Desde los días de Esdras y Nehemías la historia está muda, hasta los días de Seleuco IV (187-175). Israel, gobernado por un senado que presidía el mismo sacerdote, vivió en paz hajo el imperio persa, y cuando éste fué sustituido por el macedónico, pasó automáticamente al dominio de Alejandro Magno. A la muerte de éste se organizó el reino de los Seléucidas en Siria y el de los Tolomeos en Egipto. Palestina, puesta en medio, fué campo de batalla en las rivalidades de ambos reinos, y hubo de sufrir las consecuencias. El fervor religioso se fué apagando en muchos israelitas, que, contaminados con el paganismo griego, quisieron sustiuir las instituciones mosaicas por las helénicas. Los reyes de Siria vieron con agrado estos propósitos y los hicieron suyos, dando con esto ocasión a las guerras heroicas de los Macabeos, que casi tuvieron tanto de civíles como de nacionales. Estas guerras son el argumento de los libros de los Macabeos, que no son una sola obra dividida en dos libros, sino dos obras distintas y en gran parte paralelas.
El libro primero, encabezado con un breve resumen histórico, que. va desde Alejandro Magno hasta Antioco IV Epifanes (1, 1-10), nos cuenta el principio de la persecución religiosa promovida por Antioco (11-67), la sublevación de Matatías y de sus hijos (2, 1-70), y el desarrollo de estas luchas hajo la dirección sucesiva de. Judas, apellidado el Macabeo (3, 1-9, 22), de Jonatán (9, 23-12, 54), y de Simón (13-16). Abarca un periodo de cuarenta años (175-135 a. C). En ellos, el pueblo, bajo la dirección de esta familia, gracias a su heroísmo y a la habilidad con que supo aprovecharse de las contiendas civiles del reino seléucida, alcanzó la independencia y creó una nueva dinastía levítica, la de los Asmoneos, como la Historia denominó a la familia de Matatías.
El libro fué escrito en hebreo, entre loa años 104 y 63 a. C, por un judío de Palestina, entusiasta de la nueva dinastía, cuyos orígenes parece que se propone contar. Su cronología tiene por punto de partida la era griega, que comienza en otoño del 312, aunque propiamente el punto de partida del autor es la Pascua precedente. Perdido el original hebreo, que Orígenes y San Jerónimo conocieron, nos queda una versión griega, de la cual se derivó la antigua latina, que es la que se contiene en la Vulgata, un tanto corregida.
INTRODUCCIÓN (I).
PRIMERA PARTE: Matatías (2): Llamada de los fieles a la rebelión (2,1-48). Fin de Matatías (2,49-70)
SEGUNDA PARTE: JUDAS MACABEO (3,1 - 9,22): Primeras victorias del Macabeo (3,1-4,35). Purificación del templo (4,36-61); La guerra contra los pueblos vecinos (5). Muerte de Antíoco en Persia (6,1-17). Antíoco Eupator acomete la Judea y hace la paz con los judíos (6,18-63). Demetrio, sucesor de Eupator, hace la guerra a Judas (7). El Macabeo hace alianza con los romanos (8). Muerte de Judas (9,1-22).
TERCERA PARTE: JONATÁN, SUCESOR DE JUDAS (9,23 - 12,54): Cambio en la situación de los judíos (9,23-73). Jonatán se aprovecha de la guerra civil de los sirios (10). Se confirma la situación de Jonatán con la misma guerra civil (11). Alianza con los romanos y con los espartanos (12,1-23). Jonatán, en poder de Trifón (12,24-54).
CUARTA PARTE: SIMÓN, PRÍNCIPE DEL PUEBLO JUDÍO (13 - 16): Simón procura rescatar a su hermano (13,1-32). Asegura la libertad de su pueblo (13,33-54). Simón, aclamado príncipe del pueblo judío (14). Antíoco Soter hace la guerra a los judíos (15). Muerte de Simón a manos de su yerno (16).
Alejandro Magno
1 1Alejandro, hijo de Filipo, macedonio, y el primero que reinó en Grecia, partiendo del país de Macedonia venció a Darío, rey de los persas y de los medos, y reinó en lugar suyo. 2Después de esto combatió muchas batallas, expugnó muchas fortalezas y dió muerte a algunos reyes de la tierra. 3Atravesándola hasta sus confines, se apoderó de los despojos de muchas naciones, y la tierra se le rindió. Su corazón se engrió y se llenó de orgullo. 4Juntó poderosos ejércitos, 5sometió a su imperio regiones y pueblos, y los soberanos le pagaron tributo. 6Después de todo esto cayó en el lecho y entendió que se moría. 7Llamando a sus oficiales, los nobles que con él se habían criado desde la juventud, dividió aún en vida su reino entre ellos. 8Había reinado Alejandro doce años, cuando le arrebató la muerte.
9En su lugar entraron a reinar sus generales; 10los cuales, en cuanto él murió, se ciñeron diadema, y sus hijos después de ellos durante muchos años, multiplicándose los males en la tierra.
Antíoco IV
11De ellos brotó aquella raíz de pecado Antíoco Epífanes, hijo del rey Antíoco, que estuvo en Roma como rehén y se apoderó del reino el año 137 de la era de los griegos. 12Salieron de Israel por aquellos días hijos inicuos, que persuadieron al pueblo, diciéndole: «Ea, hagamos alianza con las naciones vecinas, pues desde que nos separamos de ellas nos han sobrevenido tantos males»; 13y a muchos les parecieron bien semejantes discursos. 14Algunos del pueblo se ofrecieron a ir al rey, el cual les dió facultad para seguir las instituciones de los gentiles. 15En virtud de esto, levantaron en Jerusalén un gimnasio, conforme a los usos paganos, 16se restablecieron los prepucios, abandonaronla alianza santa, haciendo causa común con los gentiles, y se vendieron al mal.
17Una vez que Antíoco se consolidó en el reino, concibió el propósito de adueñarse de Egipto, a fin de reinar sobre las dos naciones. 18Entró en él con un poderoso ejército, con carros, elefantes y jinetes, y con una gran flota, 19e hizo la guerra a Tolomeo, rey de Egipto. Atemorizado éste, huyó ante él, y muchos cayeron heridos. 20Antíoco se apoderó de las ciudades fuertes de Egipto, y volvió cargado de despojos. 21El año 143, después de haber vencido a Egipto,Antíoco vino contra Israel 22y subióa Jerusalén con un poderoso ejército. 23Entró altivo en el santuario, arrebató el altar de oro, el candelabro de las luces con todos sus utensilios, la mesa de la proposición, las tazas de las libaciones, las copas, los incensarios, la cortina, las coronas, y arrancó todo el decorado de oro que cubría el templo. 24Se apoderó asimismo de la plata, del oro y de los vasos preciosos, y se llevó los tesoros ocultos que pudo hallar, y con todo se volvió a su tierra.
25Hicieron sus gentes gran matanza, y profirieron palabras insolentes. 26Un gran duelo se levantó en Israel y en todos sus hogares; 27y se lamentaron los príncipes y los ancianos; las doncellas y los jóvenes perdieron su vigor, y palideció la belleza de las mujeres. 28Todos los novios entonaron lamentaciones, e hicieron duelo los que se sentaban en el lecho nupcial. 29Se conmovió la tierra por la consternación de sus moradores, y toda la casa de Israel quedó cubierta de confusión.
30Pasados dos años, envió el rey al jefe de los tributos a las ciudades de Judá y a Jerusalén, con numerosas tropas; 31y con falsía les habló palabras de paz, en las que ellos creyeron.
32Pero de repente se arrojó sobre la ciudad, causando en ella gran estrago y haciendo perecer a muchos del pueblo de Israel. 33Saqueó la ciudad y la incendió y destruyó sus casas y los muros que la cercaban. 34Llevaron cautivas a las mujeres y a los niños, y se apoderaron de los ganados. 35Edificaron en torno a la ciudad de David un muro alto y fuerte, y torres también fuertes, convirtiéndola en ciudadela. 36La guarnecieron de gentes impías, hombres malvados que en ella se hicieron fuertes. 37La aprovisionaron de armas y vituallas, y juntando los despojos de Jerusalén, los depositaron en ella, viniendo a ser para la ciudad un gran lazo.
38Fué una asechanza para el santuario, una grave y continua amenaza para Israel. 39Derramaban sangre inocente en torno del santuario y lo profanaron. 40A causa de ellos huían los moradores de Jerusalén, que vino a ser habitación de extraños. Se hizo extraña a su propia prole, y sus hijos la abandonaron. 41Su santuario quedó desolado como el desierto; sus fiestas se convirtieron en duelo, sus sábados en oprobio, y en desprecio su honor. 42A la medida de su gloria creció su deshonra, y su magnificencia se volvió en duelo.
La persecución religiosa
43El rey Antíoco publicó un decreto en su reino, de que todos formasen un solo pueblo, dejando cada uno sus peculiares leyes. 44Todas las naciones se avinieron a la disposición del rey. 45Muchos de Israel se acomodaron a este culto, sacrificando a los ídolos y profanando el sábado. 46Por medio de mensajeros, el rey envió a Jerusalén y a las ciudades de Judá órdenes escritas, de que todos siguieran aquellas leyes, aunque extrañas al país; 47que se suprimiesen en el santuario los holocaustos, el sacrifieio y la libación; 48que se profanasen los sábados y las solemnidades; 49que se contaminase el santuario y el pueblo santo; 50que se edificasen altares y santuarios e ídolos, y se sacrificasen puercos y animales impuros; 51que dejasen a los hijos incircuncisos; que manchasen sus almas con todo género de impureza y abominación, de suerte que diesen al olvido la ley, y mudasen todas sus instituciones; 52y que quien se negase a obrar conforme a este decreto del rey, fuera condenado a muerte.
53Tal fué el decreto publicado en todo el reino. En todo Israel instituyó inspectores, 54y a las ciudades de Judá les dió orden de que sacrificasen cada una por si, ciudad por ciudad. 55Se les unieron muchos del pueblo, todos los que abandonaron la ley. Fué el mal que cometieron en la tierra, 56obligando a los verdaderos israelitas a ocultarse en todo género de escondrijos.
57El día quince del mes de Casleu del año 145, edificaron sobre el altar la abominación de la desolación, y en las ciudades de Judá de todo alrededor edificaron altares; 58ofrecieron incienso a las puertas de las casas y en las calles; 69y los libros de la ley que hallaban, los rasgaban y echaban al fuego. 60A quien se le hallaba con un libro de la alianza en su poder y observaba la ley, en virtud del decreto del rey se le condenaba a muerte.
61Asi hacían a Israel, a cuantos habitaban en sus ciudades, un mes y otro mes. 62El veinticinco del mes sacrificaron en el ara levantada sobre el altar de los holocaustos. 63Las mujeres que circuncidaban a sus hijos eran muertas, según el decreto, 64y los niños colgados por el cuello. Saqueaban las casas y daban muerte a quienes se habían circuncidado. 65Muchos en Israel se mantuvieron fuertes en su resolución de no comer cosa impura, prefiriendo morir a contaminarse con los alimentos y profanar la santa alianza, y por ello murieron. 66Muy grande fué la cólera que descargó sobre Israel.
Escuchar el Capítulo 1
1 Alejandro, a quien la historia llama el Magno, nació en 356 a.C. Sucedió a su padre en 336 a.C. y murió en Babilonia en 323 a.C. En los trece años de su reinado empezó por acabar la obra de su padre, sometiendo a los griegos para lanzarlos luego a la conquista del imperio persa, cuyas fronteras pasó, llegando hasta la India. Su gran inteligencia aspiraba, más que a vengar a los griegos de las opresiones de los reyes persas, a difundir el helenismo y crear un gran imperio a base de la cultura helénica. Sus heroicos esfuerzos y su intemperancia agotaron pronto sus energías, muriendo en plena juventud.(Volver a Lectura).
6 Todo lo que se refiere a la muerte de Alejandro y a su testamento es obscuro en los historiadores clásicos. Lo que el autor sagrado nos dice es lo que corría entre la gente culta y se mostró por los hechos. Bien sabido es cómo del imperio de Alejandro nacieron, entre otros, los reinos de Egipto y de Siria, que más interesan a la presente historia.(Volver a Lectura).
11 Éste Antíoco es el perseguidor de la religión judía, hijo de Antíoco III el Grande. Este, vencido por los romanos en Magnesia (188 a.C.) y obligado a firmar una humillante paz, tuvo que mandar a Roma a su hijo como rehén para asegurar el cumplimiento de lo pactado. A la muerte de su hermano Seleuco, logró salir de Roma y apoderarse del trono de Siria, excluyendo a sus sobrinos, hijos del difunto rey (175 a.C.).(Volver a Lectura).
12 Como antes la religión cananea o asiria ejercía sobre los hebreos una atracción poderosa, así ahora la cultura helénica los fascina y los impulsa a procurar civilizarse, avergonzándose de su tradicional modo de vivir.(Volver a Lectura).
25 El tratado de Magnesia, que obligaba a pagar a los romanos fuertes sumas, tenía siempre exhausto el tesoro real, y e! rey buscaba llenarlo con el saqueo de los templos. En el caso presente le daba pretexto para cometer muchos atropellos la lucha civil existente entre los judíos, que el rey miraba como dirigida contra su autoridad.(Volver a Lectura).
30 Apolonio era el jefe de esta tropa y el ejecutor de estas órdenes bárbaras del rey, que terminaron en la supresión del culto divino y en ia dedicación del templo a Júpiter Olímpico por el mes de Casleu en 168. Esta es la gran calamidad que obsesionaba la mente del profeta Daniel (7,7 s.; 19 ss.; 8,9 ss. 23 ss.).(Volver a Lectura).
52 Aquí ya tenemos la franca persecución religiosa. En los sucesos precedentes tal vez la persecución no fuera sino lucha política contra la nación, mas ahora la lucha comienza por el decreto que trata de imponer la religión helénica y prohibe la judía.(Volver a Lectura).
Matatías
2 1Por entonces se levantó Matatías, hijo de Joas, hijo de Simeón, sacerdote, de los hijos de Joarib, de Jerusalén, que habitaba en Modín. 2Tenía cinco hijos: Juan, apellidado Caddir; 3Simón, llamado Tasi; 4Judas, apellidado Macabeo; 5Eleazar, apellidado Abarán, y Jonatás, apellidado Apfás. 6Y viendo las abominaciones cometidas en Judá y en Jerusalén, 7dijo:
«¡Ay de mí! ¿Por qué nací yo, para ver la ruina de mi pueblo, y la ruina de la ciudad santa, obligados a habitar aquí, cuando está en poder de enemigos 8y su santuario en poder de extraños? Su pueblo fue tratado como un infame, 9sus vasos preciosos llevados en botín, sus niños muertos en las plazas, y sus jóvenes caídos a la espada enemiga. 10¿Qué nación no se ha adueñado de su reino, y no se ha apoderado de sus despojos? 11Todo su ornato le fue arrebatado, y la que era libre fue hecha esclava. 12Y ved cómo nuestro santuario, que era nuestro honor y nuestra gloria, está desolado, profanado por las gentes. 13¿Para qué vivir?»
14Rasgaron Matatías y sus hijos sus vestiduras, y se vistieron de saco e hicieron gran duelo. 15En tanto llegaron a la ciudad de Modín los delegados del rey, forzando a la apostasía mediante la ofrenda del incienso. 16Muchos israelitas les obedecían, mientras Matatías y sus hijos se mantuvieron apartados. 17Los enviados del rey dirigiéronse a Matatías, y le dijeron: «Tú eres príncipe e ilustre y grande en esta ciudad, apoyado por muchos hijos y parientes; 18acércate, pues, el primero, y haz conforme al decreto del rey, como hacen todas las naciones, los hombres de Judá y los que quedaron en Jerusalén. Y seréis tú y tu casa de los amigos del rey, y seréis enriquecidos, tú y tus hijos, de plata y oro y muchas mercedes».
19A lo que contestó Matatías, diciendo en alta voz: «Aunque todas las naciones que forman el imperio abandonen el culto de sus padres y se sometan a vuestros mandatos, 20yo y mis hijos y mis hermanos viviremos en la alianza de nuestros padres. 21Líbrenos Dios de abandonar la ley y sus preceptos. 22No escucharemos las órdenes del rey para salirnos de nuestro culto, ni a la derecha ni a la izquierda».
23Apenas había terminado de hablar en presencia de todos, cuando se acercó un judío para quemar incienso en el altar que había en Modín, según el decreto del rey. 24 Al verlo Matatías, se indignó hasta estremecerse; y llevado de justa indignación, fue corriendo y le degolló sobre el altar. 25En el mismo instante mató al enviado del rey, que obligaba a sacrificar, y destruyó el altar. 26Así mostró su celo por la ley, como había hecho Fines con Zambrí, el hijo de Salóm.
La sublevación
27Alzó luego el grito Matatías en la ciudad, y dijo: «¡Todo el que sienta celo por la ley y sostenga la alianza, sígame!» 28Y huyeron él y sus hijos a los montes, abandonando cuanto tenían en la ciudad. 29Entonces muchos que suspiraban por la justicia y el juicio bajaron al desierto, 30para habitar allí, así ellos como sus hijos, sus mujeres y sus ganados, pues la persecución había llegado al colmo.
31Y así que llegó a noticia de los enviados del rey y de las fuerzas que había en Jerusalén, en la ciudad de David, que aquellos hombres, desobedeciendo el decreto del rey, habían bajado para esconderse en el desierto, y que muchos los habían seguido, 32luego los sorprendieron; y acampando enfrente de ellos, se dispusieron a atacarlos en día de sábado. 33Y les decían: «Basta con lo hecho hasta aquí. Salid y cumplid el decreto del rey, y viviréis». 34Ellos contestaron: «No saldremos, ni haremos lo mandado por el rey, profanando el sábado». 35En seguida los acometieron; 36y ellos no les respondieron, ni les lanzaron una piedra, ni taparon sus escondrijos, 37diciendo: «Muramos todos en nuestra inocencia, y el cielo y la tierra serán testigos de que injustamente nos hacéis morir». 38Y acometidos en día de sábado, murieron ellos, sus mujeres, sus hijos y sus ganados, hasta mil hombres. 39Cuando Matatías y sus amigos lo supieron, se dolieron grandemente, 40pero dijeron: «Si todos hacemos como nuestros hermanos han hecho, no combatiendo contra los gentiles por nuestras vidas y nuestras leyes, pronto nos exterminarán de la tierra». 41Y tomaron aquel día esta resolución: «Todo hombre, quienquiera que sea, que en día de sábado viniere a pelear contra nosotros, será de nosotros combatido, y no nos dejaremos matar todos, como nuestros hermanos en sus escondrijos».
42Entonces se unió a ellos un grupo de asideos, israelitas valientes, todos adictos a la ley. 43Cuantos buscaban escapar a la persecución se unían a ellos, acrecentándose así sus fuerzas, 44hasta formar un ejército con el cual hirieron a los pecadores en su ira y a los impíos en su furor. Los restantes buscaban su salud entre los gentiles. 45Recorrieron Matatías y sus amigos las ciudades destruyendo altares, 46y obligando a circuncidar a cuantos niños encontraban incircuncisos en los confines de Israel. 47Perseguían a los rebeldes a la ley, y su fuerza crecía más cada vez. 48Defendían la ley contra los gentiles y los reyes, y no se doblegaban ante los pecadores. 49Acercándose el fin de los días de Matatías, dijo este a sus hijos:
«Al presente triunfa la soberbia y el castigo, es tiempo de ruina y de furiosa cólera. 50Ahora, hijos míos, mostraos celadores de la ley, y dad la vida por la alianza de nuestros mayores. 51Acordaos de las hazañas de vuestros padres en sus días, y alcanzaréis gran gloria y nombre eterno. 52¿No fue Abraham hallado fiel en la tentación, y le fue imputado a justicia? 53En el tiempo de la tribulación José guardó la ley, y vino a ser señor de Egipto. 54Fines, nuestro padre, por su gran celo recibió la promesa del sacerdocio eterno. 55Josué, por la observancia de la ley llegó a ser juez de Israel. 56Caleb, por su testimonio ante el pueblo recibió la heredad de la tierra. 57David, por su misericordia heredó el trono real, por los siglos de los siglos. 58Elías, por su gran celo de la ley fue arrebatado al cielo. 59Ananías, Azarías y Misael, por su fe, fueron librados del fuego. 60Daniel en su inocencia fue libertado del foso de los leones. 61Recorred de este modo todas las generaciones, y veréis cómo ninguno que confía en Dios es confundido».
62«No temáis las amenazas de ese malvado, porque su gloria se volverá en estiércol y en gusanos. 63Hoy se engríe, pero mañana no será hallado, porque se habrá vuelto al polvo y se habrán disipado sus planes. 64Vosotros, hijos míos, cobrad ánimo, combatid varonilmente por la ley, que con esto vendréis a ser gloriosos».
65«Yo sé que Simeón, vuestro hermano, es hombre de consejo; oídle siempre, y sea él vuestro padre. 66Judas, el Macabeo, es fuerte y vigoroso desde su mocedad; que sea el capitán del ejército y quien dirija la guerra contra las naciones. 67Atraed a vosotros a todos los cumplidores de la ley, y tomad severa venganza de los ultrajes a vuestro pueblo. 68Dad a los gentiles su merecido, y atended a la observancia de los preceptos de la ley».
69Y bendiciéndolos, fue a reunirse con sus padres. 70Murió el año 146, y los hijos le sepultaron en el sepulcro de sus padres, en Modín, y todo Israel hizo por él gran duelo.
Escuchar el Capítulo 2
7 El anciano sacerdote Matatías es la encarnación del sentimiento patriótico y religioso de Israel, sentimiento que supo infundir a sus hijos, quienes animados de él luchan heroicamente hasta obtener la victoria.(Volver a Lectura).
26 Estos actos de Matatías son como la declaración de guerra contra el rey. Como representante de la nación oprimida, pero que tiene derecho a la libertad y aspira a conquistarla, degüella al impío israelita en nombre de la ley y da muerte al enviado de Antíoco.(Volver a Lectura).
41 Estos que se dejaron matar por no quebrantar el sábado eran del partido de los Hasidin o devotos, que hadan especial profesión de piedad. Matatías y los suyos, aunque respetan la conducta de aquellos mártires, no creen que sea la mas prudente ni la que ellos deben seguir, pues sería dar a los enemigos la victoria.(Volver a Lectura).
Judas Macabeo
3 1Le sucedió Judas, apellidado Macabeo, 2a quien apoyaron sus hermanos y cuantos habían seguido a su padre, y combatían alegremente los combates de Israel.
3Y dilató la gloria de mi pueblo,
y como héroe se vistió la coraza,
y se ciñó sus armas para guerrear,
y trabó batallas, protegiendo con su espada el campamento.
4Por sus hazañas se asemejó al león,
y al cachorro que ruge en busca de la presa.
5Persiguió en sus escondites a los impíos,
y entregó a las llamas a los perturbadores de su pueblo.
6Los impíos se sobrecogieron de miedo ante él,
los obradores de la iniquidad se turbaron.
En sus manos llegó a buen término la salud.
7Dió en qué entender a muchos reyes,
y fué el regocijo de Jacob con sus hazañas.
Por los siglos perdurará su memoria en bendición.
8Recorrió las ciudades de Judá exterminó a los impíos de ellas, y alejó de Israel la ira.
9Llegó su nombre hasta los confines de la tierra,
y reunió a los dispersos.
Sus primeras victorias
10Apolonio reunió a las naciones, y vino de Samaría un gran ejército, para hacer la guerra contra Israel. 11Así que lo supo Judas, le salió al paso, le derrotó y le dió muerte: cayeron muchos y huyeron los demás. 12Se apoderó de sus despojos y de la espada de Apolonio, de la cual se sirvió en la guerra todos los días de su vida.
13Cuando llegó a oídos de Serón, jefe del ejército de Siria, que Judas había juntado gente y que una muchedumbre de fieles a la ley combatía a su lado, 14se dijo: Me haré famoso y ganaré gloria en el reino, combatiendo a Judas y a los suyos, que desprecian los decretos del rey. 15Y preparada la segunda expedición, salió y subió con poderoso ejército, al cual se unieron los impíos, para apoyarle y tomar venganza de los fieles de Israel. 16Llegaron hasta la subida de Betorón, donde les salió al paso Judas con una pequeña tropa. 17Esta, viendo el ejército que venía contra ellos, dijo a Judas: «¿Cómo podremos nosotros, tan pocos, luchar contra tan poderosa muchedumbre, y menos estando, como estamos hoy, extenuados por el ayuno?» 18Pero Judas les contestó: «Fácil cosa es a Dios entregar una muchedumbre en manos de pocos, que para el Dios del cielo no hay diferencia entre salvar con muchos o con pocos;19y no está en la muchedumbre del ejército la victoria en la guerra: del cielo viene la fuerza. 20Estos llegancontra nosotros llenos de orgullo e impiedad, para apoderarse de nosotros, de nuestras mujeres e hijos, y saquearnos, 21mientras que nosotros luchamos por nuestras vidas y por nuestras leyes. 22Dios los aplastará a nuestros ojos; no tengáis miedo de ellos».
23Así que acabó de hablar, los acometió con decisión, derrotando enteramente a Serón y a su ejército. 24Los persiguió Judas por la bajada de Betorón hasta el llano, quedando en el campo unos ochocientos hombres, y huyendo los demás a tierra de los filisteos. 25Con esto, el espantoy el miedo a Judas y a sus hermanosse apoderó de las naciones vecinas. 26La fama de su nombre llegó hasta el rey, y en todas las naciones se contaban sus batallas.
Se preparan más duros combates
27El rey Antíoco, en teniendo noticia de estos sucesos, se encendió en ira, y dió orden de juntar todas las fuerzas del reino, un ejército poderosísimo. 28Abrió sus tesoros, y pagó la soldada a su ejército por un año, ordenando que estuviesen preparados para todo evento. 28Viendo el rey que sus tesoros habían quedado exhaustos, y que los tributos eran escasos, por las disensiones y las calamidades que él había traído sobre la tierra, en su empeño de suprimir las leyes que habían estado en uso desde los días antiguos, 30temió no tener, como otras veces le había sucedido, para los gastos y los donativos, que solía repartir con más largamano y mayor prodigalidad que sus antecesores. 31En este grave aprieto resolvió ir a Persia, a cobrar los tributos de las regiones y reunir mucho dinero.
32Dejó a Lisias, hombre ilustre y de linaje real, al frente de los negocios del reino, desde el Eufrates hasta los confines de Egipto, 33y con el encargo de velar por su hijo Antíoco, hasta su vuelta. 34Puso a su disposición la mitad del ejército y los elefantes, encomendándole la ejecución de sus planes, y sobre todo lo de Judea y Jerusalén. 35Debía enviar contra ellos el ejército, aplastar y destruir la fuerza de Israel y las reliquias de Jerusalén, hasta borrar de la tierra su memoria, 36e instalar a los extranjeros en sus confines, distribuyéndoles la tierra por suerte. 37La otra mitad del ejército la llevó consigo el rey, que partió de Antioquía, la capital de su reino, el año 147, y atravesando el Eufrates, se dirigió hacia las regiones altas.
38Luego eligió Lisias a Tolomeo, hijo de Dorimeno, a Nicanor y a Gorgias, varones valerosos de entre los amigos del rey; 39y envió con ellos cuarenta mil hombres y siete mil caballos para invadir la Judea y arrasarla, según el mandato del rey. 40Partieron con todo un ejército y vinieron a acampar cerca de Emaús, en la llanura. 41Cuando los mercaderes de la región tuvieron noticia de su llegada, tomaron consigo muchísima plata, oro y siervos, y vinieron al campamento para comprar los hijos de Israel por esclavos. También se agregaron a ellos fuerzas procedentes de Siria y de la tierra de los filisteos.
42Viendo Judas y sus hermanos que las calamidades se multiplicaban y que los ejércitos estaban acampados en sus confines, y conocedores de las órdenes dadas por el rey, de destruir y exterminar al pueblo, 43se dijeron unos a otros: «Defendamos a nuestro pueblo contra esos planes de destrucción, y luchemos por nuestra nación y por el santuario», 44y resolvieron disponerse a la guerra, orando y pidiendo a Dios clemencia y misericordia.
45Jerusalén estaba despoblada como un desierto; no había quien de sus hijos entrase o saliese. Su santuario estaba conculcado, y los hijos de los extranjeros moraban en la ciudadela. Era ésta albergue de los gentiles; el gozo de Jacob había desaparecido, y habían enmudecido la flauta y la cítara.
46Se reunieron en Masfa, enfrente Jerusalén, pues en otro tiempohabía sido Masfa un lugar de oración para Israel; 47y ayunaron aquel día, se vistieron de saco, pusieron ceniza sobre sus cabezas, rasgaron sus vestiduras, 48y extendieron el libro de la ley, buscando en él lo que los gentiles preguntan a las imágenes de sus ídolos. 49Trajeron los vestidos sacerdotales, las primicias y los diezmos, e hicieron venir a nazareos que habían cumplido los días de su consagración; 50y a voces clamaron al cielo, diciendo: «¿Qué vamos a hacer con éstos y a dónde vamos a llevarlos? 51Porque tu santuario está hollado y profanado, tus sacerdotes en luto y humillación, 52y ahora los gentiles se han reunido contra nosotros para destruirnos. Tú sabes las cuentas que echan sobre nosotras. 53¿Cómo podremos hacerles frente, si tú no nos ayudas?» 54Y tocaron las trompetas, y clamaron a grandes voces.
55 Después de esto instituyó Judas jefes del pueblo, de millares, centenas, cincuentenas y decenas, 56y dijeron a los que edificaban casas, a los que habían tomado mujer, a los que habían plantado una viña, y a los tímidos, que se volvieran cada uno a su casa, conforme la prescripción de la ley, 57y levantando
el campo, vinieron a ponerse al sur de Emaús. 58Dijo Judas a los suyos: «Preparaos y portaos como valientes, prontos a luchar mañana temprano contra estas gentes que se han reunido contra nosotros, para destruirnos y destruir el santuario. 59Mejor es morir combatiendo, que contemplar las calamidades de nuestro pueblo y del santuario. 60En todo caso, hágase la voluntad del cielo».
Escuchar el Capítulo 3
21 Estas palabras expresan los sentimientos de los Macabeos e indican la fuente de su fuerza incontrastable.(Volver a Lectura).
41 El comercio de esclavos era muy lucrativo, y como los prisioneros de guerra eran por derecho común esclavos, los mercaderes vienen presurosos, esperando hacer un gran negocio.(Volver a Lectura).
48 Es día de luto y de oración. A falta de profeta o de sacerdote que consulte al Señor por los urim y tummim, lo hacen por el texto de la Ley. Los nazareos terminaban su voto con un sacrificio que sólo en el templo podía ofrecerse. Pero el templo estaba profanado y en poder de los gentiles.(Volver a Lectura).
4 1Gorgias, tomando cinco mil infantes y mil jinetes escogidos, levantó el campo por la noche, 2con el propósito de atacar al ejército judío, y derrotarlo por sorpresa. 3Tuvo de ello noticias Judas, y con sus valientes movió también el campo para atacar a los del rey, que estaban junto a Emaús, 4en tanto que el grueso del ejercito andaba aún disperso, lejos del campamento.
5Llegó Gorgias al campo de Judas por la noche; y no hallando a nadie, los buscaba por los montes, diciendo: «Estos han huido de nosotros». 6En cuanto fué de día apareció Judas en el llano con tres mil, que no tenían ni los escudos ni las espadas que deseaban. 7Vieron el campamento de los gentiles, fuerte, atrincherado, rodeado de la caballería, formado por hombres diestros en la guerra. 8Dijo Judas a los que le acompañaban: «No temáis esa muchedumbre ni su ímpetu os acobarde. 9Recordad cómo fueron salvados nuestros padres en el Mar Rojo, cuando el Faraón los perseguía con su ejército. 10Levantemos al cielo nuestra voz, en la esperanza de que se compadezca de nosotros y, acordándose de la alianza de nuestros padres, aplaste hoy ante nuestros ojos este campamento, 11y conocerán todas las gentes que hay quien rescata y salva a Israel».
12Alzando los enemigos sus ojos, vieron que los venían a atacar, 13y salieron del campo para combatirlos. Los de Judas tocaron las cornetas, 14y se trabó la lucha, siendo derrotados los gentiles, que luego se dieron a huir por el llano. 15Fueron perseguidos hasta Guezer, los llanos de Idumea, de Azoto y de Jamnnia; los rezagados cayeron todos al filo de la espada, quedando en el campo hasta tres mil de ellos. 16Volviendo Judas con su ejército de perseguirlos, dijo a los suyos: 17«No codiciéis los despojos, que tenemos ante nosotros el peligro, 18pues Gorgias está con su ejército en los montes próximos. Por el momento haced frente a los enemigos y combatid contra ellos; después ya podréis tomar los despojos con seguridad».
19Estaba aún Judas diciendo esto, cuando apareció, saliendo del monte, una división de Gorgias; 20la cual, al ver cómo los suyos habían vuelto las espaldas y ardía en llamas el campamento, porque el humo que se veía daba bien a entender lo sucedido, 21se llenó de miedo, y más viendo al ejército de Judas en el llano, en orden de batalla. 22Todos se dieron a huir hacia la tierra de los filisteos. 23Judas entonces se volvió y recogió el botín del campamento, donde tomaron mucho oro y plata, y telas de jacinto y de púrpura marina, y grandes riquezas. 24A su vuelta elevaban al cielo cánticos ybendiciones al Señor: «Porque es bueno, porque es eterna su misericordia». 25En aquel día obtuvo Israel una gran victoria.
Nueva victoria
26Cuantos extranjeros se salvaron llegaron a anunciar a Lisias lo sucedido, 27y éste, al oír las noticias, se quedó consternado y abatido, porque las cosas no habían sucedido en Israel como el rey se lo había ordenado. 28Al año siguiente organizó un ejército de sesenta mil hombres y cinco mil caballos, para acabar totalmente con los judíos. 29Vino por Idumea y acampó en Betorón. Para hacerles frente sólo disponía Judas de diez mil hombres. 30A la vista de tan fuerte ejército, oró, diciendo: «Bendito seas, Salvador de Israel, que quebrantaste el ímpetu del gigante por mano de tu siervo David, y entregaste el campamento de los filisteos en poder de Jonatán, hijo de Saúl, y de su escudero.
31Da este campo a manos de tu pueblo de Israel, y queden avergonzados su ejército y su caballería. 32Infúndeles miedo, abate la presuntuosa confianza en su fortaleza, y avergüéncense de su derrota. 33Derrótalos por la espada de los que te aman, y entonen cánticos de loor todos los que conocen tu nombre».
34Viniendo a las manos, cayeron del ejército de Lisias cinco mil hombres. 35Al ver Lisias la derrota de su ejército y la audacia del de Judas, y cómo estaban dispuestos a vivir o morir gloriosamente, partió para Antioquía y reclutó mercenarios para acrecentar su ejército, con el propósito de volver contra Judas.
Restablecimiento del culto
36Judas y sus hermanos se dijeron entonces: «Nuestros enemigos están derrotados; subamos, pues, y purifiquemos el santuario y restablezcamos el culto». 37Y juntando el ejército, subieron al monte de Sión. 38Al ver el santuario desolado, profanado el altar, quemadas las puertas, la hierba crecida en los atrios como en un bosque o en un monte, y las habitaciones destruidas, 39rasgaron sus vestiduras y alzaron gran llanto, se pusieron ceniza sobre la cabeza, 40se postraron en tierra, tocaron las trompetas de señales, y clamaron al cielo.
41Luego ordenó Judas que algunos tuvieran en jaque a los de la ciudadela, mientras purificaban el santuario. 42Eligieron sacerdotes irreprochables, amantes de la ley, 43los cuales purificaron el templo y echaron las piedras del altar idolátrico en lugar inmundo. 44Deliberaron qué harían del altar de los holocaustos, que había sido profanado, 45y les pareció buen consejo destruirlo, por cuanto los gentiles lo habían profanado, 46y depositar las piedras en el monte del templo, en lugar conveniente, hasta que viniese un profeta que diese oráculo sobre ellas. 47 Tomaron luego piedras sin labrar, conforme prescribe la ley; alzaron el santuario y el interior del Templo, purificaron los atrios, 49hicieron nuevos vasos sagrados, e introdujeron el candelabro, el altar de los perfumes y la mesa en el templo. 50Quemaron incienso en el altar, encendieron las lámparas del candelabro que lucían en el templo, 51colocaron los panes sobre la mesa y colgaron las cortinas. De esta manera dieron fin a la obra.
52En la mañana del día 25 del mes noveno, que es el de Casleu, del año 148, se levantaron de madrugada 53y ofrecieron el sacrificio prescrito por la ley en el nuevo altar de los holocaustos que habían construido. 54Precisamente en la misma hora y día en que le habían profanado los gentiles, fué renovado con cánticos, con cítaras, con arpas y con címbalos. 55Todo el pueblo se postró sobre su rostro, adorando y elevando sus bendiciones al cielo, que les había dado tan feliz suceso. 56Durante ocho días celebraron la renovación del altar, y con alegría ofrecieron los holocaustos y sacrificios de acción de gracias y alabanza. 57Adornaron la fachada del templo con coronas de oro y escudos, y restauraron las portadas y las cámaras y les pusieron puertas. 58Fué muy grande la alegría del pueblo por haber borrado el oprobio de los gentiles. 59Finalmente mandaron Judas y sus hermanos y toda la asamblea de Israel, celebrar los días de la renovación del altar a su tiempo, de año en año, por ocho días, desde el veinticinco del mes de Casleu, con alegría y regocijo. 60Por aquel mismo tiempo levantaron en torno del monte Sión muros altos y torres fuertes, para que no pudieran los gentiles hollarle como habían hecho antes, 61pusieron en él una guarnición que le defendiera. Fortificaron asimismo a Betsur, para protegerla y que el pueblo tuviese una defensa por el lado de Idumea.
Escuchar el Capítulo 4
41 Por lo dicho se comprende la importancia de este acto de Judas, primer fruto de sus victorias, purificar el templo de las impurezas gentílicas y restablecer el culto legitimo del Dios verdadero.(Volver a Lectura).
Guerra contra los pueblos vecinos
5 1Cuando las naciones de alrededor oyeron que el altar había sido reedificado y restaurado como antes el santuario, se enfurecieron sobremanera, 2y decidieron destruir a los de la raza de Jacob que vivían en medio de ellos, comenzando a ejecutar matanzas y destrucciones en el pueblo. 3Comenzó Judas por hacer la guerra a los hijos de Esaú, y se apoderó de Acrabatane, en Judea, desde la cual hostigaban constantemente a Israel. Les infligió una gran derrota, humillándolos y llevándose sus despojos. 4Se acordó de la maldad de los hijos de Bayán, que tendían al pueblo lazos y emboscadas en los caminos. 5Los obligó a encerrarse en sus torres, los cercó, y dándolos al anatema, puso fuego a las torres, que ardieron con todos los que en ellas había. 6Pasó luego a los hijos de Ammón, y se encontró con un ejército fuerte y un pueblo numeroso, y a Timoteo por jefe. 7Tuvo con ellos muchos encuentros, hasta que los derrotó y deshizo totalmente. 8Se apoderó de Gazer y sus aldeas, y se volvió luego a Judea.
9Los gentiles de Galad se conjuraron contra los israelitas que moraban en su territorio, con el propósito de aniquilarlos, pero ellos huyeron a la fortaleza de Diatema. 10Escribieron a Judas y a sus hermanos, diciéndoles: «Se han juntado contra nosotros las naciones de nuestro contorno, que se proponen destruirnos; 11están dispuestas a venir y apoderarse de la fortaleza en que nos hemos refugiado; tienen a Timoteo por jefe. 12Ven, pues, y líbranos de sus manos, porque muchos de los nuestros han caído ya, 13y todos nuestros hermanos de la región de Tobi han sido muertos, y robadas sus mujeres, sus hijos y sus bienes, pereciendo allí unos mil hombres».
14Estaban leyendo estas cartas, cuando llegaron, rasgadas las vestiduras, otros mensajeros de Galilea, 15los cuales comunicaron que se habían juntado contra ellos gentes de Tolemaida y de Tiro y de Sidón, y los gentiles de toda la Galilea, para aniquilarlos. 16Cuando Judas y el pueblo oyeron semejantes noticias, se reunió una gran asamblea, y deliberaron sobre lo que habían de hacer por sus hermanos, que se hallaban en grave aprieto, combatidos por los gentiles. 17Dijo Judas a Simón, su hermano: «Toma gente contigo, y ve a librar a nuestros hermanos de Galilea; yo y mi hermano Jonatán iremos a Galad». 18A José, el de Zacarías, y a Azarías los dejó por jefes del pueblo, con el resto del ejército para la defensa de Judea, 19dándoles esta orden: «Quedaos al frente del pueblo, pero no trabéis lucha con los gentiles, hasta nuestra vuelta».
20Tomó Simón tres mil hombres para ir a Galilea, y Judas ocho mil para ir a Galaad. 21Partió Simón para Galilea, y después de muchos encuentros con los gentiles, los derrotó y persiguió hasta las puertas de Tolemaida, 22quedando en el campo unos tres mil de los gentiles y apoderándose Simón de sus despojos. 23Tomó luego a los que moraban en Galilea y en Arbata, con sus mujeres, hijos y cuanto tenían, y los trajo con gran júbilo a Judea.
24Judas, el Macabeo, y Jonatán, su hermano, atravesaron el Jordán y caminaron durante tres días por el desierto, 25encontrándose con los nabateos, que los recibieron amigablemente y les contaron cuanto a sus hermanos había sucedido en la región de Galaad, 26y cómo muchos de ellos se hallaban prisioneros en Bosora, en Bosor, en Alema, en Casfor, en Maqued y en Carnaim, ciudades todas fuertes y grandes; 27que también en las demás ciudades de Galaad había prisioneros, y habían ordenado los enemigos para el día siguiente atacar las plazas fuertes, tomarlas y acabar con todos los judíos en un solo día.
28Judas, con su ejército, atravesando el desierto, llegó de improviso a Bosora, se apoderó de la ciudad, pasó al filo de la espada a todos los varones, se adueñó de todos sus despojos y le puso fuego. 29Levantando el campo por la noche, se encaminó hacia la fortaleza de Diatema. 30Al amanecer alzó los ojos y vio una muchedumbre innumerable con escalas y máquinas de guerra, dispuesta a atacar y tomar la fortaleza. 31Entendió Judas que el ataque comenzaba y oyó que de la ciudad subía al cielo un griterío y sonido de trompetas. 32Dijo entonces a los de su ejército: «Luchad hoy por vuestros hermanos». 33Y en tres secciones se dirigieron por la espalda, tocando las trompetas y clamando a Dios en oración.
34Cuando el ejército de Timoteo se dio cuenta de que era el Macabeo, emprendieron la fuga. Les infligió una gran derrota, quedando aquel día en el campo hasta ocho mil hombres. 35Luego se volvió Judas contra Masfa, la atacó, adueñándose de ella, matando a todos sus hombres, tomando sus despojos y entregando la ciudad a las llamas. 36Partiendo de allí, tomó a Casfar, Maqued y Bosor, con las demás ciudades de Galad.
37Después de esto juntó Timoteo otro ejército y vino a acampar enfrente de Rafón, del otro lado del torrente. 38Envió Judas a explorar el campo, y le trajeron estas noticias: «Se han juntado con Timoteo todos los gentiles de alrededor, y forman un ejército muy grande. 39Además, han tomado a sueldo a los árabes como auxiliares suyos, y están acampados del otro lado del torrente, prontos a venir contra ti». 40Timoteo había dado estas instrucciones a sus capitanes: «Si al llegar Judas al torrente le permitiéramos pasar hasta nosotros, no le podríamos resistir, porque tiene una fuerza incontrastable; 41mas si por temor acampara al otro lado del torrente, iremos contra él y le venceremos».
42Cuando Judas se acercó al torrente, detuvo a los intendentes del ejército y les dio esta orden: «No permitáis que se quede nadie en el campo; que vayan todos a luchar». 43Y atravesó el primero contra los enemigos y todo el pueblo en pos de él. Fueron deshechos los gentiles, que tiraron las armas y huyeron al santuario de Carnaim. 44Pero los de Judas se apoderaron de la ciudad y pusieron fuego al santuario, que ardió con todos los que en él había. Así fue abatida Carnaim, sin que los enemigos pudieran hacer frente a Judas. 45Juntó Judas a todos los israelitas que moraban en Galaad, desde el pequeño hasta el grande, a sus mujeres e hijos y su hacienda, una muchedumbre muy grande, para traerlos a la tierra de Judá. 46Al llegar a Efrón, ciudad grande y muy fuerte en la entrada de un desfiladero, no podían desviarse ni a la derecha ni a la izquierda, sino que habían de pasar por en medio de ella. 47Los de la ciudad se encerraron, y muraron a cal y canto las puertas. Les envió Judas un mensaje de paz, 48diciéndoles: «Permitidnos atravesar por vuestra tierra, camino de la nuestra; nadie os molestará, sencillamente pasaremos a pie». Pero no quisieron abrirle.
49Ordenó Judas entonces pregonar en todo el campo que hiciesen todos alto en el sitio en que estaban. 50Los hombres de guerra tomaron posiciones y atacaron la ciudad todo aquel día y la noche siguiente, hasta que se rindió. 51Pasó al filo de la espada a todos los varones, arrasó la ciudad y se apoderó de sus despojos, atravesándola luego por encima de los cadáveres. 52Pasado el Jordán, llegaron a la gran llanura de Betsán. 53Judas, que mandaba la retaguardia, iba exhortando al pueblo todo el camino, hasta llegar a la tierra de Judá. 54Con gran gozo y alegría subieron al monte de Sión, y ofrecieron holocaustos, por no haber caído ninguno de ellos y haber vuelto todos en paz.
55En los días en que Judas y Jonatán estaban en Galad, y Simón en Galilea, frente a Tolemaida, 56llegaron a oídos de José, el de Zacarías, y Azarías, jefes del ejército, las hazañas y las batallas que llevaban a cabo; 57y se dijeron: «Hagamos también nosotros célebre nuestro nombre, peleando contra las naciones de alrededor». 58Y dieron orden al ejército que con ellos tenían, de emprender la marcha hacia Jamnia. 59Pero les salió al paso Gorgias con su gente, 60que derrotaron a José y Azarías, persiguiéndolos hasta los confines de Judea. Dos mil hombres cayeron aquel día, del pueblo de Israel. Acaeció este gran descalabro
61por no haber obedecido a Judas y a sus hermanos, creyéndose capaces de grandes hazañas. 62Pero no eran ellos de la raza a que fue dado salvar a Israel. 63Por lo contrario, el heroico Judas y sus hermanos alcanzaron gran gloria ante Israel y ante todos los pueblos, a cuyos oídos llegó su fama, 64y en medio de aclamaciones todos los rodeaban.
65Partieron luego Judas y sus hermanos en campaña contra los hijos de Esaú, hacia el mediodía, y se apoderaron de Hebrón y de sus aldeas, destruyeron su fortaleza y quemaron las torres de su recinto. 66En seguida se dirigió contra la tierra de los filisteos, atravesando por Maresa. 67Cayeron aquel día en la batalla algunos sacerdotes, que inconsideradamente salieron a luchar, queriendo dar pruebas de su valentía. 68Se dirigió luego hacia Azoto, en tierra de filisteos, y destruyó sus altares, quemó las estatuas de sus dioses, saqueó las ciudades, y se volvió a la tierra de Judá.
Escuchar el Capítulo 5
2 El ejemplo del rey cundió entre los pueblos vecinos a Jerusalén, que se dieron todos a perseguir a los judíos. Judas estaba en su legítimo derecho, al defender a sus hermanos.(Volver a Lectura).
Muerte de Antíoco Epífanes
6 1Atravesaba el rey Antíoco las regiones altas de Persia, cuando tuvo noticias de Elimaide, ciudad célebre por su riqueza de plata y oro. 2Había en ella un templo extraordinariamente rico, en el cual se guardaban armaduras de oro, corazas y armas, que había dejado allí Alejandro, el de Filipo, rey de Macedonia, el primero que reinó entrelos griegos. 3Llegado a ella, intentó apoderarse de la ciudad, pero no pudo; porque, conocidos sus propósitos en la ciudad, 4le resistieron con las armas, viéndose forzado a retirarse huyendo, para volverse con gran pena a Babilonia.
5En Persia le alcanzó un correo,que le dió a saber cómo los ejércitos enviados a tierra de Judea habían sido derrotados; que Lisias, había ido contra ella, 6con un ejército fuerte si los hay, y había huido ante los judíos, que se habían hecho muy fuertes en armas y soldados, con el botín grande que habían cogido a los ejércitos por ellos vencidos; 7que habían destruido la abominación levantada por él sobre el altar de Jerusalén, y habían cercado de altos muros el santuario, como antes estaba, y la ciudad de Betsur.
8Cuando recibió estas noticias quedó aterrado e intensamente conmovido, tanto que cayó en el lecho enfermo de tristeza, al ver que los sucesos no habían correspondido
a sus deseos. 9Pasó allí muchos días, porque la tristeza se renovaba sin cesar, y hasta creyó morir. 10Haciendo llamar a sus amigos, les dijo: «Huye de mis ojos el sueño, y mi corazón desfallece por la preocupación, 11pensando en qué tribulación y tempestad grande me hallo, yo, tan bueno, tan amado por mi suave gobierno. 12Pero ahora me acuerdo de los males que hice en Jerusalén, de los utensilios de oro y plata que de allí tomé, de los habitantes de Judea que sin causa exterminé. 13Ahora reconozco que por esto me han sobrevenido tantas calamidades, y que de mi gran tristeza moriré en tierra extraña». 14Y llamando a Felipe, uno de sus amigos, les instituyó por regente del reino, 15entregándole la diadema, el manto real y el anillo, y encargándole la tutela y educación de Antíoco, su hijo, hasta ponerlo en el trono. 14Murió Antíoco allí en el año 149. 17Al saber Lisias la muerte del rey, entronizó en lugar del padre a Antíoco, su hijo, a quien de joven había educado, y le apellidó Eupátor.
Expedición de Antíoco Eupátor y paz con los judíos
18Entretanto, los de la ciudadela tenían a Israel asediado en el santuario, molestándoles de continuo y apoyando la causa de los gentiles. 19Judas resolvió quitarlos de en medio, y para ello convocó a todo el pueblo, para cercarlos en forma. 20Concentradas las tropas, pusieron el cerco el año 150, y construyeron ballestas y máquinas. 21Pero algunos de los cercados salieron; y juntándose con ellos otros de los impíos de Israel, se dirigieron al rey en queja, diciendo: «¿Cuándo será quehagas justicia y defiendas a nuestros hermanos? 22Nosotros con gusto nos hemos sometido a tu padre y obedecimos sus decretos, viviendo según sus disposiciones; 23y ahora los hijos de nuestro pueblo se han vuelto contra nosotros, y tienen cercada la ciudadela. 24A más de esto, a cuantos caen en sus manos los matan, y saquean sus bienes. 25Y no sólo contra nosotros han alzado la mano, sino contra todos los pueblos limítrofes. 26Ahora mismo están acampados contra la ciudadela en Jerusalén, con el intento de apoderarse de ella, y han fortificado el templo y la ciudad de Belsur, 27y si no les tomas la delantera, harán cosas mayores y no podrás dominarlos».
28El rey se irritó al oír estas noticias, y convocó a todos sus amigos, a los capitanes de su ejército y de la caballería. 29Hasta de otros reinos de las islas del mar le vinieron tropas mercenarias. 30Alcanzó el número de sus fuerzas a cien mil hombres de a pie, veinte mil de caballería, y treinta y dos elefantes adiestrados para la guerra; 31todos los cuales, llegando por la Idumea, acamparon enfrente de Betsur y la combatieron por largo tiempo con máquinas; pero los cercados hicieron una salida, y luchando valientemente, les prendieron fuego.
32Judas levantó el cerco que tenía puesto a la ciudadela y vino a acampar junto a Bezcaria, enfrente del campamento del rey. 33Este se levantó de madrugada, y moviendo el campo a toda prisa, se dirigió por el camino de Bezcaria. Dispuestas las fuerzas para la batalla, dió con las cornetas la señal de atacar. 34Los elefantes, a los que habían emborrachado con zumo de uvas y moras, para excitarlos a la pelea, 36fueron distribuidos por las falanges, colocando al lado de cada elefante mil hombres, protegidos con cotas de malla y con yelmos de bronce en la cabeza; y a más, quinientos caballos escogidos 38precedían a la bestia dondequiera que iba, y la acompañaban, sin apartarse de ella. 37Sobre éstas iban montadas fuertes torres de madera, bien protegidas y sujetas al elefante, y en cada una dos o tres hombres valerosos, que combatían desde las torres, y su indio conductor. 38El resto de la caballería lo colocó a la derecha y a la izquierda, en las dos alas del ejército, para hostigar al enemigo y proteger las falanges.
39En cuanto el sol comenzó a brillar sobre los escudos de oro y bronce, brillaron los montes con ellos, y resplandecían como llamas de fuego. 40Una parte del ejército del rey se desplegó en los montes altos, otra en el llano, y todos iban con paso seguro y buen orden. 41Los judíos quedaron espantados al oír el estruendo de tal muchedumbre, el marchar de aquella masa y el chocar de sus armas. Era a la verdad un ejército extremadamente grande y poderoso. 42Se acercó Judas con el suyo, se trabó la lucha, y cayeron del ejército del rey seiscientos hombres. 43Eleazar, hijo de Savarán, vió una de las bestias protegidas con coraza regia, que superaba a todas las otras; y pareciéndole que debía de ser la del rey, 44se propuso salvar a su pueblo y hacerse un nombre eterno. 45Lleno de valor, corrió por en medio de la falange hacia ella, matando a derecha y a izquierda, y haciendo que todos se apartasen de él. 46Llegado al elefante, se puso debajo deél y le hirió. Cayó el elefante encima de él, y allí mismo murió.
47Viendo los de Judas la gran fuerza del rey y el empuje de su ejército, se retiraron hacia Jerusalén. 48Los del rey los siguieron, entraron en Judea, y acamparon contra el monte de Sión. 49El rey había hecho paces con los de Betsur, que salieron de la ciudad por no tener ya vituallas para prolongar más la resistencia, pues era aquel año, año de reposo para la tierra. 50Ocupó el rey Betsur, y puso en ella guarnición para defenderla. 51Durante mucho tiempo estuvo acampado contra el santuario, y puso allí ballestas, máquinas y lanzafuegos, catapultas, escorpiones para lanzar dardos, y honderos. 52Los judíos, por su parte, construyeron máquinas contra las máquinas enemigas, y lucharon durante muchos días,53pero escaseaban los víveres en sus almacenes, por ser el año séptimo, y los que se habían refugiado en Judea, huyendo de los gentiles, habían consumido los restos de las reservas; 54y como el hambre se había apoderado de ellos, dejaron en el santuario una poca gente, y los demás se dispersaron, yendo cada uno a su hogar.
55Supo en esto Lisias que Filipo, a quien el rey Antíoco, antes de morir, había encomendado la crianza de su hijo Antíoco, hasta instalarle en el trono, 56había vuelto de Persia y de Media, y con él las tropas del rey, y que pretendía apoderarse del gobierno del reino. 57Dióse prisa Lisias entonces a volverse, diciendo al rey, a los generales del ejército y a la tropa: «De día en día perdemos fuerzas, escasean las provisiones, y la plaza que combatimos es muy fuerte, y debemos ocuparnos en las cosas del reino. 58Tendamos, pues, la mano a estos hombres, hagamos las paces con ellos y con todo su pueblo; 69y convengamos en que vivan según sus leyes, como antes. Precisamente a causa de esas leyes, que nosotros hemos pretendido abrogar, se han irritado y han hecho todo esto». 60Fué bien acogida la propuesta por el rey y los generales; y enviaron mensajeros de paz a los judíos, que la aceptaron. 61El rey y los generales les juraron, y en virtud de esto salieron de la fortaleza. 62Entró el rey en el monte de Sión, y viendo lo fuerte del sitio, quebrantó el juramento que había hecho y mandó destruir el muro que lo cercaba. 63Luego se apresuró a partir, y volviéndose a Antioquía, halló a Filipo dueño de la ciudad, y la atacó, logrando apoderarse de ella por la fuerza.
Escuchar el Capítulo 6
18 Al norte del templo los gentiles hablan levantado una ciudadela, desde la que hostigaban al pueblo que acudía al templo.(Volver a Lectura).
Báquides y Aleimo en Judá
7 1El año 151 partió de Roma Demetrio, hijo de Seleuco, con unos cuantos hombres, y desembarcó en una ciudad marítima, logrando ser en ella reconocido por rey. 2Al entrar en el palacio real de sus padres, el ejército se apoderó de Antíoco y de Lisias para entregárselos. 3Al saberlo dijo: «No quiero ni ver su cara». 4Las tropas los mataron, y así se sentó Demetrio en su trono real. 5Luego se llegaron a él todos los malvados e impíos de Israel, con Alcimo a la cabeza, que pretendía el sumo sacerdocio; 6y presentaron al rey muchas acusaciones contra el pueblo, diciendo: «Judas y sus hermanos han dado muerte a todos tus amigos, y a nosotros nos han expulsado de nuestra tierra. 7Te rogamos envíes una persona de tu confianza, que vaya y vea todos los estragos que nos han causado a nosotros y al territorio del rey, y que los castigue a ellos y a cuantos les prestan auxilio».
8Eligió el rey a Báquides, uno de sus amigos, que gobernaba la región del otro lado del río, hombre grande en el reino y fiel al soberano; 9y le envió en compañía del impío Alcimo, a quien instituyó sumo sacerdote, mandándole que tomase venganza de los hijos de Israel. 10Partieron con un gran ejército; y llegados a la tierra de Judá, enviaron mensajeros a Judas y a sus amigos con palabras engañosas de paz, 11a las que ellos no dieron crédito, porque veían el gran ejército que traían. 12Acudieron a Alcimo y a Báquides muchos escribas, reclamando justicia; 13y los asideos, que son los primeros entre los hijos de Israel, fueron a pedirles la paz, 14porque se decían: «Es un sacerdote del linaje de Aarón el que ha llegado con las tropas; no nos engañará». 15En efecto, les habló palabras de paz, y les juró diciendo: «No os haremos mal, ni a vosotros ni a vuestros amigos». 16Con esto le creyeron, pero prendió a sesenta de ellos, y en un solo día los hizo morir, según lo que está escrito:
17«Las carnes de tus santos y su sangre derramaron en torno de Jerusalén, y no había quien los enterrase».
18El miedo y el espanto se apoderó de todo el pueblo, porque se decían: «No hay verdad ni justicia, pues han violado los compromisos y juramentos que habían hecho». 19Báquides, partiendo de Jerusalén, vino a acampar en Bezeta y mandó prender a muchos de los que habían desertado de él, y a algunos del pueblo, y los mató, arrojándolos en una gran cisterna. 20Puso luego la tierra en manos de Alcimo, con tropas para auxiliarle, y se volvió al rey. 21Alcimo luchaba por asegurarse en el pontificado, 22juntándose a él todos los perturbadores de su pueblo, que se apoderaron de Judá y causaron a Israel muchos daños. 23Así que vio Judas los grandes males que Alcimo y los suyos traían sobre Israel, mayores que los causados por los gentiles, 24se puso en campaña, y recorriendo toda la tierra de Judea, castigó a los apóstatas, que cesaron de andar por ella.
25Alcimo, viendo que Judas y los suyos se hacían poderosos, y conociendo, por otra parte, que él no era capaz de hacerles frente, se volvió al rey, acusándolos de muchos crímenes. 26Envió el rey a Nicanor, uno de sus capitanes más ilustres y enemigo jurado de Israel, encargándole la destrucción del pueblo. 27Llegó Nicanor a Jerusalén con un poderoso ejército, y envió a Judas y a sus hermanos engañosos mensajes de amistad, 28diciéndoles: «No haya lucha entre nosotros; yo iré a ti con poca gente, nos veremos y hablaremos como amigos». 29Vino, en efecto, a Judas, y se saludaron amistosamente; pero los enemigos estaban dispuestos a prenderle.
30Mas conociendo Judas que venían a él con engaño, temió, y no quiso volver a verle más. 31Nicanor, cuando vio descubiertos sus planes, salió a combatir contra Judas cerca de Cafarsalama. 32El resultado de la lucha fue que cayesen de las tropas de Nicanor unos cinco mil hombres, huyendo los demás a la ciudad de David.
33Después de estos sucesos subió Nicanor al monte de Sión, y salieron del templo los sacerdotes y los ancianos del pueblo, para saludarle amistosamente y mostrarle los holocaustos que se ofrecían por el rey. 34Pero él, burlándose de ellos, los escarneció y profanó los holocaustos con altivez; y airado, juró, diciendo: 35«Si Judas no se me entrega y su ejército no se me rinde ahora, cuando vuelva victorioso daré al fuego este templo». Y partió lleno de cólera. 36Salieron los sacerdotes, y de pie frente al altar y al templo, clamaron, diciendo: 37«Tú, Señor, que has elegido esta casa para que en ella fuese invocado tu nombre y fuese casa de oración y de plegaria para tu pueblo, 38toma venganza de este hombre y de su ejército, y caigan al filo de la espada. Acuérdate de sus blasfemias, y no permitas que salga con sus intentos».
39Partió Nicanor de Jerusalén y asentó su campo en Betorón, donde se le agregó un cuerpo de sirios. 40En tanto, estaba Judas en Adasa con tres mil hombres, y orando, dijo: 41«Señor, cuando los mensajeros del rey de Asiria blasfemaron, un ángel tuyo vino e hirió a ciento ochenta y cinco mil de ellos. 42Aplasta así hoy a este ejército ante nosotros, y que al verle castigado por su maldad, reconozcan todos que fue por haber amenazado tu santuario».
43Los ejércitos vinieron a las manos el día trece del mes de Adar, quedando derrotado el de Nicanor y cayendo él mismo el primero en la lucha. 44Cuando el ejército se dio cuenta de que Nicanor había caído, arrojó las armas y huyó. 45Les persiguieron una jornada de camino, desde Adasa hasta Gazer, tocando detrás de ellos las cornetas. 46De todas las aldeas de Judea próximas salían para acosarlos; y luchando contra ellos, los mataron al filo de la espada, sin que quedase ni uno solo. 47Se apoderaron de sus despojos y de su botín, y cortaron a Nicanor la cabeza y la mano derecha, que orgullosamente había alzado contra Jerusalén. 48El pueblo se alegró extraordinariamente, y celebraron aquel día con gran regocijo, 49y acordaron celebrarlo cada año, el mismo día trece de Adar. 50Por algún tiempo gozó de paz la tierra de Judá.
Escuchar el Capítulo 7
Embajada a Roma
8 1Llegó a oídos de Judas la fama de los romanos, de que eran muy poderosos, se mostraban benévolos con todos los que se adherían a ellos, y con quienes a ellos venían hacían alianza y amistad. 2Le contaron de sus guerras y de las hazañas que habían realizado en Galacia, apoderándose de ella y sometiéndola a tributo; 3cuanto habían hecho en España, apoderándose de las minas de oro y plata que allí hay, y adueñándose de toda la tierra con su prudencia y paciencia, 4no obstante estar ese país muy alejado de ellos; y cómo a los reyes que desde los confines de la tierra habían ido contra ellos, los habían derrotado, infligiéndoles tan gran descalabro, que los restantes les pagaban tributo cada año. 5Y que a Filipo y a Perseo, reyes de Macedonía, y a los demás que se levantaron contra ellos, los habían derrotado en guerra y los habían subyugado; 6y a Antíoco el Grande, rey de Asia, que estuvo en guerra con ellos, y que tenía ciento veinte elefantes y caballería y carros y ejército muy numeroso, le habían vencido 7y cogido prisionero, imponiéndole un gran tributo a él y a los que en el reino le sucedieron, obligándole a dar rehenes 8y a ceder la Jonia, la Mesia y la Lidia, esto es, sus mejores provincias, que aquéllos cedieron al rey Eumenes. 9Los griegos quisieron ir contra ellos y aniquilarlos; pero en cuanto les fué conocido el propósito, 10enviaron contra ellos un general que los combatió, cayendo de los griegos muchos en el campo, siendo llevadas cautivas las mujeres y los hijos, saqueados los bienes, subyugada la tierra, destruidas las fortalezas y reducidos a servidumbre hasta hoy. 11A los demás reinos e islas, cuantos se les opusieron, totalmente los subyugaron. 12Pero a sus aliados y amigos que en ellos confían, les guardan fidelidad, y así habían logrado dominar los reinos próximos y remotos. Cuantos saben de su fama, los temen, 13y cuantos son por ellos ayudados para reinar, reinan, y a los que no quieren, los destituyen, y así han adquirido gran poder. 14Entre ellos nadie lleva diadema, ni viste púrpura, para engreírse con ella.
15En vez de esto, se han creado un senado, y cada día deliberan trescientos veinte senadores, que de continuo miran por el bien del pueblo y por su buen gobierno. 16Cada año encomiendan a uno solo el mando y el dominio de toda su tierra, y todos obedecen a este único, sin que haya entre ellos envidias ni celos.
17Eligió Judas a Eupolemo, hijo de Juan, hijo de Acco, y a Jasón, hijo de Eleazar, y los envió a Romapara hacer con ellos amistad y alianza, 18librándose así del yugo del reino griego, pues veían que los designios de éste eran someterlos a servidumbre. 19Llegaron a Roma después de un largo viaje, entraron en el senado, y tomando la palabra, dijeron: 20«Judas Macabeo, sus hermanos y el pueblo de los judíos, nos envían para hacer con vosotros alianza de paz, y pedir que nos inscribáis en la lista de vuestros aliados y amigos». 21Estas palabras fueron bien recibidas. 22He aquí ahora la copia de la epístola que escribieron en tablas de bronce, y que enviaron a Jerusalén para que les fuese memorial de alianza y de paz: 23«Salud a los romanos y al pueblo judío, por tierra y por mar, para siempre, y que la espada y el enemigo estén siempre lejos de ellos. 24Si el pueblo de los romanos fuera primero atacado, o lo fuese alguno de sus aliados en todo su imperio, 25el pueblo de los judíos les prestará auxilio, según las circunstancias lo dicten, con plena lealtad. 26Al enemigo no le dará ni suministrará trigo, armas, plata, ni naves. Esta es la voluntad de los romanos, y guardarán este convenio sin compensación ninguna. 27Asimismo, si primero el pueblo judío es atacado, los romanos le ayudarán lealmente, según las circunstancias lo dicten, 28y al enemigo no le darán ni trigo, ni armas, ni plata, ni naves. Tal es la voluntad de los romanos. 29Conforme a estas condiciones se conciertan los romanos con el pueblo judío. 30Si después de este acuerdo, unos u otros quisieren añadir o quitar alguna cosa, podrán hacerlo a voluntad, y lo añadido o quitado será valedero. 31Cuanto a los daños que les ha causado el rey Demetrio, ya hemos escrito a éste, diciendo: ¿Por qué impones tan pesado yugo sobre nuestros aliados y socios los judíos? 32Si vuelven a quejársenos de ti, les haremos justicia, haciéndote la guerra por mar y por tierra».
Escuchar el Capítulo 8
1 Este capítulo comienza con un gran elogio de los romanos, que poco antes habían terminado felizmente la segunda guerra púnica, extendiéndose por Oriente su fama y su dominación. El escritor sagrado expresa lo que sobre los romanos había traído a ellos la fama.(Volver a Lectura).
Báquides, otra vez en Judea.
Muerte de Judas
9 1Cuando Demetrio supo que Nicanor y su ejército habían caído en la batalla, volvió a enviar por segunda vez a Báquides con Álcimo a tierra de Judá, a la cabeza del ala derecha de su ejército. 2Tomaron el camino que llega a Gálgala, y acamparon en Masalot de Arbela, apoderándose de ella y matando a muchos.
3En el mes primero del año 152 asentaron su campo enfrente de Jerusalén; 4pero veinte mil hombres de infantería y dos mil caballos se dirigieron a Berea. 5Entretanto, Judas había acampado en Laisa con tres mil hombres escogidos, 6los cuales, viendo la muchedumbre del ejército, temieron sobremanera, huyendo muchos del campo y no quedando de todos más que ochocientos.
7Viendo Judas que el campo había quedado desierto, y que, sin embargo, la batalla era inminente, se sintió aplanado, porque no le quedaba tiempo para volverlos a juntar, 8y sintiendo que se le rompía el corazón, dijo a los que le quedaban: «Ea, vayamos al enemigo, a luchar contra él». 9Querían disuadirle, diciendo: «No podremos; mejor nos sería conservar ahora nuestra vida, y volver luego con nuestros hermanos; entonces podremos combatirlos, que ahora somos muy pocos». 10Pero Judas contestó: «¡Dios me libre de hacer tal cosa, de huir ante ellos! Si nuestra hora ha llegado, muramos valerosamente por nuestros hermanos, y no empañemos nuestro honor».
11En esto, el campo enemigo se movió, y ellos le hicieron frente. La caballería se dividió en dos partes; los honderos y los arqueros del ejército, todos hombres valientes, se adelantaron, ocupando la primera fila. 12Estaba Báquides en el ala derecha, e hizo al sonido de las cornetas avanzar la falange, dividida en dos cuerpos. 13Los de Judas dieron también la señal, y la tierra tembló al estruendo de los ejércitos. La batalla fue encarnizada, y duró desde la mañana hasta la tarde. 14Vio Judas que Báquides, con el núcleo más fuerte de su ejército, estaba en el ala derecha; y juntando a los más animosos, 15se echó con ellos sobre el enemigo, derrotándolo y persiguiéndolos hasta Azoto. 16Los del ala izquierda, viendo derrotada y en huida la derecha, pudieron perseguir a Judas y a los suyos por la espalda. 17La lucha se agravó, cayendo muchos de una y otra parte. 18Cayó también Judas, y los restantes huyeron. 19Jonatán y Simón tomaron a Judas, su hermano, y le dieron sepultura en el sepulcro de sus padres, en Modín. 20Le lloraron, y todo Israel hizo por él gran duelo, y por muchos días hicieron luto, diciendo: 21«¡Cómo ha caído el valiente, el salvador de Israel!»
22Por lo demás, la historia de las guerras de Judas, sus hazañas, su magnanimidad, son demasiado grandes para ser escritas.
Jonatán, sucesor de Judas
23Muerto Judas, cobraron ánimo los apóstatas en todo el territorio de Israel, y levantaron cabeza los obradores de la iniquidad. 24Hubo por aquellos días un hambre grandísima, y el pueblo se pasó a ellos. 25Escogió entonces Báquides hombres impíos, y los estableció por señores de la tierra. 26Buscaban estos insistentemente el paradero de los amigos de Judas, y los llevaban a Báquides, que los castigaba y escarnecía. 27Fue esta una gran tribulación en Israel, cual no se vio desde el tiempo en que no había entre ellos profetas. 28Reuniéronse entonces los amigos de Judas, y dijeron a Jonatán: 29«Desde que murió tu hermano Judas, no apareció ninguno semejante a él, capaz de hacer frente a los enemigos, a Báquides y a los perseguidores de nuestro pueblo. 30Pero te elegimos en su lugar, para que seas nuestro jefe y capitán, para que nos lleves a nuestras batallas». 31Aceptó Jonatán el mando, y ocupó desde entonces el puesto de Judas, su hermano.
32Cuando Báquides tuvo noticia de ello, le buscó para darle muerte. 33Mas sabiéndolo Jonatán, su hermano Simón y sus parciales, huyeron al desierto de Tecua, y acamparon junto a las aguas de la cisterna de Asfar. 34Súpolo Báquides, y en un día de sábado vino con todo su ejército al otro lado del Jordán.
35Envió Jonatán a su hermano por jefe de una tropa, y rogó a los nabateos, sus amigos, les permitieran dejar a su custodia el bagaje, que era mucho. 36Pero salieron de Mádaba los hijos de Jambri, y se apoderaron de Juan y de cuanto llevaba, y se volvieron con ello.
37Llegó después a Jonatán y a Simón, su hermano, la nueva de que los hijos de Jambri celebraban una solemne boda con gran pompa, y conducían desde Madaba la novia, hija de uno de los magnates de Canán. 38Y acordándose de su hermano Juan, salieron, se ocultaron al abrigo de un monte, 39alzaron los ojos, y vieron una caravana regocijada y numerosa. Era el novio, que con sus amigos y hermanos salían al encuentro de la novia con panderos, instrumentos músicos y muchas armas. 40Lanzándose fuera de su escondite, los de Jonatán los atacaron, quedando heridos muchos y huyendo los restantes al monte, apoderándose los vencedores de todos los despojos. 41Las bodas se convirtieron en llanto, el sonido de la música en lamentaciones; 42y tomada venganza de la sangre de su hermano, se volvieron a la ribera pantanosa del Jordán.
43Supo el suceso Báquides, y en día de sábado vino con mucha fuerza hasta las márgenes del Jordán. 44Dijo entonces Jonatán a los suyos: «Ea, luchemos por nuestra vida. No es hoy como ayer y anteayer. 45 l peligro nos acosa por delante y por detrás: ahí y allí las aguas del Jordán, las márgenes pantanosas y el bosque; no hay escape. 46Clamad, pues, al cielo, para que os salve de vuestros enemigos». Trabóse la batalla. 47Alzó Jonatán la mano para herir a Báquides, pero este retrocedió, esquivando el golpe. 48Salvaron Jonatán y los suyos el Jordán, pasando a nado a la ribera opuesta, pero los enemigos no atravesaron el Jordán para perseguirlos.
49Aquel día cayeron como unos mil hombres de los de Báquides. 50Vuelto este a Jerusalén, edificó ciudades fuertes en Judea, la fortaleza de Jericó, la de Emaús, la de Betorón, la de Betel, la de Tamnata, la de Faratón y la de Tefón, con muros altos y puertas y cerrojos, 51poniendo en ellas guarnición, para hacer la guerra a Israel. 52Fortificó asimismo las ciudades de Betsur y Guezer y la ciudadela, y puso guarniciones y las abasteció de víveres. 53Tomó luego a los hijos de los principales del país como rehenes, y los recluyó en la ciudadela de Jerusalén.
54El año 153, el mes segundo, ordenó Álcimo derribar el muro del atrio interior del santuario, destruyendo la obra de los profetas. Comenzó a ejecutarlo, 55pero le sobrevino un ataque apoplético y quedaron suspendidas las obras. Se le cerró y paralizó la boca, de modo que no pudo ya hablar palabra ni disponer de su casa. Murió Álcimo en medio de grandes tormentos. 56Luego que Báquides vio muerto a Álcimo, se volvió al rey, y la tierra de Judá gozó de paz por dos años.
58Entonces todos los apóstatas tomaron de común acuerdo esta resolución: «Jonatán y los suyos viven muy tranquilos y confiados; pues bien, hagamos venir a Báquides, y en una noche los prenderemos a todos». 59Fuéronse a Báquides con este consejo. 60Y en efecto, se dispuso para venir con mucha fuerza. En secreto envió cartas a todos sus parciales de Judea, para que prendieran a Jonatán y a los suyos; lo que no pudieron hacer, por haber llegado tal designio a conocimiento de ellos. 61Lejos de eso, cogieron ellos presos a unos cincuenta hombres de la tierra, cabecillas de aquella conjura y les dieron muerte. 62Luego Jonatán y Simón, con los suyos, se retiraron a Betbasi en el desierto; levantaron sus ruinas y la fortificaron. 63 Informado Báquides de esto, reunió toda su gente y avisó a los de Judea. 64 Vino a acampar enfrente de Betbasi, y durante muchos días la atacó con máquinas de guerra.
65Jonatán dejó en la ciudad a su hermano Simón, y él salió al campo con muchos. 66Atacó a Odomera y a sus hermanos, y a los hijos de Fasirón en sus tiendas; y luchando, comenzó a crecer en fuerza. 67Simón y los suyos salieron de la ciudad, pusieron fuego a las máquinas 68y atacaron a Báquides, a quien causaron una gran derrota; le pusieron en grave aprieto haciendo fracasar su decisión y su expedición. 69Él se enfureció contra los impíos que le habían aconsejado ir a Judea, hizo dar muerte a muchos de ellos, y resolvió volverse a su tierra. 70Así que Jonatán tuvo noticia de ello, le envió embajadores para concertar la paz y hacerle entrega de los prisioneros. 71Asintió a ello Báquides y aceptó las proposiciones, jurando no causarle mal alguno todos los días de su vida. 72Hízole entrega de los prisioneros, que antes había tomado de la tierra de Judá, y partió para su tierra, no volviendo más a los confines de Judea. 73Cesó la guerra en Israel, y Jonatán estableció su residencia en Majmas, donde comenzó a gobernar al pueblo y exterminar a los impíos de Israel.
Escuchar el Capítulo 9
22 Estas palabras nos dan una idea de la que el autor sagrado tenía del gran héroe de la libertad nacional. Jonatán, que le sucede, después de un desastre, se ve forzado a ir poco a poco organizando sus fuerzas, para proseguir la lucha.(Volver a Lectura).
Prosperidad de Jonatán con ocasión de la guerra civil siria
10 1El año 160, Alejandro, hijo de Antíoco Epífanes, se alzó en armas y se apoderó de Tolemaida, siendo bien acogido y reconocido como rey. 2Informado de ello el rey Demetrio, juntó muchas tropas y salió a campaña contra él. 3Al mismo tiempo envió Demetrio a Jonatán cartas amistosas, con promesas de engrandecimiento, 4porque se decía: «Apresurémonos a hacer las paces con él, antes que las haga con Alejandro contra nosotros, 5acordándose de todos los males que le hemos hecho a él, a sus hermanos y a su pueblo».
6Le dio autoridad para juntar ejército, fabricar armas, le prometió que le contaría entre sus aliados, y le devolvería los rehenes que tenía en la ciudadela.
7Vino Jonatán a Jerusalén y leyó las cartas en presencia del pueblo y de los que se hallaban en la ciudadela. 8Un gran temor se apoderó de todos cuantos oyeron que el rey le daba autoridad para juntar ejército. 9Los de la ciudadela le devolvieron los rehenes, que él entregó luego a los parientes de éstos; 10y estableciendo su residencia en Jerusalén, comenzó luego a restaurarla y renovarla. 11Mandó a los obreros construir los muros y rodear el monte de Sión de un muro de sillares, para mayor fortaleza, como se hizo. 12Huyeron todos los extranjeros que había en la fortaleza edificada por Báquides, 13y abandonó cada uno el lugar en que vivía, para irse a su propia tierra. 14Sólo en Betsur quedaron algunos de los que habían abandonado la ley y los preceptos, porque les servía de refugio.
15Pero al saber el rey Alejandro las promesas que Demetrio había hecho a Jonatán, y asimismo las guerras, las hazañas que éste y sus hermanos habían realizado y los trabajos que habían pasado, 17se dijo: «¿Podremos encontrar otro hombre como éste? Hagámonos su amigo y aliado». Y le escribió una carta, cuyo tenor era el siguiente:
18El rey Alejandro, a nuestro hermano Jonatán, salud. 19Hemos oído de ti que eres hombre de valor, y muy digno de ser amigo nuestro. 20Hoy te constituimos, pues, sumo sacerdote de tu nación, y te concedemos el título de amigo del rey —y le envió un vestido de púrpura y una corona de oro— para que mires por nuestros negocios y guardes nuestra amistad.
21Vistióse Jonatán la túnica santa en el mes séptimo del año 160, en la fiesta de los tabernáculos; alistó tropas y fabricó armas en gran cantidad. 22Oído esto por Demetrio, se entristeció mucho, y dijo: 23«¿Qué es lo que hemos hecho, que Alejandro se nos ha anticipado en hacer amistad con los judíos, para ganar su apoyo? 24Les escribiré yo con palabras persuasivas, ofreciéndoles ventajas y mercedes, para que se hagan auxiliares míos». 25Efectivamente, les envió una carta del tenor siguiente: «El rey Demetrio, al pueblo de los judíos, salud. 26Con gran alegría hemos sabido que os habéis mantenido fieles a nuestra alianza y habéis perseverado en nuestra amistad, y no os habéis unido a nuestros enemigos. 27Perseverad, pues, en vuestra fidelidad a nosotros, y os recompensaremos con grandes mercedes por lo que hiciereis en favor nuestro. 28Os condonaremos las deudas y os haremos muchos obsequios. 29Desde luego declaro a todos los judíos exentos de tributos y del impuesto de la sal, y del tributo de las coronas. 30El tercio de la cosecha y la mitad de la de los árboles frutales, que a mí me toca percibir, renuncio de hoy en adelante a percibirlo en la tierra de Judá y en los tres distritos a ella anejos, tomados de Samaría y de Galilea, desde hoy para siempre. 31Jerusalén será ciudad santa y exenta, igual que su territorio, de diezmos y tributos. 32Renuncio también a la autoridad sobre la ciudadela de Jerusalén, y hago de ella entrega al sumo sacerdote, que pondrá allí los hombres que él escogiere, para su guarnición. 33Todos los judíos que hayan sido llevados cautivos de tierra de Judá a cualquier parte de mi reino, los doy por libres gratuitamente, y todos quedarán exentos de tributos, aun de los de ganados. 34Todas las fiestas, los sábados, las neomenias, los días señalados y los tres días que preceden y siguen a las fiestas, serán días de exención y de franquicia para todos los judíos de mi reino. 35Nadie tendrá autoridad para intentar contra ellos acción judicial, ni molestarlos en cualquier negocio. 36De los judíos serán incorporados al ejército del rey hasta treinta mil hombres, dándoseles el sueldo como a todas las demás tropas del rey, 37y de ellos serán puestos en las grandes fortalezas del rey, y asimismo nombrados para los negocios del reino que exigen confianza. De ellos serán sus jefes y vivirán según sus leyes, como lo ha dispuesto el rey en la tierra de Judá. 38Y los tres distritos tomados a las regiones de Samaría e incorporados a Judea, lo serán de modo que formen una sola circunscripción y no obedezcan a otra autoridad que a la del sumo sacerdote. 39De Tolemaida y su distrito hago obsequio al santuario de Jerusalén, para sufragar los gastos del mismo. 40Doy cada año quince mil siclos de plata, pagaderos de los derechos del rey en los lugares que nos pertenecen. 41Todo el sobrante que los empleados del fisco no hayan entregado, como en los años anteriores, desde ahora lo destino a las obras del templo. 42Y los cinco mil siclos de plata que cada año percibíamos de los tributos del templo, también los condonamos, y se los damos a los sacerdotes que ejercen las funciones sagradas. 43Cuantos se acojan al templo de Jerusalén y a todo su recinto, deudores de los impuestos reales o de cualquier otra deuda, quedarán libres, y también cuanto tengan en mi reino. 44Los gastos para edificar y restaurar el templo serán pagados de la hacienda real.
45Los gastos para la edificación de los muros de Jerusalén y las fortificaciones de su recinto correrán también por cuenta del rey, y asimismo la edificación de las murallas en Judea».
46Cuando Jonatán y el pueblo oyeron estas palabras, no las creyeron ni las aceptaron, acordándose de los grandes males que había causado en Israel y cuánto los había atribulado, 47y se decidieron en favor de Alejandro, que les había hecho proposiciones de paz, y así le prestaron auxilio todo el tiempo.
48Reunió el rey Alejandro grandes fuerzas, y asentó su campo enfrente del de Demetrio. 49Trabaron la batalla los dos reyes, y huyó el ejército de Demetrio, perseguido por Alejandro, que quedó vencedor. 50La batalla fue encarnizada y duró hasta la puesta del sol, cayendo en aquel día el rey Demetrio.
51Después de esto, Alejandro envió mensajeros a Tolomeo, rey de Egipto, diciéndole: 52«Vuelto a mi reino, he logrado sentarme en el trono de mis padres y recobrar el gobierno, después de derrotar a Demetrio y apoderarme de nuestra tierra. 53Trabada batalla con él, fue vencido él y su ejército, y nos hemos sentado en el trono de su reino. 54Hagamos, pues, alianza; dame tu hija por mujer, y seré tu yerno, y tanto a ti como a ella os haré presentes dignos de ti».
55El rey Tolomeo le respondió diciendo: «Dichoso el día en que has vuelto a la tierra de tus padres y te sentaste en el trono real. 56Con gusto haré lo que me dices. Ven a mi encuentro a Tolemaida, para que nos veamos y te haga yerno mío, según deseas».
57Partió de Egipto Tolomeo con su hija Cleopatra, y llegaron a Tolemaida el año 162. 58El rey Alejandro le salió al encuentro, Tolomeo le dio su hija Cleopatra, y celebraron en Tolemaida las bodas con gran magnificencia, como de reyes. 59El rey Alejandro escribió a Jonatán que viniese a su encuentro. 60Vino con grande pompa a Tolemaida, se entrevistó con los dos reyes, y les hizo obsequios de oro y plata; también a sus cortesanos hizo muchos regalos, ganándose con ellos su favor. 61Vinieron apóstatas, mandados de Israel, para acusarle, pero el rey no los atendió, 62antes mandó quitar a Jonatán sus vestidos y vestirle de púrpura, como se hizo. Le sentó el rey a su lado, 63y dijo a sus grandes: «Salid con él por medio de la ciudad, y pregonad que nadie se atreva a acusarle sobre ningún negocio y que nadie por ninguna causa le moleste». 64Y cuando sus acusadores vieron los honores públicos que se le hacían y le vieron vestido de púrpura, huyeron todos. 65Le honró mucho el rey y le inscribió en el número de sus primeros amigos, y le nombró general y gobernador de provincia. 66Después de lo cual volvió Jonatán a Jerusalén, en paz y contento.
67El año 165 Demetrio, hijo de Demetrio, vino de Creta a la tierra de sus padres. 68En cuanto Alejandro lo supo, volvió a Antioquía muy contrariado. 69Demetrio confirmó por gobernador de la Celesiria a Apolonio, que juntó un poderoso ejército, y vino a acampar en Jamnia, desde donde envió recado a Jonatán, diciéndole: 70«¿Vas a ser tú el único que te levantes contra nosotros, y voy a ser yo objeto de risa y burla por causa tuya? ¿Por qué presumes hacerte fuerte en los montes contra nosotros? 71Si tanto confías en tus fuerzas, desciende al llano y midamos las armas, que conmigo está la fuerza. 72Pregunta y sabrás quién soy yo y quiénes los que me prestan auxilio, los cuales dicen que no podrás mantenerte a pie firme ante nosotros, y que por dos veces fueron vencidos tus padres en esta tierra. 73No podrás sostener el empuje de mi caballería y de mi ejército en campo abierto, donde no hay piedras, ni guijarros, ni lugar adonde huir».
74Cuando Jonatán oyó las bravatas de Apolonio, se llenó de indignación; y escogiendo diez mil hombres, salió de Jerusalén, llevando consigo a Simón, su hermano. 75Acampó frente a Jope, que le cerró las puertas, porque había en ella una guarnición de Apolonio. Pero la atacaron 76y atemorizados los ciudadanos, le abrieron las puertas, quedando Jonatán dueño de Jope.
77Así que Apolonio tuvo noticia del suceso, sacó al campo tres mil caballos y una poderosa fuerza de infantería, 78y siguió el camino de Azoto, fingiendo pasar de largo frente a Jope, pero se volvió en seguida a la llanura, muy confiado en la numerosa caballería que tenía. Jonatán salió contra él hacia Azoto, y se trabó la lucha. 79Apolonio había dejado emboscados mil caballos. 80Supo Jonatán la asechanza que detrás de sí tenía, y aunque unos y otros cercaron el campo y estuvieron lanzando flechas contra el pueblo desde la mañana hasta la noche, 81el pueblo se mantuvo firme, según las órdenes de Jonatán, hasta que la caballería se fatigó. 82Luego movió Simón sus fuerzas y atacó a la falange, y como la caballería estaba ya agotada, los derrotaron y pusieron en fuga. 83La caballería se dispersó por la llanura, huyendo hacia Azoto, y se refugiaron en el templo de Dagón, su ídolo, para salvarse. 84Jonatán prendió fuego a Azoto y a las ciudades cercanas, se apoderó de sus despojos, y dio a las llamas el templo de Dagón, abrasando a los que en él se habían refugiado. 85El número de los que perecieron por la espada y por el incendio subió a ocho mil.
86De allí levantó el campo Jonatán y se vino hacia Ascalón, cuyos moradores salieron a recibirle con gran honor. 87Jonatán se volvió a Jerusalén con los suyos, cargados de despojos. 88Cuando estos sucesos llegaron a oídos del rey Alejandro, concedió nuevos honores a Jonatán, 89le envió la fíbula de oro, como es costumbre darles a los parientes de los reyes, y le dio Acarón con todos sus términos en posesión.
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89 Si Jonatán no igualó a Judas como guerrero, sin duda que le aventajó como diplomático, sabiendo aprovecharse bien de la guerra civil que estalló en Siria.(Volver a Lectura).