Amasías, de la derrota de los edomitas, trajo también consigo los dioses de los hijos de Seir, y se los puso por dioses, prosternándose ante ellos y quemándoles perfumes. 15Encendióse el furor de Yavé contra Amasías, y le mandó un profeta que le dijo: «¿Por qué has buscado los dioses de esas gentes, que no pudieron librar a su pueblo de tus manos?» 16Cuando esto le dijo el profeta, respondió él: «¿Y quién te ha hecho a ti consejero del rey? ¿Es que quieres que te maten?» El profeta se retiró, diciendo: «Yo sé que Dios ha decretado destruirte, por haber hecho eso y no haber escuchado mi advertencia».
17Amasías, después de haber tenido consejo, mandó a decir a Joás, hijo de Joacaz, hijo de Jehú, rey de Israel: «Ven, que nos veamos las caras». 18Entonces Joás, rey de Israel, envió a decir a Amasías, rey de Judá: «El cardo del Líbano mandó a decir al cedro del Líbano: da tu hija por mujer a mi hijo. Pero vinieron las fieras del Líbano, pisaron y hollaron el cardo. 19Tú te dices: he derrotado a Edom; y tu corazón se ha ensoberbecido. Quédate en tu casa. ¿Para qué has de meterte en una empresa desgraciada, que será tu ruina y la ruina de Judá?» 20Pero Amasías no le escuchó, porque había resuelto Dios entregarle en sus manos, por haber buscado a los dioses de Edom.
21Subió, pues, Joás, rey de Israel, y viéronse las caras él y Amasías, rey de Judá, en Betsames, que está en Judá; 22y cayó Judá delante de Israel, y huyeron cada uno a su casa. 23Joás, rey de Israel, apresó en Betsames a Amasías, rey de Judá, hijo de Joás, hijo de Joacaz, y le llevó a Jerusalén, donde abrió una brecha de cuatrocientos codos, desde la puerta de Efraím hasta la puerta de la esquina. 24Tomó el oro y la plata y todos los vasos sagrados que había en la casa de Dios al cuidado de Obededom, y los tesoros del palacio real, y a los hijos de los príncipes, y se volvió a Samaría.
25Amasías, hijo de Joás, rey de Judá, vivió quince años después de la muerte de Joás, hijo de Ocozías, rey de Israel.
26El resto de los hechos de Amasías, los primeros y los postreros, ¿no está escrito en el libro de los reyes de Judá y de Israel? 27Después que Amasías se apartó de Yavé, tramaron una conjuración contra él en Jerusalén; y como huyera a Laquis, mandaron tras él a Laquis los conjurados, y le mataron allí. 28Trajéronle en caballos, y le sepultaron con sus padres en la ciudad de David.


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  • 1 La introducción del reinado de Amasías, como en 2 Re 14,1-6.(Volver a Lectura).

  • 5 Esta guerra contra los edomitas (5-16) es la ampliación de la breve noticia contenida en 2 Re 14,7.(Volver a Lectura).

  • 14 Este hecho de Amasias muestra la arraigada tendencia de los israelitas a la idolatría.(Volver a Lectura).

  • 17 Esta lucha de Amasías con Joás y el fin de aquél se cuenta de igual modo en 2 Re 14,8-14; 17,20.(Volver a Lectura).




Ozías, rey de Judá

26 1Todo el pueblo de Judá tomó a Ozías, de edad de dieciséis años, y le puso por rey en lugar de su padre, Amasías. 2Ozías reconstruyó Elat y la restituyó al dominio de Judá, después que el rey se durmió con sus padres. 3Dieciséis años tenía Ozías cuando comenzó a reinar, y reinó cincuenta y dos años en Jerusalén. Su madre se llamaba Jecolía, de Jerusalén. 4Hizo lo recto a los ojos de Yavé, enteramente como lo había hecho Amasías, su padre. 5Se dió a buscar a Yavé durante la vida de Zacarías, que le educó en el temor de Dios; y mientras él buscó a Yavé, Dios le protegió. 6Tuvo guerra contra los filisteos, y derribó las murallas de Get, las de Jabne y las de Azoto, y reconstruyó ciudades en el territorio de Azoto y en el de los filisteos. 7Dios le ayudó contra los filisteos, contra los árabes, que habitaban en Gur Baal, y contra los míneos.
8Los amonitas traían presentes a Ozías, y su fama se extendió hasta las fronteras de Egipto, pues llegó a ser muy poderoso. 9Alzó en Jerusalén torres en la puerta de la esquina, y las fortificó. 10Construyó torres en el desierto y excavó muchas cisternas, porque tenía muchos ganados en los valles y en el llano, y labradores y viñadores en la montaña y en el Carmel, pues era muy aficionado a la agricultura. 11Tuvo un ejército de soldados, que iban a la guerra por bandas, contadas según el censo que de ellas hicieron el secretario Jeiel y el comisario Maseya, a las órdenes de Jananía, uno de lo jefes del rey. 12El número total de los jefes de casas paternas, de guerreros valientes, era de dos mil setecientos, 13que mandaban un ejército de trescientos siete mil cinco soldados, capaces de sostener al rey contra el enemigo.

14Ozías proveyó a todo el ejercito de escudos, lanzas, cascos, corazas, arcos y hondas. 15Construyó en Jerusalén máquinas inventadas por un ingeniero, destinadas a las torres y a los ángulos, para lanzar flechas y gruesas piedras. Su fama se extendió lejos, porque supo ayudarse maravillosamente hasta llegar a ser fuerte. 16Mas cuando se hubo fortalecido, se ensoberbeció su corazón hasta corromperse, y se rebeló contra Yavé, su Dios, entrando en el templo de Yavé para quemar incienso en el altar de los perfumes. 17El sacerdote Azarías entró tras él con ochenta sacerdotes de Yavé, hombres valerosos, 18que se opusieron al rey Ozías, y le dijeron: «Tú, Ozías, no tienes derecho a ofrecer perfumes a Yavé. Eso pertenece a los sacerdotes, hijos de Arón, que han sido consagrados para ello. Sal del santuario, porque estás prevaricando, y no le será esto de honor ante Yavé, Dios. 19Enfurecióse Ozías, que tenía un incensario en la mano; y en ésta su ira contra los sacerdotes, brotó la lepra en su frente, en presencia de los sacerdotes, en la casa de Yavé, cerca del altar de los perfumes. 20El sumo sacerdote, Azarías, y todos los sacerdotes, pusieron en él sus ojos, vieron la lepra sobre su frente, y le arrojaron precipitadamente fuera. El mismo apresuróse a salir, porque le había herido Yavé. 21El rey Ozías fué leproso hasta el día de su muerte, y vivió apartado en una casa, excluido de la casa de Yavé. Jotán, su hijo, estaba al frente de la casa del rey, y juzgaba al pueblo de la tierra.
22El resto de los hechos de Ozías, los primeros y los postreros, fué escrito por Isaías, hijo de Amos, profeta.
23Ozías se durmió con sus padres, y fué sepultado en el campo de los sepulcros, no con los reyes de Israel, por ser leproso. Le sucedió Jotán, su hijo.


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  • 1 La introducción a la historia de Ozías o Azarías (1,5) corresponde al relato de 2 Re 14,21 s.; 15,2-7. La mención de esta ayuda de Yavé contra los árabes y los míneos prueba que eran frecuentes por estos tiempos las algaras que por el sur hacían estos pueblos contra Judá.(Volver a Lectura).

  • 6 Toda esta labor administrativa y militar de Ozías es propia del cronista; la historia de los Reyes nada nos dice de ella.(Volver a Lectura).

  • 17 Los Reyes 15,5ss. nos cuentan la lepra del rey y cómo vivía en una casa aislada; el cronista nos declara que este hecho sucedió por los conatos de Ozías de injerirse en los oficios del sacerdocio (17-23,1).(Volver a Lectura).




Jotán, rey de Judá

27 1Veinticinco años tenía Jotán cuando comenzó a reinar, y reinó dieciséis años en Jerusalén. Su madre se llamaba Jerusa, hija de Sadoc. 2Hizo lo recto a los ojos de Yavé, enteramente como había hecho Ozías, su padre, pero no entró como él en el templo de Yavé. Seguía, sin embargo, la corrupción del pueblo.
3Jotán construyó la puerta superior de la casa de Yavé, e hizo bastantes edificaciones sobre los muros de Ofel.

4Edificó ciudades en la montaña de Judá, y fortalezas y torres en los bosques. 5Hizo la guerra contra el rey de los hijos de Ammón, y los venció. Los hijos de Ammón le entregaron aquel año cien talentos de plata, diez mil coros de trigo y diez mil de cebada, y siguieron pagándole el segundo y el tercer año. 6Jotán llegó a ser poderoso, porque se afirmó en los caminos de Yavé, su Dios. 7El resto de los hechos de Jotán, todas sus guerras, todo cuanto hizo, está escrito en el libro de los reyes de Israél y de Judá. 8Tenía veinticinco años cuando comenzó a reinar, y reinó dieciséis años en Jerusalén. 9Se durmió con sus padres, y fué sepultado en la ciudad de David. Le sucedió Ajaz, su hijo.


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  • 4 La noticia de sus construcciones y de la guerra feliz contra los amonitas no se lee en los Reyes.(Volver a Lectura).




Ajaz, rey de Judá

28 1Veinte años tenía Ajaz cuando comenzó a reinar, y reinó dieciséis años en Jerusalén. No hizo lo recto a los ojos de Yavé, como lo hizo David, su padre. 2Marchó por los caminos de los reyes de Israel, y aun se hizo imágenes fundidas de Baal, 3y quemó perfumes en el valle de los hijos de Hinón, y pasó a sus hijos por el fuego, según las abominaciones de las gentes que Yavé había arrojado ante los hijos de Israel. 4Ofrecía sacrificios y perfumes en los altos, sobre los collados y bajo todo árbol frondoso. 5Yavé, su Dios, le entregó en manos del rey de Siria, y los sirios le derrotaron haciéndole gran número de prisioneros, que se llevaron a Damasco. Fué entregado también en manos del rey de Israel, que le hizo experimentar una gran derrota. 6Pecaj, hijo de Romelía, mató en un solo día, en Judá, a ciento veinte mil hombres, todos valientes, porque habían dejado a Yavé, Dios de sus padres. 7Zicrí, guerrero de Efraím, mató a Maseya, hijo del rey, a Azricam, jefe de la casa del rey, y a Elcana, segundo después del rey. 8Los hijos de Israel hicieron entre sus hermanos doscientos mil prisioneros, mujeres, hijos e hijas, y les hicieron mucho botín, que se llevaron a Samaría.
9Había un profeta de Yavé llamado Obed, que fué al encuentro del ejército, que volvía a Samaría, y les dijo: «Yavé, Dios de vuestros padres, en su cólera contra Judá, los ha entregado en vuestras manos, y vosotros los habéis matado con furor, que ha subido hasta el cielo. 10Ahora queréis hacer de los hijos de Judá vuestros esclavos y vuestras esclavas. Pero vosotros, ¿no sois culpables contra Yavé, vuestro Dios? 11Oídme, pues, y devolved esos cautivos que habéis hecho entre vuestros hermanos, porque os amenaza la cólera encendida de Yavé». 12Algunos de entre los jefes de Efraím, Azarías, hijo de Jojanán, Berequías, hijo de Beselimot, Ezequías, hijo de Salum, y Amasa, hijo de Adlaí, se opusieron a los que venían en el ejército, 13y les dijeron: «No entréis con esos cautivos, porque sería añadir pecados sobre pecados, a los que nosotros hemos cometido contra Yavé. Demasiado culpables somos ya, y la cólera encendida de Yavé está sobre Israel.

14Los soldados abandonaron los cautivos y el botín ante los jefes y ante toda la asamblea, 15y los hombres de que se ha hecho mención tomaron los cautivos, empleando el botín en vestir a los desnudos; les dieron vestidos y calzado, les dieron de comer y de beber, los ungieron; y montando en asnos a los que estaban fatigados, los condujeron a Jericó, la ciudad de las palmas, a sus hermanos, y luego se volvieron a Samaría.
16En aquel tiempo el rey Ajaz mandó a pedir socorros al rey de Asiría. 17Los edomitas volvieron otra vez y derrotaron a Judá, llevándose cautivos. 18Los filisteos invadieron las ciudades del llano y del mediodía de Judá, tomaron a Betsames, Ayalón, Ouederot, Soco y las ciudades de su dependencia, Guimzo y las ciudades de su dependencia, y se establecieron en ellas. 19Así humillaba Yavé a Judá por causa de Ajaz, rey de Israel, que había arrojado la disolución en Judá y pecado contra Yavé. 20Teglat-Falasar, rey de Asiría, vino contra él y le estrechó sin darle respiro.
21Ajaz despojó la casa de Yavé, la del rey y las de los príncipes, para hacer un presente al rey de Asiría, pero no le sirvió de nada. 22A pesar de verse en gran aprieto, el rey Ajaz seguía pecando contra Yavé; 23sacrificaba a los dioses de Damasco, que le habían herido, diciéndose: «Puesto que los dioses de los reyes de Siria los ayudan, voy a sacrificarles, para que me socorran a mí». Pero fueron la ocasión de su ruina, y de la de todo Israel. 24Ajaz reunió los utensilios de la casa de Dios, y los hizo pedazos; cerró las puertas de la casa de Yavé, se hizo altares en todos los rincones de Jerusalén, 25y levantó altos en todas las ciudades de Judá, para ofrecer allí perfumes a otros dioses, irritando así a Yavé, Dios de sus padres.
26El resto de sus hechos, todos sus caminos, los primeros y los postreros, está escrito en el libro de los reyes de Judá y de Israel.
27Ajaz se durmió con sus padres, y fué sepultado en la ciudad de Jerusalén, pues no se le sepultó en los sepulcros de los reyes de Israel. Le sucedió Ezequías, su hijo.


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  • 1 La introducción (1-4), igual que 2 Re 16,1-4.(Volver a Lectura).

  • 5 Esta guerra de Siria y Efraím contra Judá, es la que está enlazada con la profecía de Isaías sobre el Emmanuel. Is. 7. 13 y ss.(Volver a Lectura).

  • 16 Lo mismo en 2 Re 16,10 ss. que aquí (16-27), el recurso a Teglatfalasar y las prácticas idolátricas aprendidas en Damasco están ligados a la guerra sirioefraimita; pero el cronista pone más de relieve los sentimientos idolátricos del rey y añade a su relato la invasión de edomitas y filisteos (17-19).(Volver a Lectura).




Ezequías, rey de Judá

29 1Veinticinco años tenía Ezequías cuando comenzó a reinar, y reinó veintinueve años en Jerusalén. Su madre se llamaba Abiya, hija de Zacarías. 2Hizo lo recto a los ojos de Yavé, enteramente como lo había hecho David, su padre. 3En el primer mes de su reinado, el mes primero, abrió las puertas de la casa de Yavé y las reparó. 4Hizo venir a los sacerdotes y levitas, que reunió en el atrio oriental, 5y les dijo: «Oídme, levitas: santificaos y santificad la casa de Yavé, el Dios de vuestros padres, y echad la impureza fuera del santuario. 6Porque han pecado nuestros padres, y han hecho el mal a los ojos de Yavé, nuestro Dios; le han abandonado, han apartado sus ojos del tabernáculo de Yavé, y le han vuelto las espaldas. 7Hasta cerraron las puertas del pórtico, apagaron las lámparas y dejaron de ofrecer a Yavé, Dios de Israel, perfumes y holocaustos en el santuario. 8Por eso la cólera de Yavé pesa sobre Judá y sobre Jerusalén, y los ha entregado a la confusión, a la desolación y a la burla, como lo estáis viendo con vuestros ojos. 9Ya veis que por eso han caído nuestros padres por la espada, y nuestros hijos y nuestras hijas están en cautividad. 10Yo quiero que hagamos alianza con Yavé, Dios de Israel, para que se aparte de nosotros su encendida cólera. 11Ahora, pues, hijos míos, basta de negligencias, pues habéis sido elegidos por Yavé para ministrar ante él en su servicio, para ser sus servidores y ofrecerle perfumes».
12Levatáronse los levitas, Macat, hijo de Amasaí, Joel, hijo de Azarías, de los hijos de Caat; y de los de Merarí, Quis, hijo de Abdí, Azarías, hijo de Jelaleel; y de los gersonitas, Joaj, hijo de Simfa; Edén, hijo de Joaj; 13y de los hijos de Elitasafan, Simrí y Jehiel; y de los hijos de Asaf, Zacarías y Matanías; 14y de los hijos de Hemán, Jejiel y Simeí; y de los hijos de Jedutun, Semaeya y UZiel. 15Reunieron a sus hermanos; y después de santificarse ellos, vinieron a purificar la casa de Yavé, según las órdenes del rey y según las palabras de Yavé. 16Entraron los sacerdotes en el interior de la casa de Yavé para purificarla; sacaron todas las impurezas que hallaron en el templo de Yavé, y las arrojaron al atrio de la casa de Yavé, donde las recibieron los levitas, para llevarlas fuera, al valle del Cedrón. 17Comenzaron las purificaciones el día primero del primer mes; el octavo día del mismo mes entraron en el pórtico del templo de Yavé, y emplearon ocho días en purificar el templo; el día dieciséis del mismo mes acabaron lo que habían comenzado. 18Fueron luego a la casa del rey Ezequías, y le dijeron: «Hemos purificado toda la casa de Yavé, el altar de los holocaustos y todos sus utensilios, y la mesa de los panes de la proposición y todos sus utensilios, que el rey Ajaz profanó durante su reinado con sus transgresiones, y todos están ya ante el altar de Yavé».

20El rey Ezequías se levantó bien de mañana, y reunió a los jefes de la ciudad, y subió a la casa de Yavé. 21Ofrecieron siete novillos, siete carneros, siete corderos y siete machos cabríos, en sacrificio expiatorio por el reino, por el santuario y por Judá. El rey mandó a los sacerdotes hijos de Arón que los ofreciesen en el altar de Yavé. 22Los sacerdotes inmolaron los novillos, recibieron su sangre y la derramaron en torno del altar; inmolaron los carneros y derramaron su sangre en el altar; inmolaron los corderos y derramaron su sangre en el altar. 23Presentaron luego los machos cabríos expiatorios ante el rey y ante la asamblea, que pusieron sus manos sobre ellos, 24y los sacerdotes los inmolaron y derramaron su sangre al pie del altar, en expiación por los pecados de todo Israel, pues por todo Israel había ordenado el rey el holocausto y el sacrificio expiatorio.
25Hizo que los levitas se pusieran en la casa de Yavé con címbalos, salterios y arpas, según la ordenación de David, de Gad, vidente del rey, y de Natán, profeta, porque tal era la orden de Yavé, transmitida por medio de sus profetas. 26Los levitas ocuparon su sitio con los instrumentos de David, y los sacerdotes el suyo con las trompetas. 27Ezequías mandó ofrecer el holocausto sobre el altar; y en cuanto comenzó el holocausto, comenzó también el canto de Yavé al son de las trompetas y con el acompañamiento de los Instrumentos de David, rey de Israel.
28Prosternóse toda la asamblea, se cantó el canto y se tocaron las trompetas, todo hasta que el holocausto se terminó. 29Cuando se hubo acabado de ofrecer el holocausto, el rey con toda la asamblea doblaron las rodillas y se prosternaron. 30Después el rey Ezequías y los jefes dijeron a los levitas que alabasen a Dios con palabras de David y de Asaf, vidente, y ellos lo hicieron con gran júbilo, e inclinándose, adoraron. 31Luego dijo Ezequías: «Vosotros habéis llenado seguramente vuestras manos para Yavé. Llegaos, pues, a ofrecer víctimas y sacrificios eucarísticos en la casa de Yavé». Y así toda aquella muchedumbre ofreció hostias, sacrificios eucarísticos y holocaustos con gran piedad y liberalidad.
32Los holocaustos que ofreció la asamblea fueron setenta novillos, cien carneros y doscientos corderos. 33Consagraron también a Yavé seiscientos bueyes y tres mil ovejas. 34Como los sacerdotes eran pocos, y no bastaban para desollar las víctimas destinadas al holocausto, ayudáronlos sus hermanos los levitas, hasta acabar y hasta que se hubieron parificado los sacerdotes, pues los levitas se mostraban con corazón dispuesto a purificarse más que los sacerdotes. 35Ofreciéronse, pues muchos holocaustos, muchos sebos y muchos sacrificios eucarísticos, quedando enteramente restablecido el culto de la casa de Yavé. 36Ezequías, lo mismo que todo el pueblo, dieron muestras de gran júbilo por haber Yavé dispuesto al pueblo al restablecimiento, pues la resolución de hacerlo había sido tomada de pronto.


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  • 1 Ezequías es uno de los reyes que los escritores sagrados alaban más por su piedad. La introducción de su historia (1-2), igual que en 2 Re 18,2-3.(Volver a Lectura).

  • 2 Ezequías fué uno de los más piadosos reyes de Judá. Sucedió al impío Azaj. Una más de tantas alternativas de piedad e impiedad que llevaron a Judá a su ruina.(Volver a Lectura).

  • 3 La historia de los Reyes no nos cuenta nada de estas primeras providencias de Ezequías de purificar el templo y reanudar solemnemente el culto divino en él, todo ello narrado con muchos detalles por nuestro cronista (3-36) y muy relacionado con ras profanaciones de Ajaz.(Volver a Lectura).




Solemne celebración de la Pascua

30 1Mandó el rey Ezequías por todo Israel y Judá, y escribió cartas a Efraím y Manasés, para que viniesen a la casa de Yavé a celebrar la Pascua de Yavé, Dios de Israel. 2Habíase aconsejado el rey de los príncipes y de toda la asamblea en Jerusalén, para celebrar solemnemente la Pascua en el mes segundo, 3pues no habían podido celebrarla antes la otra vez, por no haberse santificado muchos sacerdotes y no haberse reunido el pueblo en Jerusalén. 4Agradó esto al rey y a toda la asamblea, 5y determinaron de hacer publicar por todo Israel, desde Berseba hasta Dan, que viniesen a Jerusalén a celebrar la Pascua de Yavé porque en mucho tiempo no la habían celebrado al modo prescrito. 6Fueron, pues, emisarios con letras de mano del rey y de los príncipes, por todo Israel y Judá, como el rey lo había mandado, en que se decía: «¡Hijos de Israel!: Volveos a Yavé, Dios de Abraham, de Isac y de Israel, y él se volverá a las reliquias que os han quedado de las manos de los reyes de Asiria. 7No seáis como vuestros padres y como vuestros hermanos, que se rebelaron contra Yavé, Dios de sus padres, por lo que los entregó él a la desolación, como estáis viendo. No endurezcáis, pues, ahora vuestra cerviz, como vuestros padres. Dad vuestras manos a Yavé, y venid a su santuario, que él ha santificado para siempre, y servid a Yavé, vuestro Dios, y la ira de su furor se apartará de vosotros. 9Porque si os volvéis a Yavé, vuestros hermanos y vuestros hijos hallarán misericordia ante los que los tienen cautivos, y volverán a esta tierra; pues Yavé, vuestro Dios, es clemente y misericordioso, y no apartará de vosotros su rostro, si vosotros os volvéis a él».
10Fueron, pues, los emisarios de ciudad en ciudad por tierra de Efraím y de Manasés, hasta Zabulón, pero las gentes se reían y se burlaban de ellos. 11Con todo, muchos de Aser, de Manasés y de Zabulón, se humillaron y vinieron a Jerusalén. 12También en Judá la mano de Dios se dejó sentir sobre ellos, dándoles corazón pronto y dispuesto a cumplir el mensaje del rey y de los príncipes, conforme a la palabra de Yavé. 13Juntóse mucha gente en Jerusalén para celebrar la solemnidad de los ácimos, en el segundo mes: una gran muchedumbre.

14Levantáronse y quitaron los altares que había en Jerusalén, también los altares de perfumes, y los echaron al torrente de Cedrón. 15Sacrificaron la Pascua el día catorce del mes segando; y los sacerdotes y levitas, que llenos de confusión, se santificaron por fin, ofrecieron holocaustos en la casa de Yavé. 16Se dispusieron por sus clases, según la ordenación y la ley de Moisés, hombre de Dios. Los sacerdotes recibían de mano de los levitas la sangre que había de derramarse; 17y como muchos del pueblo no se habían santificado todavía, los levitas inmolaron la Pascua por los que no habían tenido el cuidado de santificarse para Yavé. 18Una gran parte del pueblo de Efraím, de Manasés, de Isacar y de Zabulón, que no se había purificado, comió la Pascua sin ajustarse a lo prescrito; pero Ezequías rogó por ellos, diciendo: «Quiera Yavé, que es bueno, perdonar a todos aquellos que de todo corazón buscan 19al Dios de sus padres, y no les impute el no estar suficientemente purificados». 20Escuchó Yavé a Ezequías, y perdonó al pueblo. 21Así celebraron los hijos de Israel que se hallaron en Jerusalén la solemnidad de los ácimos durante siete días, con gran gozo cantando todos los días las alabanzas de Yavé, y tocando los levitas y Jos sacerdotes los instrumentos con toda fuerza, a Yavé.
22Ezequías habló con bondad a los levitas que conocían mejor el culto de Yavé, y éstos comieron las víctimas durante los siete días que duró la solemnidad, inmolando hostias pacíficas y alabando a Yavé, Dios de sus padres. 23También la muchedumbre decidió alegremente celebrar la fiesta otros siete días, haciéndolo con gran regocijo, 24pues había regalado Ezequías al pueblo mil toros y siete mil ovejas; y también los príncipes, por su parte, dieron al pueblo mil bueyes y diez mil ovejas. Hubo, pues, gran número de sacerdotes que se habían santificado. 26Todo el pueblo de Judá estaba rebosando de alegría, lo mismo sacerdotes y levitas, que la muchedumbre venida de Israel, que los peregrinos que habían venido de la tierra de Israel o habitaban en Judá. 26Fué grande la solemnidad celebrada en Jerusalén, tal cual nunca la hubo desde los días de Salomón, hijo de David, rey de Israel.
27Levantáronse después los sacerdotes y levitas, y bendijeron al pueblo, y fué oída su voz, y llegó su oración al santuario de los cielos.


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  • 1 Es la Pascua la fiesta más alegre de Israel, pues que en ella se conmemora la libertad del pueblo y su constitución en pueblo de Yavé. Por esto venía bien esta solemnidad para afianzar más en los corazones del pueblo su conversión a Dios (Ex 12,3 ss.). Y porque a causa de las fiestas pasadas (20) no habían podido prepararse para celebrar la Pascua a su debido tiempo, el 14 del mes primero, lo dejaron para el segundo mes, según una prescripción de la Ley (Núm 9,6-14). Sin hablarnos del cautiverio de Samaría, el cronista lo tiene en cuenta cuando nos dice que el rey invitó a los restos del reino del Norte, que habían quedado en su patria, para volverse al Señor.(Volver a Lectura).




31 1Después de todo esto los de Israel que habían venido fueron por las ciudades de Judá, y destrozaron los cipos, abatieron los asera y derribaron del todo los altos y los altares en todo Judá y Benjamín, y en Efraím y Manasés. Luego todos los hijos de Israel se volvieron a sus ciudades, cada uno a su posesión.
2Ezequías restableció las clases de los sacerdotes y de los levitas, según sus divisiones, cada uno según sus funciones, sacerdotes y levitas, para los holocaustos y los sacrificios eucarísticos, para el servicio, para los cantos y alabanzas, y las puertas de la casa de Yavé. 3El rey dió una parte de sus bienes para los holocaustos, para los holocaustos de la mañana y de la tarde, para los holocaustos de los sábados, de los novilunios y de las fiestas, como están prescritos en la ley de Yavé. 4Mandó al pueblo y a los habitantes de Jerusalén que dieran su porción a los sacerdotes y a los levitas, para que éstos observasen fielmente la ley de Yavé.
5Cuando la cosa se extendió, los hijos de Israel dieron en abundancia las primicias del trigo, del mosto, del aceite, de la miel y de todos los productos del campo, y trajeron también en abundancia el diezmo de todo. 6Igualmente los hijos de Israel y de Judá que habitaban en las ciudades de Judá, dieron el diezmo del ganado mayor y menor y el diezmo de las cosas santas que eran consagradas a Yavé, su Dios, y de que se hicieron muchos montones. 7Comenzó a hacerse el cúmulo el tercer mes y se acabó el mes séptimo. 8Ezequías y los jefes vinieron a ver los montones y bendijeron a Yavé y a su pueblo, Israel. 9Preguntó Ezequías a los sacerdotes y a los levitas acerca de los montones, 10y el sumo sacerdote Azarías, de la casa de Sadoc, le respondió: «Desde que se ha comenzado a traer ofrendas a la casa de Yavé, hemos comido, nos hemos saciado, y hemos dejado mucho de sobra, porque Yavé ha bendecido a su pueblo, y he aquí la gran cantidad que todavía queda».

11Ezequías dió orden de preparar las cámaras de la casa de Yavé, y se prepararon. 12Lleváronse a ellas fielmente las ofrendas, el diezmo y las cosas consagradas. El levita Cananías tuvo la intendencia de ellas, y su hermano Simeí era su segundo. 13Jejiel, Azarías, Najat, Azael, Jerimot, Josabad, Eliel, Jismaquía, Majat y Benaya estaban empleados bajo la dirección de Cananías y de su hermano, Simeí, según las órdenes del rey Ezequías y las de Azarías, jefe de la casa de Dios. 14El levita Coré, hijo de Jinma, portero de la puerta de oriente, tenía la intendencia de las donaciones voluntarias hechas a Dios, para distribuir lo que se presentaba a Yavé por elevación y las cosas santísimas. 15En las ciudades sacerdotales, Edén, Minyamín, Jesua, Semaeya, Amarías y Secamías, estaban a sus órdenes para hacer fielmente las distribuciones a sus hermanos, grandes o pequeños, según lo que les correspondía; 16a los varones registrados de tres años arriba, y a todos los que diariamente entraban en la casa de Yavé, para hacer su servicio según sus funciones y según sus divisiones, 17y a los sacerdotes registrados según sus casas paternas, y a los levitas de veinte años arriba según sus funciones y según sus divisiones; 18y a los de toda la congregación registrados con todos sus niños, sus mujeres, sus hijos y sus hijas, porque se consagraban fielmente al servicio del santuario. 19Y para los hijos de Arón, los sacerdotes, que habitaban en los campos, en los suburbios de sus ciudades, había en cada ciudad hombres nominalmente designados para distribuirles sus porciones a todos los varones de los sacerdotes y a todos los levitas registrados.
20Esto hizo Ezequías en todo Judá; hizo lo bueno y lo recto y lo verdadero ante Yavé su Dios. Obraba con toda la rectitud de su corazón, 21y prosperó en cuanto emprendió, buscando a su Dios, para el servicio de la casa de Dios, por la ley y por los mandamientos.


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  • 1 Dos cosas se contienen en este capítulo: la primera es la purificación de Israel con la destrucción de todos los altares, estatuas, etc., que existían en el reino de Judá y en las tribus del Norte: la otra es la organización del culto en Jerusalén. Para ello mira a asegurar bien la subsistencia de los sacerdotes y levitas mediante la exacción y conveniente distribución del diezmo, al tenor de la Ley (Núm 18).(Volver a Lectura).




Invasión de Senaquerib, rey de Asiria

32 1Después estas cosas y de estos actos de fidelidad, vino Senaquerib, rey de Asiria, que invadió Judá y puso sitio a las ciudades fuertes para apoderarse de ellas. 2Ezequías, viendo que había venido Senaquerib y que se proponía atacar a Jerusalén, 3tuvo consejo con los príncipes y los más valerosos de los oficiales, proponiendo si se cegarían las fuentes de aguas que había fuera de la ciudad, 4diciendo: «¿Por qué habrán de hallar los reyes de Asiria, cuando vengan, provisión de agua?» Todos fueron de su parecer; y él entonces reunió una gran muchedumbre, y cegaron todas las fuentes y el arroyo que corría por en medio del territorio, para que si venían los reyes de Asiria, no hallasen tanta abundancia de agua.
5Reparó también con gran cuidado todas las murallas que habían sido derribadas, alzó en ellas torres y una antemuralla; reparó el terraplén en la ciudad de David, e hizo armas de toda suerte y escudos. 6Nombró jefes para mandar al ejército; y reuniendo luego a todo el mundo en la plaza de la puerta de la ciudad, les habló al corazón, diciendo: 7«Esforzaos y confortaos, no temáis, no os dé miedo el rey de Asiria y toda esa muchedumbre que trae, porque más son los que con nosotros están, que los que están con él. 8El tiene el brazo de carne: pero con nosotros está Yavé, nuestro Dios, para ayudarnos y combatir nuestros combates». El pueblo cobró valor con las palabras de Ezequías, rey de Judá.
9Después de esto, Senaquerib, rey de Asiria, que combatía a Laquis con todo su poder, mandó emisarios a Jerusalén para decir a Ezequías, rey de Judá y a todos los de Judá que estaban en Jerusalén: 10«Así dice Senaquerib, rey de Asiria: ¿En quién confiáis vosotros para estaros quietos, cercados en Jerusalén? 11¿No os engaña Ezequías, para entregaros a la muerte, al hambre, a la sed, diciendo: Yavé, nuestro Dios, nos librará de la mano del rey de Asiria? 12¿No es Ezequías el que ha hecho desaparecer sus altos y sus altares, diciendo a Judá y a Jerusalén: Sólo ante este altar adoraréis y quemaréis perfumes? 13¿No sabéis lo que yo y mis padres hemos hecho con todos los pueblos de la tierra? 14¿Pudieron acaso los dioses de esas gentes librar sus tierras de mis manos? 15Que no os engañe, pues, Ezequías; cuando tal cosa quiera persuadiros, no le creáis; que si ningún dios de los de todas esas naciones y reinos pudo librar a sus pueblos de mis manos y de las manos de mis padres, ¿cuánto menos podrá vuestro Dios libraros de mis manos?» 16Otras cosas más añadieron los emisarios contra Yavé y contra Ezequías, su siervo.
17Escribió, además, cartas en que blasfemaba de Yavé, Dios de Israel y hablaba contra él, diciendo: «Lo mismo que los dioses de las gentes de las tierras no pudieron librar el Dios de Ezequías librará al suyo de mis manos».

18Y hablaban en voz muy alta en judío, al pueblo de Jerusalén que se hallaba en las murallas, para asustarles y hacerles entrar en temor, para apoderarse de la ciudad. 19Hablaron contra el Dios de Jerusalén, lo mismo que contra los dioses de las gentes de la tierra, obra de manos de hombres.
20Pero el rey Ezequías y el profeta Isaías, hijo de Amós, opusieron sus oraciones a estas blasfemias y clamaron al cielo; 21y Yavé envió un ángel, que mató a cuantos fuertes y valerosos había en el ejército del rey de los asirios y al jefe que los mandaba; y Senaquerib se volvió con afrenta a su tierra, y allí, entrando en el templo de su dios, hijos suyos, que de él habían salido, le mataron a espada.
22Así libró Yavé a Ezequías y a los moradores de Jerusalén de la mano de Senaquerib, rey de los asirios, y de las manos de todos, y les dió la paz con todos sus reinos. 23Muchos de éstos aún trajeron a Jerusalén víctimas para ofrecer allí sacrificios a Yavé y presentes a Ezequías, rey de Judá, cuya fama fué luego muy grande entre todas las naciones.
24Por aquel entonces cayó enfermo de muerte Ezequías, y rogó a Yavé, que le escuchó, dándole una señal de su curación.
25Pero no correspondió Ezequías al bien que le había sido hecho, antes se ensoberbeció su corazón, y se encendió la ira de Yavé contra él y contra Judá y Jerusalén. 26Pero Ezequías, después de haberse engreído su corazón, se humilló, y se humillaron con él los moradores de Jerusalén, y no vino sobre ellos la ira de Yavé en los días de Ezequías.
27Tuvo Ezequías riquezas y gloria sobremanera, y reunió tesoros de plata y oro, de piedras preciosas, de aromas, de escudos y de cuantas alhajas son de desear. 28Asimismo tuvo depósitos para almacenar las rentas de trigo, vino y aceite, y establos para las bestias y apriscos para sus ganados.
29Hízose también ciudades para él, pues tenía una gran muchedumbre de rebaños, de ovejas y de toda suerte de ganado mayor, por haberle dado Dios mucha hacienda. 30Este mismo Ezequías fué el que cubrió los manantiales de las aguas de Guijón de Arriba, y condujo las aguas bajo tierra a occidente de la ciudad de David, y salió con cuanto emprendió. 31Dios, sin embargo, para probarle y para que descubriese lo que tenía en su corazón, le dejó en lo de los embajadores de los príncipes de Babilonia, que vinieron a él para informarse del prodigio que había acaecido en la tierra.
32El resto de los hechos de Ezequías, de todas sus buenas obras, escrito está en las profecías de Isaías, profeta, hijo de Amós, y en el libro de los reyes de Judá y de Israel.
33Durmióse Ezequías con sus padres, y fué sepultado en un lugar más eminente que los sepulcros de los reyes, hijos de David; y todo Judá y Jerusalén celebraron sus funerales. Le sucedió Manasés, su hijo.


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  • 1 El relato tan entero que nos da la historia de los Reyes (18,13-19,37) nos lo compendia el cronista en este capítulo (1-23), añadiendo los detalles de la galería subterránea que conduce el agua de Guijón a la piscina de Siloé, poniendo de relieve las providencias de Ezequías por la defensa del reino y la protección de Dios, pero sin hablar de los saqueos de Senaquerib.(Volver a Lectura).

  • 24 La enfermedad se halla más extensamente narrada en 2 Re 20,1-11 y en Is 38.(Volver a Lectura).

  • 25 Esta mancha sobre la conducta de Ezequías se refiere, sin duda, a la embajada de Merodac Baladán, contada en 2 Re 20,12-19.(Volver a Lectura).

  • 27 Las riquezas del rey son en la mente del cronista una prueba de cuan grata era a Dios su vida.(Volver a Lectura).

  • 33 Era natural que las honras fúnebres de Ezequías correspondieran a su gloriosa vida.(Volver a Lectura).




Manasés, rey de Judá

33 1Doce años tenía Manasés cuando comenzó a reinar, y reinó cincuenta y cinco años en Jerusalén. 2Hizo el mal a los ojos de Yavé, conforme a las abominaciones de las gentes que Yavé había arrojado ante los hijos de Israel, 3y volviéndose reedificó los altos que había derribado Ezequías, su padre; levantó altares a los baales, se hizo aseras y adoró a toda la milicia de los cielos y les sirvió. 4Alzó también altares en la casa de Yavé, de la que había dicho Yavé: «En Jerusalén estará mi nombre perpetuamente»; 5pero los alzó en honor de toda la milicia del cielo, en los dos atrios del templo de Yavé. 6Pasó a sus hijos por el fuego en el valle de los hijos de Hinnón; observaba los sueños y los augurios, se dió a la magia, teniendo cerca de sí magos y encantadores, e hizo mucho mal ante Yavé, irritándole. 7Puso además un ídolo, una estatua fundida, en la casa de Dios, de la que había dicho Yavé, hablando a David y a Salomón, su hijo: «Estableceré para siempre mi nombre en esta casa y en Jerusalén, que he elegido entre todas las tribus de Israel, 8y no removeré el pie de Israel de la tierra que yo di a vuestros padres, siempre que ellos guarden y pongan por obra cuanto yo les he mandado, toda la ley, mandamientos y preceptos que les he dado por mano de Moisés».
9Descarrió Manasés a Judá y a los moradores de Jerusalén, para hacer peor todavía que las gentes que Yavé destruyó ante los hijos de Israel. 10Habló Yavé a Manasés y a su pueblo, pero ellos no le escucharon; por lo que trajo Yavé contra ellos a los jefes del ejército del rey de los asirios, que apresaron a Manasés, y cargado de grillos y cadenas, le llevaron a Babilonia. 11Cuando se vió en la angustia, oró a Yavé, su Dios, humillándose grandemente ante el Dios de sus padres. 12Gimió y le dirigió instantes súplicas, y fué atendido, pues oyó su oración y le volvió a Jerusalén, a su reino. Entonces conoció Manasés que Yavé es Dios.
13Después de esto reedificó la muralla exterior de la ciudad de David, a occidente de Guijón, en el valle, desde la entrada de la puerta del pescado, continuándola hasta Ofel, y elevándola considerablemente, y puso jefes del ejército en todas las ciudades fuertes de Judá.

14Hizo desaparecer los dioses ajenos, y quitó de la casa de Yavé el ídolo y todos los altares que había alzado en el monte de la casa de Yavé de Jerusalén, y los hizo arrojar todos fuera de la ciudad. 15Restableció el altar de Yavé, y sobre él ofreció víctimas y sacrificios pacíficos y eucarísticos, y mandó a Judá que sirviese a Yavé. 16Pero el pueblo seguía sacrificando en los altos, aunque a Yavé, Dios de Israel.
17El resto de los hechos de Manasés, su oración a Dios, y las palabras de los videntes que le hablaron en nombre de Yavé, Dios de Israel, escrito está en el libro de los reyes de Israel. 18También su oración, y cómo fué oído, y todos sus pecados y prevaricaciones, los lugares donde edificó altos y puso aseara e ídolos antes de humillarse, todo esto está escrito en la historia de los videntes. 19Durmióse Manasés con sus padres, y fué sepultado en el Jardín de su casa. Le sucedió Ammón, su hijo.


Ammón, rey de Judá

20Veintidós años tenía Ammón cuando comenzó a reinar, y reinó dos años en Jerusalén. 21Hizo el mal a los ojos de Yavé, como lo había hecho Manasés, su padre, pues sirvió y sacrificó Ammón a todos los ídolos que había hecho su padre; 22pero nunca se humilló delante de Yavé, como se humilló Manasés, su padre; antes cometió crímenes mucho más grandes.
23Conspiraron contra él sus servidores; y le mataron en su casa. 24El pueblo dió muerte a los que habían matado a Ammón, y puso por rey en su lugar a Josías, su hijo.


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  • 1 La triste descripción de las prevaricaciones de Manasés (1-9,16) corresponde a la que nos da la historia de los Reyes (21,1-9).(Volver a Lectura).

  • 10 A las amenazas generales de los profetas, que nos da 2 Re 21,10-15, el cronista substituye una noticia concreta, su cautiverio en Babilonia, de que los Reyes no dicen nada.(Volver a Lectura).

  • 12 El cautiverio de Manasés, de que no hace mención el libro de los Reyes, le fué saludable y en el hizo a Dios una plegaria, que, como atestigua este lugar, fué consignada por escrito. Esta fué quizá la ocasión de que se escribiera la apócrifa oración de Manasés, que en muchas ediciones de la Vulgata se pone a continuación de las Escrituras canónicas, aunque fuera de éstas.(Volver a Lectura).




Josías, rey de Judá

34 1Ocho años tenía Josías cuando comenzó a reinar, y reinó treinta y un años en Jerusalén. 2Hizo lo recto a los ojos de Yavé, y anduvo por los caminos de David, su padre, sin apartarse de ellos ni a la derecha ni a la izquierda. 3A los ocho años de su reinado, siendo aún mozo, comenzó a buscar al Dios de David, su padre, y a los doce años comenzó a limpiar a Judá y Jerusalén de altos, aseras, esculturas e imágenes de fundición. 4Derribaron en su presencia los altares de los baales, e hizo pedazos los ídolos que estaban en ellos, abatió los aseras y desmenuzó las esculturas y fundiciones, esparciendo el polvo sobre las sepulturas de los que les habían sacrificado. 5Quemó los huesos de los sacerdotes de los ídolos sobre sus altares, y limpió a Judá y a Jerusalén. 6Igual hizo en las ciudades de Manasés, Efraím y Simeón, hasta Neftalí; 7y después de haber derribado los altares y los aseras y de haber roto y desmenuzado las esculturas y destruido todos los ídolos por la tierra de Israel, se volvió a Jerusalén.
8A los dieciocho años de su reinado, después de haber limpiado la tierra y el templo, mandó a Safán, hijo de Asalías, y a Maasías, gobernador de la ciudad, y a Joaz, hijo de Joajaz, cronista, que reparasen la casa de Yavé. 9Vinieron éstos a Helcías, sumo sacerdote; y recibido de él el dinero que habla sido puesto en la casa de Yavé y el que los levitas y porteros habían recaudado de Manasés y Efraím y de todo el resto de Israel, así como de todo Judá y Benjamín y de los habitantes de Jerusalén, 10lo entregaron a los encargados de las obras de reparación del templo, para restaurarlo y reparar las ruinas. Estos dieron el dinero a los maestros encargados de las obras de la casa de Yavé; 11los cuales lo entregaban a los obreros que trabajaban para restaurar y reparar la casa; a los carpinteros y canteros, para que comprasen piedra en las canteras y maderas para las techumbres de los edificios que habían destruido los reyes de Judá. 12Estos hombres se portaron con probidad en sus trabajos. Estaban bajo la vigilancia de Jajat y Abdías, levitas, de entre los hijos de Merarí, y de Zacarías y Mesulam, de entre los caatitas, todos ellos hábiles músicos, 13que vigilaban las obras y dirigían a los obreros ocupados en los diversos trabajos; había además otros levitas que hacían de secretarios, comisarios y porteros.
14Cuando se sacaba el dinero llevado a la casa de Yavé, Helcías, sacerdote, encontró el libro de la ley de Yavé, dado por mano de Moisés. 15Entonces Helcías, tomando la palabra, dijo a Safán, secretario: «He encontrado el libro de la ley en la casa de Yavé»; y se lo entregó a Safán.

16Safán llevó el libro al rey y le dió cuenta del hallazgo, diciendo: «Tus siervos han hecho cuanto les has mandado, 17reuniendo el dinero que había en la casa de Yavé, y entregándoselo a los inspectores y a los obreros». 18Y Safán, secretario, añadió: «El sacerdote Helcías me ha dado este libro»; y Safán lo leyó ante el rey. 19Cuando el rey oyó las palabras del libro de la ley, rasgó sus vesliduras 20y dió esta orden a Helcías, a Ajicam, hijo de Safán, a Abdón, hijo de Miquea, a Safán, secretario, y a Asaya, servidor del rey: 21«Id a consultar a Yavé por mí y por el resto que queda en Israel y en Judá, acerca de las palabras de este libro que se ha encontrado; porque grande es la cólera de Yavé, que se ha derramado sobre nosotros, por no haber guardado nuestros padres la palabra de Yavé y no haber puesto por obra todo lo que en este libro está escrito».
22Helcías y los que con él había designado el rey fueron a la profetisa Jolda, mujer de Salum, hijo de Toqueat, hijo de Jasra, guarda del vestuario, que habitaba en Jerusalén, en el otro barrio de la ciudad. Después que ellos le manifestaron lo que tenían que decirle, 23ella les respondió: «Así habla Yavé, Dios de Israel: Decid al que a mí os envía: Así habla Yavé: 24Yo voy a traer sobre este lugar y sobre sus habitantes todos los males y maldiciones escritos en el libro que ha sido leído ante el rey de Judá, 25porque me han abandonado y han ofrecido perfumes a otros dioses, irritándome con todas las obras de sus manos; mi cólera se derramará sobre este lugar, y no se extinguirá. 26Pero decid al rey de Judá, que os ha mandado a consultar a Yavé: Así habla Yavé, Dios de Israel, acerca de las palabras que has oído: 27Por haberse conmovido tu corazón y haberte humillado ante Dios al oír sus palabras contra este lugar y contra sus habitantes; porque has rasgado tus vestiduras y has llorado ante Yavé, también yo he oído, dice Yavé, 28y tú te recogerás a tus padres y bajarás en paz al sepulcro, y no verán tus ojos todas las desventuras que yo he de hacer venir sobre este lugar y sobre sus habitantes».
Ellos llevaron al rey esta respuesta.
29El rey hizo reunir a todos los ancianos de Judá y de Jerusalén; 30y subió luego a la casa de Yavé con todos los hombres de Judá y los habitantes de Jerusalén, los sacerdotes y los levitas, y todo el pueblo desde el más grande al más chico, y leyó delante de lodos las palabras del libro de la alianza que había sido encontrado en la casa de Yavé. 31Estaba el rey sobre su estrado, y renovó la alianza ante Yavé, obligándose a seguir a Yavé y a guardar sus mandamientos, sus preceptos y sus leyes, con todo el corazón y toda el alma, poniendo por obra las palabras de la alianza escritas en el libro. 32Hizo entrar en el pacto a todos los que se hallaban en Judá y Benjamín, y los moradores de Jerusalén hicieron según la alianza de Yavé, Dios de sus padres. 33Josías hizo desaparecer todas las abominaciones de toda la tierra de los hijos de Israel, y obligó a todos cuantos se hallaban en Israel a servir a Yavé, su Dios. Durante toda su vida no se apartó de Yavé, Dios de sus padres.


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  • 1 La introducción a la historia de Josías corresponde a 2 Re 22,1 s. Esta obra de purificación (3-7) es el resumen de la más amplia narración de 2 Re 23, 4-20,24.27 después del hallazgo del libro de la Ley.(Volver a Lectura).

  • 8 Este importante relato del hallazgo del libro de la Ley (8-33) corresponde, con algunas variantes, a 2 Re 22,8-20.(Volver a Lectura).




Solemne celebración de la Pascua

35 1Josías celebró la Pascua en honor de Yavé en Jerusalén, y se inmoló la Pascua el día catorce del primer mes. 2Estableció a los sacerdotes en sus funciones y los animó al servicio de la casa de Yavé. 3Dijo a los levitas que enseñaban a Israel y estaban consagrados a Yavé: «Colocada el arca santa en la casa que edificó Salomón, hijo de David, rey de Israel, ya no tenéis que trasladarla en hombros. Servid ahora a Yavé, vuestro Dios, y a su pueblo, Israel. 4Aprestaos todos según vuestras casas paternas, según vuestras divisiones, conforme a la ordenación escrita por David, rey de Israel, y de Salomón, su hijo; 5ocupad vuestros puestos en el santuario según las diversas casas paternas de vuestros hermanos, los hijos del pueblo, y según la clasificación de las casas paternas de los levitas. 6Inmolad la Pascua, santificaos, y preparadla para vuestros hermanos, conformándoos a las palabras de Yavé, pronunciadas por Moisés». 7Josías dió a las gentes del pueblo, a cuantos allí se hallaban, corderos y cabritos en número de treinta mil, todo para la Pascua, y tres mil bueyes, todo de la hacienda del rey. 8Sus jefes hicieron voluntariamente un presente al pueblo, a los sacerdotes y a los levitas. Helcías, Zacarías y Jejiel, príncipes de la casa de Dios, dieron a los sacerdotes para la Pascua dos mil seiscientos corderos y trescientos bueyes. 9Conaya, Semeya y Natanael, sus hermanos, Josabía, Jeiel y Jozabad, jefes de los levitas, dieron a los levitas para la Pascua cinco mil corderos y quinientos bueyes.
10Organizóse el servicio, y los sacerdotes y levitas ocuparon sus puestos, según sus divisiones, conforme a la orden del rey. 11Inmolaron la Pascua; los sacerdotes derramaron la sangre, que recibían de mano de los levitas, y los levitas desollaron las víctimas. 12Pusieron aparte los holocaustos, para dárselos a las varias casas paternas de las gentes del pueblo, para que se los ofreciesen a Yavé, como está escrito en el libro de Moisés. Lo mismo hicieron con los bueyes. 13Asaron la Pascua al fuego, como está ordenado, y cocieron las cosas santas en calderas, calderos y sartenes, distribuyéndolas diligentemente al pueblo. 14Luego prepararon lo que era para ellos y para los sacerdotes; pues los sacerdotes, hijos de Arón, estuvieron hasta la noche ocupados en ofrecer holocaustos y los sebos; por eso los levitas hubieron de preparar para ellos y para los sacerdotes, hijos de Arón.

15Los cantores, hijos de Asaf, estaban en sus puestos, según las órdenes de David, de Asaf, de Hemán y de Jedutún, a la vista del rey; y los porteros, cada uno en su puerta; no tuvieron que abandonar sus oficios, porque sus hermanos, los levitas, prepararon lo que era para ellos.
16Así se organizó aquel día todo el servicio de Yavé, para celebrar la Pascua y para ofrecer holocaustos en el altar de Yavé, según las órdenes del rey Josías.
17Los hijos de Israel que se hallaban allí celebraron entonces la Pascua y la fiesta de los ácimos durante siete días. 18Ninguna Pascua semejante a ésta se había celebrado en Israel desde los días de Samuel, profeta, y ningún rey de Israel había celebrado una Pascua semejante a ésta que celebraron Josías, los sacerdotes y los levitas, todo Judá e Israel que allí se hallaban, y los habitantes de Jerusalén. 19Fué el año dieciocho del reinado de Josías cuando se celebró esta Pascua. 20Después de esto, después de haber reparado Josías la casa de Yavé, Necao, rey de Egipto, subió para combatir en Carquemis a orillas del Eufrates. Josías le salió al paso, 21y Necao le mandó emisarios que le dijeran: «¿Qué hay entre tú y yo, rey de Judá? No es contra ti contra quien voy yo ahora; es contra una casa con la que estoy en guerra, y Dios me ha dicho que me apresure. No te opongas, pues, a Dios, que está conmigo, no te destruya». 22Pero Josías no se retiró, y se disfrazó para entrar en el combate, sin escuchar las palabras de Necao, que venían de la boca de Dios. Avanzó para atacarle en el valle de Megiddo. 23Los arqueros tiraron contra el rey Josías, y el rey dijo a sus servidores: «Retiradme, que estoy gravemente herido».
24Los servidores le sacaron de aquel carro, y le pusieron en otro y le llevaron a Jerusalén. Murió y fué sepultado en el sepulcro de sus padres. Todo Judá y Jerusalén lloraron a Josías 25particularmente Jeremías, cuyas lamentaciones a Josías cantan todavía hoy los cantores y cantoras, habiendo venido a ser esta costumbre como ley en Israel. Están escritas entre las lamentaciones.
26El resto de los hechos de Josías, todas sus buenas obras conforme a lo mandado en la ley de Yavé, 27sus hechos primeros y postreros, escrito está en el libro de los reyes de Israel y Judá.


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  • 1 Como Ezequías, así Josias quiso celebrar la Pascua para que arraigase en el corazón de los fieles su adhesión a Yavé. Pero el relato es más amplio y detalla más la participación de los levitas y sacerdotes (cf. 2 Re 23,21-23).(Volver a Lectura).

  • 20 La muerte de Josías, después de su celo por el culto de Yavé, fue un golpe mortal para los fieles de Judá. El relato del cronista, que concuerda en substancia con 2 Re 23,20 s., insiste en el llanto del pueblo por su querido rey.(Volver a Lectura).




Joajaz, Joaquim y Joaquín, reyes de Judá

36 1El pueblo tomó a Joajaz, hijo de Josías, y le hicieron rey en lugar de su padre, en Jerusalén. 2Veintitrés años tenía Joajaz cuando comenzó a reinar, y reinó tres meses en Jerusalén.
3El rey de Egipto le destituyó en Jerusalén, y castigó al pueblo con una contribución de cien talentos de plata y un talento de oro. 4El rey de Egipto puso por rey sobre Judá a Elyaquim, hermano de Joajaz, mudándole el nombre por el de Joaquim. Necao cogió a su hermano Joajaz y se lo llevó a Egipto.
5Veinticinco años tenía Joaquim cuando comenzó a reinar y reinó once años en Jerusalén. Hizo el mal a los ojos de Yavé, su Dios.
6Nabucodonosor, rey de Babilonia, subió contra él y le cargó de cadenas de bronce para conducirle a Babilonia. 7Llevóse Nabucodonosor a Babilonia los utensilios de la casa de Yavé, y los puso en su palacio de Babilonia.
8El resto de los hechos de Joaquim, las abominaciones que cometió, y lo que en él se halló, escrito está en el libro de los reyes de Israel y de Judá. Le sucedió Joaquín, su hijo.
9Ocho años tenía Joaquín cuando comenzó a reinar, y reinó tres meses y diez días en Jerusalén. Hizo el mal a los ojos de Yavé. 10A la vuelta del año, mandó el rey Nabucodonosor que le llevasen a Babilonia, con los vasos preciosos de la casa de Yavé, y puso en su lugar por rey a Sedecías, su hermano, sobre Judá y Jerusalén.
11Veintiún años tenía Sedecías cuando comenzó a reinar, y reinó once años en Jerusalén. 12Hizo el mal a los ojos de Yavé, su Dios, y no se humilló ante Jeremías, profeta, que le habló de parte de Yavé. 13Rebelóse asimismo contra Nabucodonosor, al cual había por Dios jurado fidelidad, y endureció su cerviz y obstinóse su corazón, y no se volvió a Yavé, el Dios de Israel.

14También todos los príncipes de los sacerdotes y el pueblo aumentaron sus prevaricaciones, siguiendo las abominaciones de las gentes y contaminando la casa de Yavé, que él había santificado en Jerusalén.
15Yavé, Dios de sus padres, les mandó sus mensajeros constantemente, para amonestarlos, pues quería perdonar a su pueblo y a su casa. 16Pero ellos hicieron escarnio de los mensajeros de Dios, y menospreciaban sus palabras, burlándose de sus profetas, hasta que subió la ira de Dios contra su pueblo, y ya no hubo remedio. 17Trajo contra ellos al rey de los caldeos, que pasó a cuchillo a sus mancebos en la casa de su santuario, sin perdonar a mancebo ni a doncella, a viejo ni encanecido. A todos los entregó en sus manos.
18Nabucodonosor llevó a Babilonia todos los utensilios de la casa de Dios, grandes y pequeños, los tesoros de la casa de Yavé y los del palacio del rey y los de sus jefes. Quemaron la casa de Dios, demolieron las murallas de Jerusalén, dieron al fuego todos sus palacios, y destruyeron todos los objetos preciosos. 20A los que habían escapado a la espada, llevólos Nabucodonosor cautivos a Babilonia; y allí le estuvieron sujetos a él y a sus hijos, hasta la dominación del reino de Persia, 21para que se cumpliese la palabra de Yavé, pronunciada por boca de Jeremías, hasta que la tierra hubo reposado sus sábados, descansando todo el tiempo que estuvo devastada, hasta que se cumplieron los setenta años.
22El año primero de Ciro, rey de Persia, para que se cumpliese la palabra de Yavé pronunciada por boca de Jeremías, Yavé suscitó el espíritu de Ciro, rey de Persia, que hizo publicar de viva voz y por escrito, por todo su reino, este decreto:
23«Así habla Ciro, rey de Persia:
Yavé, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra, y me ha mandado edificarle una casa en Jerusalén, en Judá. ¿Quién de entre vosotros es de su pueblo? Que suba, y Yavé sea con él».


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  • 1 Joacaz, inmediato sucesor de Josías, es historiado en 2 Re 23,30-35.(Volver a Lectura).

  • 2 Joaquim, hijo de Josías, como el precedente, fue entronizado por Necao. Cuando en 605 Nabucodonosor vino a Palestina, le sometió al imperio caldeo. Sin embargo, Joaquim debió de excitar sospechas en Babilonia sobre su fidelidad, y tal vez por esto se vio obligado a acudir a la Caldea para descargarse. A esta ida debe de aludir el cronista en 36,6 s.,y que concuerda con Daniel 1,1 ss. El rey volvió a Jerusalén, donde al fin se declaró en abierta rebelión contra Babilonia, muriendo cuando los ejércitos caldeos se dirigían contra él (597).(Volver a Lectura).

  • 9 Joaquín o Jeconías, que le sucedió, fue llevado cautivo, y de ello tenemos noticia en 2 Re 24, 8-17, y por el profeta Jeremías (24,1 ss.), y por Ezequiel (1,1 ss.; 2,15), que fue uno de los cautivos que acompañaron al rey.(Volver a Lectura).

  • 11 Sedecías, hermano de Joaquín e hijo de Josías, fue puesto en el trono por Nabucodonosor, que le exigió juramento de fidelidad. Por eso la rebelión le fue imputada como un perjurio contra Yavé (cf. Ez 17,13 ss.).(Volver a Lectura).

  • 14 Esta síntesis de la historia religiosa de Judá pone de relieve las múltiples y universales transgresiones y apostasías, causa de la destrucción del reino y de la dolorosa cautividad de Babilonia.(Volver a Lectura).

  • 18 El fin de Judá se halla más extenso en 2 Re 25,1 ss. y Jer 52.(Volver a Lectura).

  • 22 Estos dos últimos versículos se leen también al principio del libro siguiente, en Esdras 1,1-2. Este primer año de Ciro es el primero de su reinado en Babilonia (538). El vaticinio de Jeremías es el de los setenta años (cf. 25,11; 29,10).(Volver a Lectura).