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Isaías

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Isaías

1. Isaías, el primero de los profetas mayores, nos cuenta en el capítulo 6 su vocación al ministerio profético, que tuvo lugar el año en que murió el rey Ozías. Desempeñó su misión durante los tres siguientes reinados, de Joatán, Ajaz y Ezequías (1,1). No tenemos, en el extenso libro de los vaticinios de Isaías, ninguno que haga expresa mención de Joatán, aunque bien se pueden atribuir a su tiempo los primeros capítulos, 1 a 5. De la época de Ajaz es, sin duda, el libro del Emmanuel, 7 a 12, y de la de Ezequías los capítulos 36 a 39. Como la cronología de estos reyes es algo incierta, y el libro del profeta contiene pocos datos cronológicos, no podemos fijar con certeza el tiempo del comienzo ni del fin, dr su ministerio. Sólo podemos asegurar que empezó antes del 734, año de la guerra siroefraimita contra Ajaz (7, 1). La tradición judía asegura que murió asesinado por el rey Manasés, bien entrado yá el siglo VII, y, por consiguiente, cuando el profeta era ya muy anciano.

2. Al llamarle el Señor a profetizar, le confiere una gravísima misión: Reducir al pueblo de Judá a la obediencia, y previendo que no habrían de escucharle, anunciarle que su endurecimiento en la maldad había de atraerle el castigo de Dios «hasta que las ciudades queden devastadas y sin habitantes, la tierra saqueada y desierta, y que la soledad sea grande en toda la tierra (6, 11). A esto se ajustan las conminaciones de los primeros capítulos, en que reprende al pueblo por su falsa piedad, su inmoralidad y su soberbia. Lo mismo hace después contra Ajaz, por su incredulidad con ocasión de la guerra siroefraimita (734), en los capítulos 7 a 12, aunque todas estas conminaciones vayan seguidas de las más hermosas promesas mesiánicas (1,24ss; 2,2ss; 8,23-9, 6; 11,1ss). En los capítulos 36 a 39 le vemos intervenir en los graves negocios que suscitaba la invasión de Senaquerib (701), alentando a Ezequías y vaticinando la salud de Jeruealén, la ruina del invasor, y más tarde la curación de Ezequias. Aunque no conste ex-presamente, ni por los escritos del profeta, ni por los libros históricos, no pode-mos dudar de que Isaías haya tenido gran parle en la reforma religiosa lle-vada a cabo por Ezequias.

3. Con qué espíritu y elocuencia haya cumplido Isaías su misión, nos lo dicen sus oráculos, tan densos de pensamiento, de tan elevada y vehemente expresión, tan variados por los temas que trata. Basta para convencerse de esto leer el primer discurso, en que reprende al pueblo por su ingratitud hacia Dios (1, 2-27); las amenazas contra Asur (10,5-19); el oráculo contra Tiro (23); las conminaciones contra Efraím (28); la réplica a los embajadores asirios (37,22-35), y sus muchos vaticinios mesiánicos, por los cuales mereció ser llamado el profeta evangelista.

4. Igual que los libros de los otros profetas, el de Isaías no tiene unidad de plan; en él se destacan ciertos grupos, como los vaticinios del Emmanuel(7-12), los oráculos contra las naciones (13-23), el apocalipsis (24-27), los capítulos histórico proféticos relativos a la invasión asiría (36-38), y finalmente, la última parte, dedicada a la restauración.
Es propio y singular de algunos capítulos de Isaías (13, 1-14, 23; 21, 1-10) y especialmente de toda la segunda parte (40-66) que el profeta aparezca como viviendo y moviéndose en época muy posterior a la suya, en la que inmediatamente precede a la vuelta de la cautividad. En esto se distinguen los capítulos citados y toda la segunda parte del resto de la obra y del modo ordinario de presentar sus profecías los otros profetas.
En este hecho singular pretenden apoyarse algunos para negar a Isaías la paternidad de esas partes, pero la C. P. Bíblica declara que ni ésta ni otras razones de índole principalmente literaria que aducen esos críticos son suficientes para negar su autenticidad.
He aquí sus respuestas: III. Si los profetas que anuncian cosas futuras se han de dirigir siempre a sus coetáneos, a aquellos que las pudieran entender, y por tanto, si la segunda parte de Isaías (XL-LXVI), en que el profeta no habla a los judíos, sus contemporáneos, sino a los que lloraban en el destierro, como presente entre ellos, no puede ser de Isaías, desde mucho tiempo muerto, sino de un autor desconocido, que vivía entre los desterrados. La respuesta es negativa. IV. Si el argumento tomado de la lengua y el estilo es de tal peso que fuerce a un perito de la lengua hebrea a admitir pluralidad de autores en el libro de Isaías. La respuesta es también negativa. V. Si todos los argumentos aducidos, tomados en globo, son suficientes para probar que el libro de Isaías no es sólo del profeta, sino de dos o más autores.La respuesta es siempre negativa.

SUMARIO


Vanidad del culto exterior sin la santidad interior

1 1Vsión que Isaías, hijo de Amós, tuvo acerca de Judá y Jerusalén, en tiempos de Ozías, Joatam, Ajaz y Ezequías, reyes de Judá.
2¡Oíd, cielos; escucha, tierra! ¡Que habla Yavé! Yo he criado hijos y los he engrandecido, y ellos se han rebelado contra mí.
3Conoce el buey a su dueño, y el asno el pesebre de su amo; pero Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento.
4¡Oh gente pecadora, pueblo cargado de iniquidad, raza malvada, de Israel, le han vuelto las espaldas.
5¿A qué castigaros todavía, si todavía os habréis de rebelar? Toda la cabeza está enferma; el corazón, todo malo. 6Desde la planta de los pies hasta la cabeza, no hay en él nada sano. Heridas, hinchazones, llagas podridas, ni curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite.
7Vuestra tierra está devastada, , vuestras ciudades quemadas; a vuestros ojos los extranjeros devoran vuestra tierra, asolada con asolación de enemigos.
8Ha quedado Sión como una cabaña de viña, como choza de melonar, como ciudad asolada.
9Si Yavé Sebaot no nos hubiera dejado un resto, seríamos ya como Sodoma, nos asemejaríamos a Gomorra.
10Oíd la palabra de Yavé, príncipes de Sodoma. Escucha la doctrina de nuestro Dios, pueblo de Gomorra.
11¿A mí qué la muchedumbre de vuestros sacrificios?, dice Yavé. Harto estoy de holocaustos de carneros, del sebo de vuestros bueyes cebados, no quiero sangre de toros ni de ovejas ni de machos cabríos. 12¿Quién os pide esto a vosotros, cuando venís a presentaros ante mí, hollando mis atrios?
13 No me traigáis más vanas ofrendas. El incienso me es abominable, neomenias, sábados, fiestas solemnes; las fiestas con crimen me son insoportables. 14Detesto vuestras neomenias y vuestras festividades me son pesadas, estoy cansado de soportarlas.
15Cuando alzáis vuestras manos, yo cierro mis ojos; cuando hacéis vuestras muchas plegarias, no escucho. Vuestras manos están llenas de sangre. 16Lavaos, limpiaos, quitad de ante mis ojos la iniquidad de vuestras acciones. Dejad de hacer el mal.

17Aprended a hacer el bien, buscad lo justo, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda.


Invitación a la conversión

18Venid y entendámonos, dice Yavé: Aunque vuestros pecados fuesen como la grana, quedarían como la nieve. Aunque fuesen rojos como la púrpura, vendrán a ser como lana blanca.
19Si vosotros queréis, si sois dóciles, comeréis los bienes de la tierra. 20Si no queréis y os rebeláis, seréis devorados por la espada. Lo dice la boca de Yavé.
21¿Cómo te has prostituido, ciudad fiel, llena de justicia? Antes habitaba en ella la justicia, ahora el homicidio. 22Tu plata se ha tornado escoria, tu vino puro se ha aguado. 23Tus príncipes son prevaricadores, compañeros de bandidos. Todos aman las dádivas y van tras los presentes, no hacen justicia al huérfano, ni tiene a ellos acceso la causa de la viuda.
24Por eso dice el Señor, Yavé Sebaot, el Fuerte de Israel: Voy a tomar venganza de mis enemigos, voy a pedir satisfacción a mis adversarios.


Castigo de los pecadores; salvación de un resto

25Y tenderé mi mano sobre ti, y purificaré en la hornaza tus escorias, y separaré el metal impuro. 28Y restituiré tus jueces como eran antes y a tus consejeros como al principio. Y te llamarán entonces ciudad dé justicia, ciudad fiel. 27Y Sión será redimida por la rectitud, y los conversos de ella, por la justicia.
28Los rebeldes, los pecadores, todos a una serán quebrantados; los desertores de Yavé serán aniquilados. 29Entonces se avergonzarán de los terebintos que tanto estiman, y de los bosques en que se deleitan, 30y serán como terebinto despojado de su follaje, y como jardín que carece de agua. 31Y su poderío será como estopa y su obra como centella, y arderán ambos juntamente, sin que nadie pueda apagar el fuego.


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  • 1 Este primer oráculo del profeta es uno de sus más elocuentes discursos, en que reprende la falsa devoción de Judá y nos declara a la vez cuál es la religión que a Dios agrada, la que sea reflejo de su santidad.(Volver a Lectura).




Gloria del Israel mesiánico

2 1Lo que vió Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y Jerusalén.
2Pero sucederá a lo postrero de los tiempos, que el monte de la casa de Yavé será confirmado por cabeza de los montes, y será ensalzado sobre los collados, y correrán a Él todas las gentes, 3y vendrán muchedumbres de pueblos, diciendo: Venid, subamos al monte de Yavé, a la casa del Dios de Jacob, y él nos enseñará sus caminos, y nosotros iremos por sus sendas, porque de Sión ha de salir la ley y de Jerusalén la palabra de Yavé. 4Él juzgará a las gentes y dictará sus leyes a numerosos pueblos, y de sus espadas harán rejas de arado, y de sus lanzas, hoces. No alzarán la espada gente contra gente, ni se ejercitarán en la guerra. 5Venid, ¡oh casa de Jacob!, y caminemos a la luz de Yavé.
6Pues ciertamente has rechazado a tu pueblo, a la casa de Jacob, por estar llena de adivinos y hechiceros, como los filisteos, y haber pactado con los extranjeros. 7Su tierra está llena de plata y de oro, sus tesoros no tienen fin, llena de caballos y carros sin número. 8Está su tierra llena de ídolos, se prosternan ante la obra de sus manos, ante lo que sus dedos fabricaron.

9Todo hombre será derribado, todo mortal humillado, no los perdonarás. 10Meteos en los escondrijos de las peñas, escondeos en el polvo,ante la presencia aterradora de Yavé, ante el fulgor de su majestad, cuando venga a castigar a la tierra. 11Entonces serán abatidas las altivas frentes de los hombres, será humillada la soberbia humana, y sólo Yavé será exaltado aquel día. 12Porque llegará el día de Yavé Sebaot, sobre todos los altivos y soberbios, sobre cuantos se ensalzan, para humillarlos; 13sobre los altos y erguidos cedros del Líbano, sobre las robustas encinas de Basán, 14sobre los montes soberbios y sobrelos altos collados, 15sobre las altas torres y sobre las fuertes murallas, 16sobre las naves de Tarsis y sobre todo lo bello a los ojos, 17y será abatida la altivez del hombre, y la soberbia humana humillada, 18y sólo Yavé se exaltará aquel día. y desaparecerán todos los ídolos.
18Meteos en los escondrijos de las peñas, escondeos en el polvo, ante la presencia aterradora de Yavé, ante el fulgor de su majestad, cuando venga a castigar a la tierra. 20Aquel día arrojará el hombre entre topos y murciélagos, sus ídolos de plata y sus ídolos de oro, que se hizo para adorarlos, 21y se meterá en las hendiduras de las peñas y en las cavernas de las rocas, ante la presencia aterradora de Yavé y ante el fulgor de su majestad, cuando venga a castigar a la tierra. 22Cesad de apoyaros sobre el hombre, cuya vida es un soplo. ¿Qué estima podéis tener de él?


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  • 2 Justifica la transposición de este hermoso oráculo mesiánico la regla general que veremos observada en nuestro profeta y en los demás, de dar las esperanzas mesiánicas después de las amenazas y los castigos. Jerusalén es constituida foco de luz. centro de la religión divina, y las naciones atraídas hacia ella, corren deseosas de disfrutar de tanta dicha en la paz de Yavé. que será el Rey y Juez de todos.(Volver a Lectura).